El tiempo que dejamos pasar lo gana el Alzheimer; por esto se debe detectar a tiempo
La detección tardía del Alzheimer retrasa la atención y aumenta el impacto en pacientes y cuidadores. Por qué actuar a tiempo es clave para preservar autonomía.

Los cambios cerebrales asociados al Alzheimer pueden comenzar entre 15 a 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas clínicos evidentes. Mientras los olvidos se minimizan, mientras se normalizan los cambios y mientras las consultas médicas no profundizan, el tiempo sigue corriendo. Y en esa carrera desigual, quien suele ganar es la enfermedad.
Durante ese periodo, la persona sigue trabajando, socializando y tomando decisiones, pero el deterioro ya está en marcha. Lo que se pierde en ese trayecto no es solo memoria: se pierde la oportunidad de actuar.
La normalización del olvido
Uno de los principales enemigos de la detección temprana es cultural. En muchas familias, los olvidos se explican como parte natural del envejecimiento.
“Olvidos recurrentes en personas de 50 o 60 años no son normales”, advierte Diego Apreza, representante de Lilly, al hablar sobre Alzheimer y detección temprana.
Sin embargo, en la práctica cotidiana, esos signos rara vez detonan una evaluación formal. Se pospone la consulta con un especialista y se deja pasar un tiempo que ya no se recupera.

La ciencia avanza más rápido que los procesos de atención
El problema no se limita al ámbito familiar. En el sistema de salud, el primer contacto suele ser con médicos generales que enfrentan consultas breves, alta demanda y protocolos poco estandarizados para evaluar funciones cognitivas. Aunque existen pruebas sencillas que pueden aplicarse en consultorio, muchas veces no se utilizan.
Cuando un paciente menciona olvidos, estos no siempre se investigan a fondo ni se traducen en una referencia oportuna a neurología. Así, el diagnóstico llega cuando la enfermedad ya avanzó y las opciones para preservar autonomía son más limitadas.
“El diagnóstico ha avanzado mucho, pero seguimos fallando en lo básico: no normalizar los síntomas”, reconoce Apreza.

Cuando la familia detecta antes que el paciente
En muchos casos, la alerta no la da quien vive con Alzheimer, sino su entorno. Hijos, parejas o cuidadores notan cambios que antes no existían: citas olvidadas, preguntas repetidas, objetos extraviados. Aun así, esa observación no siempre se traduce en acción inmediata.
Existe conciencia, pero también negación. Admitir que algo no está bien implica enfrentar una posibilidad incómoda. Y mientras se duda, el tiempo sigue jugando a favor de la enfermedad.
El costo de perder tiempo
Dejar pasar los primeros años del Alzheimer no solo tiene consecuencias médicas. Conforme la enfermedad progresa, la dependencia aumenta y el cuidado recae casi siempre en un familiar directo. Esto implica personas que reducen su jornada laboral, abandonan empleos o reorganizan su vida para cuidar.
El impacto económico y emocional no suele aparecer en las estadísticas oficiales, pero es profundo y sostenido. Detectar tarde significa cuidar más, gastar más y perder más, tanto a nivel personal como familiar.

Ganar tiempo es ganar calidad de vida
Hoy, la investigación en Alzheimer ya no se enfoca únicamente en aliviar síntomas, sino en frenar la progresión y preservar la independencia el mayor tiempo posible. Pero esos avances solo tienen sentido si llegan a tiempo. Sin detección temprana, incluso la mejor ciencia se vuelve tardía.
Hablar de Alzheimer ya no debería ser solo hablar de pérdida, sino de oportunidad: la oportunidad de actuar antes, de escuchar señales tempranas y de tomar en serio los cambios cognitivos. Porque cada año que se posterga una evaluación es un año que la enfermedad aprovecha.
El tiempo que dejamos pasar no desaparece. En el Alzheimer, ese tiempo siempre lo gana alguien. Y casi nunca es el paciente.
Una campaña para no seguir perdiendo tiempo
En ese esfuerzo por visibilizar el Alzheimer como una urgencia de salud pública, Lilly México impulsa la campaña La Ruta de los Recuerdos, una iniciativa audiovisual que busca generar conciencia sobre la detección temprana y el impacto real de la enfermedad en la vida cotidiana de pacientes y cuidadores. A través de un recorrido por lugares significativos, la historia muestra cómo la memoria y los vínculos se transforman frente a una enfermedad neurodegenerativa.
La campaña parte de una idea central: cada año sin diagnóstico es tiempo que el Alzheimer gana. Detectar a tiempo no solo puede ayudar a preservar la autonomía del paciente por más años, sino también reducir la carga emocional y social que recae en las familias que asumen el cuidado, muchas veces sin apoyo ni acompañamiento formal
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