El pilar de la Mannschaft; premio a la paciencia
El padre de Joachim Löw ayudó a reconstruir a Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Años más tarde, el cuarto hijo de un artesano, que de niño fue monaguillo, conquistó Rusia al ganar la Confederaciones 2017

CIUDAD DE MÉXICO.
Oachim Löw se toma seis cafés expresos diarios, dos tazas por cada tropiezo que tuvo con Alemania antes de ser campeón del Mundo y ganar la Copa Confederaciones. Usa crema hidratante en la cara, una de sus canciones favoritas es “Happy”, de Pharrell Williams, y en territorio teutón es criticado más por sus pantalones y camisas ajustadas que por su desempeño con el representativo nacional.
En su país existe el rumor de que se tiñe el pelo y conoció a Jürgen Klinsmann, el personaje que lo llevó a la selección de Alemania, en la Fábrica de Ideas, una popular escuela de entrenadores que está en la frontera de Suiza con Alemania. De esa academia es egresado, entre otros, Ottman Hitzfeld, extécnico del Bayern Múnich y actual entrenador de la selección de Suiza.
En 2004, dos años después de perder la final del Mundial de Japón y Corea ante Brasil, el futbol alemán estaba varado. La Mannschaft fue eliminada en la fase de grupos de la Eurocopa y entonces Klinsmann y Joachim Low, Joggy para los amigos, fueron los encargados de organizar el proyecto que pondría a Alemania de nuevo en la cima del balompié mundial.
Pidieron, exigieron que para recuperar la tradición de éxito del conjunto alemán se obligara a cada uno de los 36 equipos que juegan entre la Segunda y Primera División de la Bundesliga a invertir en fuerzas básicas.
Además, por cuenta propia, Klinsmann y Löw hicieron un viaje. Uno de los que recibió a los dos entrenadores alemanes fue César Luis Menotti, campeón con Argentina en 1978 y extécnico de Klinsmann en la Sampdoria de Italia. El vetusto sudamericano recuerda a Klinsmann y siempre se refiere a Löw como “el otro”, menos hablador y siempre calmado.
Los alemanes llegaron acá, creo que en 2005. A Klinsmann lo entrené en la Sampdoria y con él venía el otro (Joachim Löw). Lo tenían claro. Querían cambiar su discurso futbolístico y venían a ver cómo trabajamos el futbol asociativo en las inferiores y la captación de talento. Estuvimos charlando, le di nombres y se fueron a Brasil a entrevistarse con más gente”, recuerda Menotti.
Los dos alemanes vinieron a América en busca de la fórmula para hacer renacer el futbol de Alemania. La primera misión era ganar el Mundial que se organizaría en su casa, en 2006. En esa Copa del Mundo, Italia salió con el cetro en las manos y Klinsmann renunció. No quiso renovar argumentando un “desgaste excesivo”.
El sucesor estaba en el tipo que siempre lo acompañaba, en “el otro”, como lo llamaba Menotti, en el flaco auxiliar técnico que siempre hacía yoga en su tiempo libre y pasó casi 40 años casado.
Joggy, jugador discreto del Friburgo y el Karlsruher, ahora estaba al frente de una de las mejores selecciones del mundo.
Joggy recibió el mando de la Mannschaft y un salario de 3.6 millones de euros al año, además de la presión de terminar pronto con las dos décadas sin títulos para el combinado alemán. Se recordó que al Stuttgart lo llevó a ganar una Copa de Alemania en 1996 y también se señaló que en 1999 descendió con el Karlsruher. Löw inició una nueva era.
Hubo tres descalabros, que cada uno equivale a dos de las seis tazas de expresso que se toma por día Joggy. Perdió la final de la Eurocopa 2008, el torneo que era la presentación de Löw al frente de Alemania. Cayó en semifinales del Mundial de Sudafrica 2010 y tampoco tuvo éxito en la Eurocopa de Polonia y Ucrania de 2012. Aún así, se mantenía la tendencia positiva. No había planes de cambiar al técnico del equipo teutón. El proceso por encima de los resultados.
Cualquier crítica que se publique en Alemania no me influye a la hora de tomar las decisiones correctas”, dijo el entrenador Joachim Löw, previo al Mundial de Brasil 2014.
Löw viajó a Brasil con una Ipad, que tiene un programa capaz de analizar el rendimiento de cada uno de sus jugadores en tiempo real y cremas para el cuerpo.
Es la imagen de Nivea en su línea de productos para hombres y una petición para los organizadores: cada vez que Alemania regresara a su base en Campo Bahía, un complejo construido especialmente para el representativo teutón y que fue su refugio durante toda la Copa del Mundo 2014, tenía que sonar la canción “Happy” para celebrar las victorias.
Los países de América Latina has sido capaces de dominar hasta ahora en su tierra natal. ¿Y por qué no? Sería una alegría adicional para nosotros si somos capaces de ganar el título como los primeros europeos en suelo sudamericano”, amenazó antes de iniciar el torneo.
La composición del estadunidense Pharrel Williams sonó en seis ocasiones, el número de triunfos de Alemania en ese Mundial. Sin duda, además de la final, la victoria más recordada fue el humillante 7-1 sobre Brasil, el día que el equipo de Löw bailó al anfitrión.
El padre de Löw participó en la reconstrucción de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Años más tarde, el cuarto hijo de un artesano teutón, que en su niñez hizo de monaguillo, conquistó Rusia al ganar la Copa Confederaciones 2017 y es el pilar del renacimiento del balompié alemán.
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