El flag football mexicano será el rival a vencer en Los Ángeles 2028

Con dos títulos consecutivos en los World Games, la Selección Mexicana femenil de flag football se perfila como favorita en el estreno olímpico del deporte en Los Ángeles 2028

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Diana Flores, la quarterback de México, se ha convertido en el rostro mundial del flag football. (Conade)

El reloj marcaba tres segundos. El balón descansaba en la yarda cinco. La lógica indicaba que el juego estaba condenado a  a la frustración. Pero la lógica poco importa cuando se habla de la Selección Mexicana de flag football femenil. Diana Flores lanzó con precisión y Victoria Chávez atrapó el ovoide en la esquina de la zona de anotación. El touchdown selló un 26-20 sobre Estados Unidos en Chengdú y dio a México el bicampeonato de los World Games.

El desenlace no sólo entregó una medalla de oro. También ratificó una certeza: México llega a Los Ángeles 2028, cuando el flag debute en el programa olímpico, como el rival a vencer.

El partido en Chengdu,  China fue un compendio de tensiones. Estados Unidos había logrado lo que parecía la jugada definitiva con apenas medio minuto en el reloj. México, fiel a su estilo, se negó a aceptar el guion. Una falta defensiva mantuvo viva la serie, y la ofensiva viajó campo abajo con una eficacia desesperada.

El último envío de Flores rompió el equilibrio y dejó en claro que, en este deporte, la diferencia puede escribirse en segundos.

Fue un juego duro, con equivocaciones que debemos corregir, pero que demuestra la solidez de nuestro programa”, explicó César Barrera, presidente de la Federación Mexicana de Futbol Americano. “El triunfo es consecuencia de años de trabajo con ligas estatales, torneos nacionales y capacitación. Lo que vemos en la selección es el reflejo de una estructura amplia que empieza desde las categorías infantiles”.

La solidez no sólo se mide en trofeos. También en referentes. El triunfo en Chengdu consolidó a figuras que ya son espejos para miles de niñas que corren con banderolas en escuelas y parques como Diana Flores. 

Lo más importante es la inspiración que estas jugadoras transmiten. Son estudiantes, profesionistas, hijas ejemplares. Representan un modelo positivo dentro y fuera del campo, y eso es lo que más nos enorgullece”, añade Barrera.

La influencia mexicana ha trascendido fronteras. Estados Unidos, potencia histórica en futbol americano, adoptó recientemente competencias nacionales inspiradas en el sistema de detección y formación de talento que México lleva años puliendo. Al mismo tiempo, entrenadores tricolores han sido llamados por federaciones de otros países para replicar metodologías y liderar selecciones nacionales. El país que alguna vez importaba modelos hoy los exporta.

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Pero el bicampeonato no es un punto final. Es apenas el inicio de un calendario que ya está escrito con tinta olímpica. El equipo viajará pronto al Campeonato Continental de Panamá, donde se repartirán puntos vitales rumbo al Mundial de 2026 en Alemania. Ese torneo será la antesala de los Juegos Olímpicos y parte de un ciclo que se repetirá con continentales, mundiales y selectivos hasta desembocar en Los Ángeles.

Sabíamos desde hace años que el flag estaría en el programa olímpico y hemos trabajado para ello”, sostiene Barrera. “No pensamos en un triunfo aislado, pensamos en continuidad. Queremos que México no solo llegue bien a 2028, sino que se mantenga en la cima durante mucho tiempo”.

La experiencia en Chengdu regaló una postal difícil de olvidar: un estadio conteniendo el aliento, un envío flotando en el aire y un país entero celebrando al caer en las manos de Chávez. Esa jugada final no solo definió un campeonato: abrió la cuenta regresiva hacia Los Ángeles.

Porque en 2028 el mundo descubrirá el flag football en clave olímpica. Y México, con dos títulos consecutivos en los bolsillos, ya no es invitado: es el rival que todos querrán destronar.