Howie Roseman, el arquitecto rebelde de Eagles
El reciente éxito de Filadelfia fue orquestado por el gerente general que inició como pasante en la NFL.

Cuando Howie Roseman llegó a la National Football League (NFL), ni siquiera tenía una silla propia. Era un pasante sin sueldo, un insistente que nadie tomaba en serio. No tenía un apellido ilustre ni había jugado un sólo down en la universidad. No venía de una dinastía de entrenadores ni era un genio estratégico. Su mayor habilidad era una: no aceptar un no por respuesta.
Gracias a su persistencia tenaz, consiguió convencer a la organización de Eagles de Filadelfia de abrirle la puerta y con el correr de los años darle las llaves de todo el edificio.
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El domingo pasado, parado sobre el campo sintético del Caesars Superdome de Nueva Orleans, con confeti verde cayendo del techo y el trofeo Vince Lombardi en sus manos, Roseman poco sonreía. No es su estilo. No es un ejecutivo que disfrutará el sabor de la victoria por semanas. Howie es un arquitecto que, aún con el plano de su obra maestra completo, ya está pensando en la siguiente adecuación del equipo.
Siendo un niño en Brooklyn, Roseman se obsesionó con el futbol americano. No con jugarlo como la mayoría de sus amigos, sino con entenderlo. Mientras otros jóvenes de su edad dormían, él leía contratos y analizaba cómo los equipos se armaban y desarmaban. Su sueño no era lanzar un pase de 50 yardas ni anotar un touchdown. Su mayor anhelo era construir una dinastía.
TOCÓ MUCHAS PUERTAS EN LA NFL SIN RESPUESTA
Pero nadie le abrió la puerta. Así que empezó a tocar. Mandó cartas a cada equipo de la NFL. Todas ignoradas. Volvió a mandarlas. Nada. Siguió insistiendo. Hasta que un día, en 2000, Eagles cedió. “Ven, pero no te pagaremos”, le dijeron. Roseman no lo dudó. Empacó sus cosas y se lanzó al vacío.
En una liga dominada por exjugadores y entrenadores reciclados, Roseman era un bicho raro. Un abogado, un burócrata, un chico de los números. Pero tenía una ventaja: entendía el juego como un ingeniero ve una estructura. No sólo veía atletas, veía engranajes. Veía cómo una buena línea ofensiva podía hacer que un quarterback promedio pareciera una estrella. Veía cómo un safety veterano podía darle orden a una defensa.
En 2010, tras años de cargar cafés y absorber cada conversación en los pasillos, se convirtió en el gerente general de Eagles. Un milagro en sí mismo y para el sistema pues lo hizo a los 30 años. Pero la NFL no perdona y, en 2015, lo exiliaron de su propio equipo. Chip Kelly, un entrenador que se creía un genio, le arrebató el poder. Cualquier otro se habría ido. Roseman no. Se quedó. Aprendió. Y esperó su momento.
Un año después, cuando Kelly se estrelló contra su propia arrogancia, Roseman recuperó su oficina. Y comenzó su obra maestra.
En 2017, mientras la NFL seguía buscando a su próximo Tom Brady, Roseman apostó por otra fórmula: fuerza bruta. Construyó un equipo con la mejor línea ofensiva de la liga, una defensa que pegaba como un tren de carga y un entrenador, Doug Pederson, que no tenía miedo de desafiar el manual tradicional.
Y cuando su quarterback titular, Carson Wentz, se rompió la rodilla en la recta final de la campaña, Roseman no entró en pánico. No buscó un salvador externo. Confió en sus hombres. Y con un pasador suplente, Nick Foles, Eagles destronó Patriots para ganar el primer Super Bowl en la historia de la franquicia.
Para cualquier otro, esto habría sido el final perfecto. Para Roseman, era sólo parte del camino.
El Lombardi de 2017 no convirtió a Eagles en una dinastía. Se desmoronaron rápido. Wentz se perdió en su propia cabeza, Pederson perdió el control y Filadelfia tocó fondo.
En 2021, en medio del caos, eligió a Jalen Hurts, un quarterback que la mayoría de los expertos consideraban un error. También contrató a Nick Sirianni, un coach del que nadie había oído hablar. Las críticas lo destrozaron.
En 2022, Eagles llegó al Super Bowl otra vez. Perdieron contra Patrick Mahomes, pero el mensaje estaba claro: Filadelfia había vuelto.
En 2024, reforzó la defensa con jugadores jóvenes, encontró veteranos que aún tenían gasolina en el tanque y blindó la ofensiva.
El resultado fue inevitable, Eagles regresó al Super Bowl y no fallaron esta vez. La defensa destrozó a Mahomes el pasado domingo. Hurts jugó como si toda su vida lo hubiera llevado a ese momento. Filadelfia se convirtió en una franquicia con múltiples títulos de Super Bowl.
Y ahí estaba Howie Roseman, un gerente general que empezó su carrera dentro de la liga sin un nombre y hoy puede presumir tener dos títulos de Super Bowl con dos diferentes quarterbacks y dos diferentes entrenadores, demostrando ser el arquitecto detrás del éxito.
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*mcam
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