Alzheimer: por qué la primera consulta médica falla en detectarlo

El Alzheimer comienza años antes del diagnóstico. En México, la primera consulta médica rara vez detecta las señales tempranas y retrasa la atención oportuna.

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Un paciente con AlzheimerImagen realizada con IA

El Alzheimer no irrumpe de golpe ni comienza con un nombre clínico. De acuerdo con la evidencia científica, los cambios en el cerebro pueden iniciar entre 15 y 20 años antes de que aparezcan los síntomas evidentes. Durante ese periodo silencioso, la enfermedad avanza sin ser detectada, mientras la persona mantiene una vida funcional y los primeros signos pasan desapercibidos.

En ese largo trayecto, la primera consulta médica se vuelve un punto crítico. No para confirmar un diagnóstico inmediato, sino para reconocer que algo no está bien. El problema es que, en la práctica, esa oportunidad rara vez se aprovecha.

En México, el primer contacto con el sistema de salud suele ser el médico general. Ahí debería comenzar la detección temprana. Sin embargo, los olvidos iniciales suelen normalizarse, atribuirse al envejecimiento, al estrés o al cansancio cotidiano. 

“Cuando una persona de 60 años empieza a tener olvidos, la reacción común suele ser: no te preocupes, es parte de la edad. Y no, no es normal”, advierte Diego Apreza, representante de Eli Lilly, durante una conversación sobre Alzheimer, detección temprana y el papel de los cuidadores.

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Fármaco natural podría detener la muerte neuronal relacionada con el Alzheimer, estudioCanva

Lo que debería pasar en la primera consulta

El primer nivel de atención no está diseñado para diagnosticar Alzheimer, pero sí para detectar señales de alerta. En una consulta inicial, el médico debería escuchar activamente cualquier queja relacionada con memoria, atención, lenguaje o cambios en el comportamiento.

La ruta recomendada no es compleja. Ante olvidos frecuentes, repetitivos y que ya interfieren con la vida diaria, el siguiente paso debería ser una evaluación cognitiva inicial. Estas pruebas son:

  • Breves
  • De bajo costo
  • Aplicables en consultorio
  • Útiles para valorar memoria, orientación, atención y aprendizaje

Si los resultados no son congruentes con la edad o el nivel educativo del paciente, el protocolo lógico es referir a un neurólogo para una evaluación más profunda y seguimiento.

“Muchas veces, incluso cuando el paciente menciona estos síntomas, no se les da la importancia necesaria”, reconoce Apreza.

El resultado es un diagnóstico que llega cuando la enfermedad ya está avanzada y las opciones para preservar autonomía son más limitadas. 

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Fármaco natural podría detener la muerte neuronal relacionada con el Alzheimer, estudioCanva

Lo que ocurre en la práctica cotidiana

La realidad del consultorio es distinta. Los tiempos de consulta son cortos, la carga de pacientes es alta y los médicos de primer nivel atienden múltiples padecimientos en una sola jornada. En ese contexto, los cambios cognitivos quedan relegados.

A esto se suma la ausencia de protocolos estandarizados de tamizaje cognitivo en atención primaria y un factor cultural persistente: la idea de que olvidar es parte inevitable del envejecimiento.

Ese enfoque tiene consecuencias directas. No solo retrasa el diagnóstico, también cierra una ventana de oportunidad en la que el paciente podría mantener su independencia por más tiempo.  

“El objetivo es preservar la calidad de vida, la autonomía y la independencia el mayor tiempo posible”, explica Apreza.

Cuando la familia detecta antes que el sistema

En muchos casos, la primera alerta no viene del paciente, sino de su entorno. Hijos, parejas o cuidadores notan cambios que no estaban ahí: citas olvidadas, preguntas repetidas, objetos extraviados, dificultad para seguir conversaciones o tomar decisiones simples.

Esa información es clave, pero no siempre se integra de forma estructurada en la consulta médica. “La familia es fundamental para identificar que algo no es normal y actuar a tiempo”, señala Apreza. Aun así, sin protocolos claros en el primer nivel de atención, esas señales pueden diluirse entre otros motivos de consulta.

No es raro que los familiares tengan que insistir, pedir una segunda opinión o acudir directamente con un especialista para que se realice una evaluación formal. 

El costo de no detectar a tiempo

El retraso en el diagnóstico no solo tiene implicaciones médicas. Conforme el Alzheimer progresa, la dependencia aumenta y con ella la necesidad de un cuidador, casi siempre un familiar directo. Esto implica:

  • Reducción o abandono de la vida laboral
  • Impacto económico sostenido
  • Carga emocional y desgaste psicológico
  • Reorganización completa de la dinámica familiar

Cuando el sistema falla en identificar la enfermedad en etapas tempranas, la carga se traslada a las familias, que enfrentan el problema sin información suficiente ni preparación. Un cambio que sigue siendo básico

En un contexto donde se desarrollan biomarcadores, estudios de imagen avanzados y nuevas terapias en investigación, el cambio más urgente sigue siendo elemental: no normalizar los síntomas.

Integrar preguntas clave sobre memoria en la consulta general, aplicar pruebas cognitivas básicas y referir a tiempo no requiere tecnología de punta. Requiere escuchar, sospechar y actuar.

El Alzheimer no se resuelve en una sola visita médica, pero muchas historias podrían ser distintas si esa primera consulta hiciera lo que debería hacer… y que, hoy por hoy, casi nunca pasa.