La decisión de Trump sobre Irán

El mandatario quiso dejar correr el tiempo, no tanto para negociar, sino para ver las mejores opciones.

El ataque a Irán era inminente. Las rondas de negociaciones en Mascate y Ginebra estaban destinadas a terminar sin el resultado que esperaba Estados Unidos. Nada podía salvar al régimen iraní de un ataque preventivo o de una operación militar en su territorio. Las decisiones se habían tomado con los riesgos existentes.

Teherán sólo estaba ganando tiempo para poder retrasar cualquier acción militar en su contra. La presión se mezcló con diplomacia y amenazas. Pasaron semanas y nada se pudo concretar entre las delegaciones negociantes.

Ante esto, puedo decir que la noticia de este sábado es impactante para cualquiera; sin embargo, en lo personal, no me sorprende en lo más mínimo. Yo mismo pronostiqué en mi columna Globalística hace dos semanas atrás lo que se proyectaba en la región de Oriente Medio para los días posteriores. Estados Unidos estaba decidido a atacar, aunque eso significara una operación de semanas. El show del despliegue militar en el Mediterráneo, el golfo y en el mar Arábigo no era un blofeo. Se entiende que son las formas de Trump, pero esa demostración de fuerza era sí o sí determinante para realizar ataques directos contra Irán.

No veía yo al país más poderoso del mundo mover activos militares que cuestan cientos de millones de dólares al contribuyente estadunidense, posicionarlos en un modo agresivo, y no atacar al objetivo principal. Hubiera sido un gasto excesivo sin sentido. Asimismo, tengo la impresión de que Estados Unidos esperó de más. Pudo haber atacado la semana pasada y se hubiera dado el mismo resultado. Tal vez Donald Trump quiso dejar correr el tiempo, no tanto para negociar, sino para confundir a Irán, a la prensa y ver las mejores opciones que se le presentaban.

El mandatario estadunidense, como tal, no tenía la fe en que se llegaría a un acuerdo con Irán. Creo que nadie en Washington, realmente, tenía esperanza de una fructífera negociación.

Así pues, este sábado, Estados Unidos e Israel realizaron de manera conjunta dos operaciones militares contra Irán: Operación Furia Épica y Operación Rugido del León. Los objetivos de ambos se posicionaron en puntos militares, personalidades militares y gubernamentales. Entre ellas estaba el mismísimo líder supremo iraní, Alí Jamenei. La inteligencia de la CIA y el Mossad, al parecer, atinaron en las coordenadas de los perfiles buscados y los lugares fijados como blancos establecidos. Misiles balísticos y ataques precisos golpearon a la capital iraní, al norte, oeste y sur del país asiático. La nueva cúpula militar iraní fue asesinada. Israel y Estados Unidos atacaron con más de una veintena de misiles la residencia del ayatola Alí Jamenei en Teherán.

Civiles y funcionarios se cuentan como fallecidos. Se estima que más de 200 personas perdieron la vida en el primer día de ataques. Irán, por su parte, decidió responder de una manera muy natural. Distintas rondas de misiles balísticos se lanzaron no sólo contra Israel o los activos militares posicionados en la zona, sino también contra los países aliados de Estados Unidos en el Golfo y las bases militares estadunidenses establecidas en éstos.

El caos se veía venir.

No sólo es Estados Unidos o Israel. Es un tema regional. Es todo Oriente Medio. Irán se defiende causando destrozos en toda la región. Donald Trump sabía los costos y las consecuencias de su operación militar. Dio luz verde a un conflicto que podría durar semanas y contar con bajas en las filas atacantes.

Aunque mueran el ayatola Alí Jamenei y las principales cúpulas militares iraníes, me parece que el régimen autócrata islámico tratará de resistir con actos que causarán estragos dentro y fuera de su territorio. Teherán está vulnerable, pero tiene todavía capacidad militar para defenderse.

Considero que el régimen iraní podría colapsar en las próximas semanas sin que Estados Unidos tenga contemplado el futuro del país fuera del existente sello autócrata.

Ni China ni Rusia pueden salvar a Irán. No van a intervenir. La ONU tampoco puede hacer nada.

Por el momento, sólo nos queda esperar y ver cuánto durará la defensa iraní ante dos potencias militares que quieren derrocar al longevo régimen asiático.

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