La alteración de los sabores no siempre es COVID: Conoce las causas de este cambio
El sabor metálico persistente tiene explicación médica, la disgeusia aparece por fármacos, infecciones virales o problemas nutricionales.

Sentir un sabor metálico, amargo o extraño en la boca, incluso al beber agua, no es tan raro como parece. Esta alteración tiene nombre: disgeusia, un trastorno del gusto que puede aparecer por distintas razones y que, en algunos casos, llega a afectar directamente la alimentación, el apetito y la calidad de vida.
Tras la pandemia de COVID-19, la disgeusia dejó de ser un síntoma poco conocido y se convirtió en un motivo frecuente de consulta en medicina general, oncología y salud oral. Sin embargo, no siempre está relacionada con el coronavirus. Por eso, cuando esta alteración persiste, no debe minimizarse ni atribuirse automáticamente a una infección pasada.

¿Qué es la disgeusia?
La disgeusia es una alteración en la percepción del gusto. A diferencia de la ageusia, donde el sentido del gusto se pierde por completo, en la disgeusia el sabor se distorsiona: los alimentos pueden saber metálicos, amargos, salados o simplemente desagradables, incluso sin una causa evidente.
De acuerdo con la Cleveland Clinic, muchas personas creen que “perdieron el gusto”, cuando en realidad experimentan una distorsión y no una desaparición total de este sentido.
Los especialistas también subrayan que el gusto y el olfato están estrechamente relacionados, por lo que una alteración en el olfato puede sentirse como un problema de sabor.
Esta relación se hizo especialmente evidente durante la pandemia. Un estudio publicado en JAMA Network Open encontró que una proporción de pacientes con infecciones virales, particularmente COVID-19, presentó alteraciones persistentes del gusto y el olfato meses después de la fase aguda.
El hallazgo confirma que estos trastornos pueden prolongarse en el tiempo, incluso cuando otros síntomas ya desaparecieron.

¿Por qué se da? Causas frecuentes del sabor metálico o amargo
La disgeusia no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma que puede tener múltiples causas. Identificarlas es clave para saber cómo tratarla.
Medicamentos
Una de las causas más frecuentes son los fármacos. Antibióticos, antidepresivos, antihipertensivos, tratamientos contra el cáncer y algunos antivirales pueden alterar el gusto de distintas formas: modifican la saliva, afectan los receptores del gusto o provocan boca seca, lo que intensifica sabores amargos o metálicos.
Un estudio publicado por Manual MSD sobre xerostomía (sequedad bucal) inducida por medicamentos psiquiátricos destacó que la falta de saliva favorece la aparición de disgeusia y empeora la percepción del sabor, además de dificultar la masticación y la deglución.
En el contexto del COVID-19, el antiviral Paxlovid ha sido ampliamente estudiado. La investigación publicada en ScienceDirect señala que uno de sus efectos secundarios más reportados es la disgeusia, posiblemente relacionada con la activación de receptores del sabor amargo en la lengua. Esto explica por qué algunos pacientes describen un sabor “químico” intenso durante el tratamiento.
Infecciones virales
Las infecciones respiratorias, especialmente las causadas por virus como el SARS-CoV-2, pueden dañar de forma temporal o persistente los nervios involucrados en el gusto y el olfato. Estudios pospandemia muestran que, aunque muchas personas se recuperan por completo, un porcentaje mantiene alteraciones sensoriales durante meses.
Cáncer y tratamientos oncológicos
En pacientes con cáncer, la disgeusia es un efecto secundario común de la quimioterapia y la radioterapia. Investigaciones recientes publicadas en Supportive Care in Cancer y Frontiers in Nutrition señalan que esta alteración afecta directamente la nutrición, el apetito y el estado emocional de los pacientes, por lo que ya se considera un problema clínico relevante y no solo una molestia menor.
Deficiencias nutricionales y salud oral
La deficiencia de zinc, hierro o vitamina B12 también se ha asociado con alteraciones del gusto. El National Institutes of Health (NIH) reconoce que el zinc es esencial para la función gustativa y que su déficit puede provocar disgeusia, especialmente en adultos mayores o personas con enfermedades crónicas.

Señales y síntomas: cuándo llega a ser una alerta
Los síntomas más comunes de la disgeusia incluyen:
- Sabor metálico persistente.
- Amargor constante, incluso sin comer.
- Cambios en la percepción de alimentos dulces o salados.
- Disminución del apetito o rechazo a ciertos alimentos.
Especialistas coinciden en que es importante consultar a un médico si la alteración dura más de dos a cuatro semanas, si se acompaña de pérdida de peso, dolor oral, lesiones en la boca o si aparece tras iniciar un medicamento nuevo.
Revisiones clínicas recientes advierten que cuando la disgeusia se asocia con síntomas neurológicos, fatiga extrema o dificultad para tragar, debe evaluarse de inmediato.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico comienza con una historia clínica detallada. El médico suele preguntar cuándo inició el problema, cómo se describe el sabor, si hubo infecciones recientes y qué medicamentos se toman.
Después, puede realizarse una exploración de la boca para descartar infecciones o lesiones y, en algunos casos, solicitar estudios de laboratorio para evaluar deficiencias nutricionales.
En situaciones posvirales o de larga duración, algunas clínicas especializadas emplean pruebas estandarizadas para medir el gusto y el olfato, utilizadas también en estudios universitarios sobre COVID prolongado.

¿Qué hacer para mejorar el gusto?
El tratamiento de la disgeusia depende de su origen. No existe una solución única.
- Si es causada por medicamentos, el ajuste debe hacerse bajo supervisión médica; nunca se recomienda suspenderlos por cuenta propia.
- En casos posvirales, la recuperación suele ser gradual, aunque algunos pacientes requieren seguimiento especializado.
- En pacientes con cáncer, guías recientes recomiendan un abordaje integral que incluya nutrición clínica, cuidado oral y apoyo psicológico.
- Si hay deficiencia de zinc, el NIH señala que la suplementación puede ser útil solo cuando existe un déficit comprobado.
Como apoyo, especialistas sugieren medidas sencillas: mantener buena hidratación, extremar la higiene oral, usar cubiertos de plástico si hay sabor metálico y adaptar la temperatura y los condimentos de los alimentos para hacerlos más tolerables.
La disgeusia es un recordatorio de que el cuerpo suele enviar señales cuando algo no está funcionando del todo bien. Aunque en muchos casos el cambio en el gusto es temporal y reversible, su persistencia puede afectar el apetito, la nutrición y la calidad de vida.
Por eso, cuando el sabor metálico o amargo no desaparece, aparece tras iniciar un tratamiento o se acompaña de otros síntomas, es importante buscar orientación médica.
Identificar la causa —ya sea un medicamento, una deficiencia nutricional o una condición subyacente— permite abordar el problema de forma adecuada y evitar diagnósticos erróneos.
Más allá de la pandemia, prestar atención a estos cambios sigue siendo clave para cuidar la salud de manera integral.
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