Escudo de las Américas se postra ante Trump

La coalición militar anticárteles de las Américas es una radiografía del giro a la derecha en Latinoamérica. El neointervencionismo estadunidense intoxica a los países más grandes de la región, mientras el resto entierra la indignación antiimperialista para postrarse ante Trump, a pesar de la división y caos que generan sus guerras en el mundo. Ceder a ella no es ganar la paz ni ahuyentar la guerra. La nueva vanguardia derechista exalta la iniciativa bélica como buena noticia para el “mundo libre” del péndulo político que los devolvió al poder. En realidad, se trata del realineamiento político en el continiente con la ley de la fuerza militar con que EU impone sus intereses económicos como asunto de seguridad nacional. La nueva cruzada contra las drogas diseñada y promovida por ellos sólo sembrará violencia y muerte al sur del río Bravo en una guerra que la evidencia muestra que nadie ha ganado.

No obstante, Trump avanza con el corolario de la doctrina Donroe para controlar el hemisferio occidental explotando las rupturas que vienen gestándose en la región por éxodos masivos, penetración del crimen en los estados y su incapacidad para detener el crimen e inseguridad. Las imágenes que crean adversarios ideológicos de los gobiernos de izquierda como “narcogobiernos”, lo mismo de Venezuela, Colombia o México, persuaden a la gente de temerles más que a derechas autoritarias como la de Trump; incluso abrazan como fuerzas liberadoras. El discurso en que cabalga el vuelco conservador es tan maniqueo como simple y potente. Se centra en denunciar a los malos hombres del sur y su poder corruptor sobre gobiernos, pero ignora las redes de macrocriminalidad globales detrás del negocio de la droga. Una narrativa eficaz para justificar misiles contra cárteles, como se arguye el terrorismo para atacar a Irán y desestabilizar Oriente Medio, al costo de millones de desplazados y cuota de sangre de sus comunidades.

Pero esa constatación vale de poco a los 12 presidentes que se reunieron en el club privado de Trump en Miami para alistarse en su falange militar antinarco; tampoco se inmutan de que ahí se acuse a México de epicentro de la violencia de los cárteles en la región. Y prefieren hacer mutis del reconocimiento estadunidense del gobierno de Daisy Rodríguez, aunque continue con el régimen “narcoterrorista” con que legitimaron la captura de Maduro; o acaso, ¿eso los hará dudar del “mundo libre”? La esencia de la alianza es el compromiso “de usar la fuerza letal” para destruir grupos criminales con sólo avisar a EU “dónde están para ir por ellos”, como ofreció Trump en la cumbre. Es la segunda etapa del plan de seguridad hemisférica de militarización de la “guerra contra las drogas”, que inició con la designación de terroristas a los cárteles y del fentanilo como arma de destrucción masiva. La injerencia militar directa a la que se ha negado Claudia Sheinbaum y por lo que recibe las burlas de Trump.  

Pero con tal de no enardecer al republicano con rescoldos antiimperialistas y deslegitimar el discurso “libertador” ante sus electorados, tampoco quieren ver, o ven como negocio, que esa estrategia enfila a allanar el acceso a materias primas y raras, como ocurrió con el petróleo venezolano, y después será el litio en el triángulo de Sudamérica (Bolivia, Chile y Argentina, los más entusiastas con el intervencionismo).

El Escudo de las Américas consolida el liderazgo de EU en la región y contrarresta la influencia china, pero también pretende limpiar su zona de influencia de sobrevivientes de la marea rosa de gobiernos de izquierda; los tres países latinoamericanos más grandes, México, Brasil y Colombia, fueron excluidos de la cumbre, aunque colaboran con sus fuerzas militares contra las drogas, como replicó Sheinbaum para esquivar el desaire. La marginación de los tres países clave en la lucha antinarco condena sus planes a la inoperancia, como advirtió el colombiano Petro. Pero su exclusión es la tentativa de aprovechar las divisiones regionales para ejercer presión sobre ellos. México ha perdido liderazgo en la región y mayor aislamiento por la divergencia con Argentina y confrontación diplomática con Perú y Ecuador; y ahora tendrá a integrantes del Escudo en sus fronteras, Belice y Guatemala. Por ello es urgente que Latinoamérica recupere posiciones comunes y tome mayor distancia del discurso de seguridad de Trump y de la guerra que prepara en casa para llevarla a la región antes de que cumpla sus amenazas.