Las mejores ideas surgen en la regadera: cómo aprovecharlo para ser más creativo
La ciencia explica por qué las duchas son incubadoras de creatividad. Descubre los dos factores que favorecen las ideas brillantes y cómo replicarlos fuera del baño.

A cuántos no nos ha pasado que nos estamos bañando y, de repente se nos ocurre una idea brillante. Esta escena es tan común que incluso hay estudios en los que los participantes mencionan que este momento de su vida es en donde se les ocurren una serie de soluciones para sus problemas.
Según el psicólogo John Kounios, director del Programa de Ciencias Cognitivas y del Cerebro de la Universidad Drexel en Estados Unidos, hay dos factores clave:
La primera razón la llama “restricción sensorial”. En la ducha nuestros sentidos externos se atenúan: la visión se reduce por el caer del agua o porque cerramos los ojos; no escuchamos con detalle porque el agua funciona como un ruido blanco que bloquea otros sonidos; y el tacto se desactiva un poco porque la temperatura del agua suele ser similar a la del cuerpo.

Una serie de estudios han mostrado que justo antes de tener una epifanía, el córtex visual, la zona del cerebro que procesa los estímulos que entran por los ojos, se “apaga” ligeramente.
Esto significa que, justo antes de tener una gran idea, somos menos conscientes de nuestro entorno y más de nuestro mundo interior. Es por ello que, el baño es un espacio de aislamiento con pocos estímulos externos que facilita que nos concentremos en nuestros propios pensamientos.
El segundo factor tiene que ver con que la ducha es un momento relajante y placentero, donde normalmente estamos de buen humor. Ante esto, algunos estudios han demostrado que el buen humor estimula la creatividad.

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¿Cómo replicar ese ‘efecto ducha’ en tu día a día?
La buena noticia es que no hace falta estar bajo el agua para propiciar estos momentos creativos. Puedes replicar el “efecto ducha” creando espacios de desconexión y relajación en tu jornada:
- Haz pausas sin estímulos externos, como apagar el móvil unos minutos y cerrar los ojos.
- Crea momentos de relajación, como caminar sin auriculares o meditar brevemente.
- Cambia de ambiente, busca lugares donde puedas estar cómodo y sin distracciones para dejar fluir tus ideas.

Así, cuando tu cerebro tenga ese respiro y esté en buena disposición, será más fácil que surjan las ideas brillantes.
Ahora que ya tienes el respaldo de la ciencia, estás listo para tu próxima gran idea… ya sea en la ducha o fuera de ella.
WFH
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