Jeep Grand Cherokee Trackhawk, puro músculo
De la increíble mutación entre un Dodge Challenger Hellcat y la Jeep Grand Cherokee surgió una raza especial que se identifica con el nombre de Trackhawk, una camioneta más poderosa que las variantes de Lamborghini, Porsche y Bentley

CIUDAD DE MÉXICO.
John Emerich Edward Dalberg-Acton fue un historiador y político inglés que trascendió a su tiempo por aquel célebre aforismo que perdura hasta nuestros días: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Con la sangre agolpada en el pecho y el corazón a punto abandonar nuestro cuerpo, esa idea taladra nuestra cabeza, resultado de la experiencia que acabamos de vivir a bordo de la ejecución más disruptiva y poderosa que jamás se haya hecho de una Grand Cherokee: la Trackhawk.
Y es que, nunca antes una marca se había atrevido a colocar un motor tan salvaje bajo el cofre de una camioneta, orientado completamente a hacer de ésta un auténtico vehículo deportivo. 707 caballos de fuerza se dicen fácil, pero requieren de un complejo y sofisticado esfuerzo, para ponerlos en el asfalto, y Jeep lo logró.
El pulgar hacia arriba nos indicó la salida y, con el acelerador a fondo, de inmediato sentimos cómo nuestra nuca se pegaba a la cabecera, forrada en piel. Gracias a las asistencias electrónicas nos fue posible, sin grandes esfuerzos, controlar todo ese poder y salir bien librados de una serie de ejercicios en los que la Trackhawk, soberbia, nos demostró sus capacidades dinámicas y el aplomo con el que es capaz de enfrentar una pista.
Para arrancar con la máxima aceleración esta belleza americana cuenta con la función Launch-Control, que lleva la capacidad de traccionar a su máxima expresión. Los ingenieros de Jeep utilizaron la tecnología Quatra-Trac con diferencial trasero de tipo autoblocante y una caja de transferencia de una sola velocidad, que utiliza engranajes de cadena de acero forjado y una cadena más ancha que el resto de la gama. Es más fácil morir de un infarto que romper esta maquinaria.
El ímpetu de este poderoso bloque, junto con el resto de la mecánica, cigüeñal, pistones y bielas, entre otros componentes, fueron reforzados para soportar un régimen que, más que de auto de producción en serie, es de un bólido de carreras.

BIENVENIDA A MÉXICO
Con la consigna de poner a prueba todo el arsenal con el que esta obra de la ingenería cruzó el Río Bravo, tomamos la autopista México-Puebla, sorprendidos, en pocos minutos nos percatamos que la Trackhawk también puede ser civilizada pues, a pesar de su apariencia, musculosa y atlética orientada a canalizar el aire a su favor, su conducción resultó ser muy amigable para el uso diario, en parte gracias al esquema de suspensión, cuya rigidez, indispensable para mantenerse pegada al piso cuando comienza a correr, no atenta en contra del confort.
Nos desviamos de la ruta para tomar la carretera federal que desemboca en Río Frío, llena de todo tipo de curvas, ascensos y descensos justo a las seis y media de la mañana.
Cambiamos a modo Sport, colocamos la transmisión automática de ocho velocidades en modo manual, respiramos profundo y otra vez atacamos el acelerador, hasta el fondo.
¡El empuje es infernal! Abrúptamente el silencio fue violentamente perturbado por el estruendo que produce un Hemi V8 6.2 litros supercargado, por fortuna la transmisión cuenta con la función TorqueFlit, la cual permite encausar el torrente de poder que suponen las 645 libras-pie de torque que provocan un impulso único en la industria automotriz.

Algunos de los componentes del motor recibieron un tratamiento térmico de endurecimiento superficial mediante inducción y revestimiento de carbono diamantado, para garantizar que son a prueba de todo.
La aguja del cuentarrevoluciones sube y baja enérgicamente desde la zona media hasta el corte de inyección, por ahí de las 8,000 revoluciones, con cada cambio de marcha que ejecutamos a través de las palancas ubicadas tras el volante.
Recargamos el pie con determinación sobre el pedal del freno, para enfrentar la primera curva cerrada a la izquierda, mientras bajamos un par de marchas; el tacto de los frenos es suave y la respuesta es instantánea.
Superamos la curva y pisamos nuevamente el acelerador, la furia del motor es tal que evapora los 2,433 kilogramos que la Trackhawk registra en la báscula, como si estos fueran una ligera pluma.
La deliciosa precisión de la dirección trabaja en conjunto con una suspensión regulable, desarrollada por Bilstein, y permite comunicar con claridad lo que sucede debajo de las ruedas. El trabajo es impecable y sirve para guiar a un eje delantero calzado con rines de titanio de 20 pulgadas, montados sobre unas pegajosas gomas Pirelli Pzero Scorpion. Resulta increíble que una camioneta de 4.850 metros de largo, 1.950 de ancho y 1.750 de alto sea tan ágil y capaz de adaptarse a las cambiantes condiciones del camino, una cortesía de la tracción integral que pone en alto el nombre de Jeep.
Este bólido se frena tan bien como despega, gracias a un sistema desarrollado por Brembo, con discos de 400 milímetros de diámetro al frente y 350 atrás, mordidos por cálipers de seis y cuatro pistones respectivamente, que lucieron incansables mientras pisábamos el acelerador sin piedad. Un tramo que habitualmente recorremos en 35 minutos, lo realizamos en 21, con la adrenalina de estar al mando de un máquina de este calibre.
El soporte que ofrecen los asientos deportivos es fantástico y evita que el cuerpo se traslade de un lado a otro a consecuencia de las fuerzas laterales.

El interior presume una pantalla táctil de 8.4 para proyectar información sobre las prestaciones del coche, calefacción para todos los asientos y la ventilación para los delanteros, cuero y sonido Harman Kardon.
Pero cuando encienden la luz y es hora de ir a casa, los terrenos que podemos encontrarnos fuera de la pista es posible enfrentarlos con cinco modos de conducción posibles: Auto, Sport, Track, Snow y Tow.
Desde luego el consumo de combustible ni siquiera fue medianamente moderado, pues de los 7. 44 km/l que dicta la ficha técnica de la Grand Cherokee Trackhawk, apenas y logramos superar 5 km/l, pero estos han sido algunos de los mejores litros de gasolina que mejor hemos quemado en nuestra vida.
Sin embargo, no era para menos, pues ninguna otra camioneta en el planeta puede presumir la potencia de esta Grand Cherokee con alma de Hellcat, sin importar que sea de Lamborghini, Bentley, Tesla o Porsche. Querida Grand Cherokee Trackhawk, no te queremos por cómo eres, te queremos por cómo somos cuando estamos contigo.
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