“El orden en el futbol es una utopía”, entrevista a Paco Jémez
El estratega español va frase tras frase, sin hacer promesas. Comparte ideas, conceptos y los planes que tiene para
La Máquina

CIUDAD DE MÉXICO.
Para Paco Jémez (Las Palmas, 1970) el futbol es una cuestión de continuos riesgos; de órdenes y desórdenes, y no de utopías. Por eso, con el presupuesto más bajo de su categoría, el Rayo Vallecano llegó a ser el tercer equipo de Europa con mejor posesión del balón, detrás del Bayern y el Barcelona. Una labor que lo llevó a ser considerado para dirigir a la selección nacional, no sólo de España sino también de México.
Cuando se fue al Granada, Jémez no pudo hacer mucho: dos empates y cuatro derrotas, y tuvo que irse. Ahora, el reto es con Cruz Azul, en otra liga y otro continente, con todos los años sin título y sin calificar a liguilla. Mientras eso está ahí, Jémez prefiere que su labor sea la responsable de cualquier juicio.
¿Los hechos valen más que los resultados?
Sigo pensando lo mismo. Quiero que esas palabras se entiendan bien: son importantes los resultados, porque los entrenadores dependemos de ellos, pero entiendo que no a cualquier precio. Yo quiero conseguirlos de una determinada manera, que mis jugadores se merezcan todo lo que ocurre en un campo, y que luego, si el azar nos regala algo, que yo no creo mucho en esas cosas, lo aprovechemos.
¿Obsesivo o perfeccionista?
¿Perfeccionista? No. Creo que todos los extremos son malos. Soy muy detallista, entiendo que en muchos casos cuesta lo mismo hacer las cosas bien que mal. Pero huyo de la obsesión.
Después del Rayo, ¿qué hacer en un equipo grande?
Demostrar que podemos hacerlo mejor. Esto no es una cuestión de lo que la gente piensa que eres, sino de lo que ellos ven y tú demuestras. Es muy fácil decir: ‘Este jugador es grande’, o ‘aquel equipo es grande’, pero es una cuestión de demostración continua. Y nosotros después de nuestro pasado reciente, tenemos una asignatura que es la de demostrar. Demostrar que este equipo está a la altura de su afición y de su historia. No de palabra, ni creyendo que somos estrellas. Llevamos muchos años sin demostrar nada, así no puedes pretender que te traten como un equipo grande.
¿Miedo al fracaso?
En absoluto. No entiendo el no conseguir algo como un fracaso. Fracaso es, o no intentarlo o quedarte a medias. Cuando dejas el alma y dedicas todo lo que sabes, no es un problema de fracaso. Hay que diferenciar muchas veces ese hecho. No me considero un fracasado. Es una sensación que no quiero sentir nunca.
Con 19 años sin un título, ¿son maldiciones, fantasmas, o qué?
Tengo muchísimo respeto sobre todas la creencias. Yo no creo en fantasmas ni en maldiciones. Cuando no se hacen bien las cosas, no se consiguen resultados. Es verdad que cuando te pasan tantas cosas puedes utilizar alguna teoría, porque no tienes una explicación convincente de lo que pasa. Puedes pensar en la mala suerte, en supuestos fantasmas... Si algo nuevo quiero transmitir a los jugadores, y a toda la gente que nos rodea, es que es verdad que esos 19 años están ahí. Esos 19 años son inamovibles. Da igual lo que hagamos, eso está ahí y quedará para la historia. El gran mal de este equipo ha sido el estar mirando tanto para atrás, el estar autoflagelándose con el hecho de llevar 19 años sin conseguir un campeonato. Esa losa le está pesando muchísimo a toda la gente que pasa por aquí y yo quiero cambiar el enfoque, que se olviden de esos 19 años, de estos últimos cinco sin calificar, y que se centren en lo que vamos hacer de ahora en adelante, porque es lo único que podemos cambiar.
Cuando un técnico no logra convencer a sus jugadores de su idea, ¿qué opciones le quedan?
Marcharse.
¿Y en ese proceso, ha recibido respuesta de los jugadores?
Una gran respuesta. Estoy muy contento con ellos, me han demostrado una profesionalidad fuera de lo común. Si yo en algún momento viera que mi idea no llega y no convence, y que ellos no creen en mí, ésa sería la única razón por la que presentaría mi dimisión en el club. Si los jugadores no creen en mí, no hay ningún sentido para seguir trabajando con ellos. Tendré que coger las maletas, marcharme y que venga otra persona que sea capaz de convencerlos. Hasta ahora, eso no me ha ocurrido en ningún sitio. Pero si ocurre, tengo claro cuál es mi posición: dejar el club y marcharme.
