A dos rieles: los escenarios deportivos atravesados por un tren
En Cierny Balog, poblado eslovaco de cinco mil habitantes, existe una locomotora llamada El Gran Negro que atraviesa el pequeño estadio del equipo de futbol TJ Tratan. El tren de vapor se asoma entre la cancha y la única tribuna, sin que el árbitro suspenda el partido

CIUDAD DE MÉXICO.
En un poblado eslovaco llamado Cierny Balog, con apenas cinco mil habitantes, existe un equipo de futbol amateur llamado TJ Tratan. No importa que sea el cuarto club en la tabla de una liga regional, ni que ninguno de sus jugadores tenga un futuro prometedor. Lo cierto es que semana a semana se ha convertido en el foco de atención por parte de turistas y equipos rivales. ¿La razón?: entre la cancha y la única tribuna existen unas vías y en cualquier momento se asoma El Gran Negro, tren de vapor que fue construido a finales del siglo XIX para transportar madera y empleados de los aserraderos de la comarca y actualmente se ha convertido en el transporte preferido de los equipos visitantes, así como patrimonio cultural de Cierny Balog.
La historia la cuenta Jakub Kvietok, delantero del club y estudiante de la Universidad Eslovaca de Tecnología, de 24 años de edad, quien charló con Excélsior sobre un tren construido en 1898 y un club de futbol fundado en 1933, cuyo destino se cruzó a partir de 1985. Aunque fue un video, hace una semana, el que dio a conocer la rara historia de un tren eslovaco que cruza un estadio de futbol ¡en pleno partido!
“En Cierny Balog tenemos un museo y el ferrocarril como atractivo turístico. La primera época del Gran Negro (por el color de la locomotora) fue de 1898 a 1982. Nuestro equipo fue fundado en 1933 y gran parte de los pobladores hemos defendido la camiseta. Antes jugábamos en otra cancha, pero nos mudamos al estadio actual en 1985. Un detalle: El Gran Negro se oxidaba en un terreno, pues había dejado de ser negocio transportando madera y sus fierros no se movían más. Fue rescatado por unos voluntarios, reparado y sus vagones preparados para transportar turistas en un recorrido de 17 kilómetros de Cierny Balog al pueblo vecino Hronec y de regreso”.

Lo que no habían observado es que el nuevo estadio fue construido con el riel entre la cancha y la única tribuna, pues no se esperaba que La Máquina volviera a cobrar vida. “No hubo razón para cambiar cancha o camino del tren, pues los adultos se dieron cuenta que la locomotora podía pasar cuatro veces al día por el estadio sin interrumpir partido alguno”.
De hecho, el clásico regional es entre los pueblos unidos por El Gran Negro. “Cuando juegan Cierny Balog y Hronec es una gran fiesta, pues los de Hronec llegan al pueblo en el tren y su entrada al estadio se convierte en todo un espectáculo. Si ganan el partido, igual se van en el ferrocarril y haciendo fiesta. Si nosotros ganamos el partido, también nos subimos a los vagones y damos una vuelta, mientras pita la máquina para anunciar la victoria”.
“Dicen que somos los únicos en el mundo. En ninguna parte un tren cruza un campo de futbol”, comenta al diario eslovaco Pluska la responsable del ferrocarril, María Bílkov.
Quizá no sean los únicos en la historia, pero se han convertido –tren y equipo de futbol- en la atracción para los pueblos cercanos y turistas de distintos países. Reconoce Jakub que “diarios y medios web de Inglaterra, España, Francia, Italia y hasta Japón le han dado la vuelta al video que subimos del TJ Tratan Cierny Balog, en el que se mira al Gran Negro echar humo y asomarse al estadio. Los aficionados se olvidan por unos minutos del partido para saludar al maquinista, mientras éste pita y pita. Los jugadores siguen el partido y hasta el momento no se ha dado ningún accidente. Quizá un balonazo a un vagón, pero el silbante pide que el partido continúe”.
Explica Jakub –vía internet- que el TJ Tratan es un equipo amateur, con diferentes categorías, y “jugamos el Campeonato Regional de Medio Eslovaquia. Nuestro entrenador es Peter Turna y el capitán es el defensa Rudolf Stulrajter”.
Y, aunque no se caracterizan por presumir trofeos, últimamente han recibido muchas solicitudes para ser visitados por equipos desconocidos que quieren vivir la experiencia de jugar un partido en una cancha antes desconocida, en la que de un momento a otro se asoma el tren.
“Además de dar cierta fama al equipo, los equipos vienen acompañados de aficionados y todos quieren subirse al ferrocarril. Eso beneficia económicamente al pueblo”, agrega Jakub Kvietok.
Conocida como La Chancla, la máquina tampiqueña dividía el diamante de los Alijadores, a mediados del siglo XX

Festejo de los Alijadores en 'La Chancla', tras coronarse en 1975.
Como todo Tampico sabe, existió una novena llamada Alijadores, cuyo estadio, en pleno juego, era atravesado por un tren (La Chancla), debiéndose suspender momentáneamente el encuentro de beisbol.
El parque de los Alijadores, construido en La Isleta, fue inaugurado en octubre de 1927, estaba en medio de los muelles de carga y las locomotoras debían atravesar los jardines para llegar a los talleres donde les daban mantenimiento.
La novena se coronó en 1945 tras derrotar a los Tecolotes de Nuevo Laredo; en 1946, en contra de los Diablos Rojos; y en 1975, con una leyenda como Héctor Espino jugando para ellos, vencieron a los Cafeteros de Córdoba.
El periodista venezolano Juan Vené reseñó un partido de los Alijadores en 1975 que tituló El tren del recuerdo:
“El estadio estaba lleno hasta las luces, porque el juego era de play-off en 1975. Hombres en primera y segunda. De pronto:
¡Shhhííí!... ¡Shhhííí!
El sonido del tren se oyó en todo el ambiente. El umpire levantó los brazos y gritó:
¡Tieeempooo!
Los hombres de los servicios corrieron hacia la esquina del rightfield
y abrieron una doble puerta.
¡Shhhííí!... ¡Shhhííí!
Los peloteros, los umpires y los miles de espectadores miraban hacia el recodo de la derecha.
Chas-chas, chas-chas…
Eran las ruedas metálicas sobre los rieles. Por la ancha puerta mostró su brillante nariz una locomotora. Los tampiqueños sabían bien lo que ocurría. Durante muchos años habían visto detener los juegos para dar paso de estas máquinas.
Chas-chas, chas-chas…
La locomotora iba en su línea recta entre segunda base y el centerfield, como si se deslizara sobre la grama en vez de rodar encima de los rieles. En su marcha, buscaba el extremo cerca del poste de fair del leftfield. Allá habían abierto otra puerta doble y por ella salió el monstruo metálico, mostrando sus nalgas a la concurrencia como en señal de “gracias y hasta luego”. El umpire de home echó un vistazo. Los portones estaban ya cerrados. Y cantó: ¡Plaaay Baaall”.
*El equipo y el estadio desaparecieron en los años 80.
-JC Vargas
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