Mejor morir con una flecha en el pecho...
Que con una clavada en el culo. En el pecho será porque fuiste a buscar al contrario y en el culo porque se lo has dado. Cada uno entiende el futbol y la vida de una determinada manera. Para mí, es de continuos riesgos. Muchas veces quieres que esos riesgos sean controlables, pero se te escapan de las manos. Prefiero eso al conservadurismo y la tristeza, a que alguna vez me reprochen que soy un entrenador cobarde.
¿La posesión del balón vale algo si no se hacen goles?
Sin progresión es incluso contraproducente. Es decir: mantener el balón mucho rato, en el mismo sitio, no vale nada en el futbol. Nosotros queremos la posesión, para llevarla al campo contrario y hacer goles. Si en algún momento a esa posesión le falta progresión, seguramente se nos va a volver en contra. El balón tiene que fluir, ocupar distintas zonas del campo, siempre con una finalidad: primero, no perderlo y segundo, buscar la portería contraria.
Rayo contra el Sevilla: Jémez marca a Maradona...
Tenía 19 años. Era mi primera temporada con el Rayo. Un día, apareció el Sevilla y Maradona. Pude estar junto a él, marcarle y competir. Yo, como jugador, era muy pesado. Tengo una anécdota del calentamiento: nosotros estábamos estirando en el Sánchez Pizjuán, en la parte izquierda, y el Sevilla calentaba del otro lado. Maradona tenía una forma muy particular de entrenar: con las medias bajadas y las botas con los cordones desabrochados. Llegó un momento en el que nos dimos cuenta que estaba corriendo alrededor del campo y la gente le tiraba cosas. Naranjas, pelotas de tenis, de todo. Y él las cogía, las levantaba y pap, pap, las devolvía. Ése era su calentamiento. Estábamos todos ahí, mirando, mientras nuestro preparador físico gritaba: ‘¡Venga, a calentar!”. ‘No, no’, le decíamos. Esto hay que verlo, esto no se lo puede perder uno. Era un espectáculo.
Un exjugador de labores defensivas, siendo un técnico ofensivo.
Mi idea del futbol viene un poco de lo que a mí me hubiera gustado hacer. A lo mejor soy un reprimido. Pero ya de jugador tenía claro cómo quería que jugara mi equipo. Ésta es la idea que quería, porque es la que me satisface, con la cual me siento cómodo y feliz. Soy una persona de emociones y, si no estoy contento en un sitio, no rindo.
Muchos técnicos hablan de equilibro. ¿A qué se refieren?
Yo quiero diferenciar el equilibrio del orden. Todos los entrenadores en algún momento de su discurso hablan del orden. Yo creo que eso es una utopía: los equipos son cosas vivas, que se mueven: aparecen laterales que suben y delanteros que bajan. Interiores que acaban como laterales, centrales que se suman al ataque... Todo eso provoca desórdenes continuos. Si todos estuviéramos ordenados, el futbol sería muy aburrido. Nadie le ganaría a nadie. Lo que sí es verdad es que esos desórdenes y órdenes tienen que ser muy rápidos para que el contrario no se aproveche. Yo soy un enamorado del desorden, siempre que haya un orden rápido. Por eso, para mí, la palabra orden en el futbol es muy difícil de mantenerse. Tiene muy poquitos momentos. Si de verdad quieres ir por el contrario y ganarle, te tienes que desordenar para provocar su desorden también. Y luego el equilibrio, sí: es precisamente eso, ese conjunto de movimientos que haces para arreglar los desórdenes que se han producido por los movimientos de otros jugadores. Un equipo equilibrado sí lo entiendo, pero un equipo ordenado constantemente no existe.
¿Se pierde grandeza o prestigio tras 19 años sin título?
Se pierde prestigio. Cruz Azul siempre va a ser un club grande, porque la valoración de si es grande o no, no creo que esté sólo en los resultados, o en los trofeos que tiene en su vitrina, sino en cómo es que trata a la gente, qué instalaciones tiene, cómo es el club con respecto a la sociedad. En eso, creo que Cruz Azul y su afición siempre han sido grandes. Sí, es verdad que tantos años no sólo sin conseguir un título, sino sin calificar, conllevan una pérdida de prestigio. Una de nuestras responsabilidades es ir ganando poquito a poco ese prestigio que se ha ido perdiendo. El problema de esto es que el prestigio tardas mucho tiempo en ganarlo y muy poquito en perderlo. Al final, cuando hablamos de resultados, estamos hablando del equipo. Yo entiendo que Cruz Azul, aunque se quedara 100 años sin ganar un título, que no va a pasar, seguiría siendo un club grande porque su historia ya es grande.