Diabetes gestacional: qué ocurre en el cuerpo durante el embarazo y cuáles son sus síntomas
Hasta 14% de los embarazos presentan diabetes gestacional, una condición que puede pasar desapercibida y requiere pruebas específicas para evitar complicaciones.

La diabetes gestacional es una de las alteraciones metabólicas más frecuentes durante el embarazo y, al mismo tiempo, una de las menos perceptibles. En muchos casos no provoca síntomas claros, lo que hace que su detección dependa casi por completo de los controles médicos prenatales.
Aun así, cuando no se diagnostica ni se controla a tiempo, puede representar riesgos tanto para la madre como para el bebé. Comprender por qué aparece, cómo se identifica y qué implicaciones tiene permite dimensionar la importancia de las pruebas de glucosa durante el embarazo y del seguimiento médico oportuno.

¿Qué es la diabetes gestacional y por qué aparece?
La diabetes gestacional es un tipo de diabetes que se detecta por primera vez durante el embarazo, por lo general entre las semanas 24 y 28 de gestación, cuando el cuerpo necesita producir más insulina para mantener niveles normales de glucosa en sangre.
La insulina es una hormona que permite que el azúcar de los alimentos entre a las células para usarse como energía. Durante el embarazo, las hormonas producidas por la placenta pueden interferir con la acción de la insulina, lo que provoca resistencia a la insulina.
Si el organismo no logra compensar esta resistencia produciendo más insulina, los niveles de glucosa se elevan y aparece la diabetes gestacional, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
A diferencia de otros tipos de diabetes, la diabetes gestacional no se debe a una falta total de insulina, sino a que el cuerpo no la utiliza de manera eficiente durante el embarazo. Esta condición suele desaparecer después del parto; sin embargo, no debe tomarse a la ligera.
La American Diabetes Association (ADA) advierte que las mujeres que han tenido diabetes gestacional tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en los años posteriores, por lo que el seguimiento médico después del embarazo es fundamental.
A nivel global, un estudio publicado en The Lancet estima que entre 5 y 14 % de los embarazos se ven afectados por la diabetes gestacional, y señala que su prevalencia ha aumentado en las últimas décadas, en parte por el incremento del sobrepeso y la obesidad en la población femenina.

Síntomas: por qué suele ser silenciosa y qué señales pueden alertarte
Uno de los mayores desafíos de la diabetes gestacional es que con frecuencia no presenta síntomas claros. De hecho, muchos casos se detectan únicamente a través de estudios de rutina durante los controles prenatales, lo que refuerza la importancia del seguimiento médico durante el embarazo.
Aun así, algunas mujeres pueden experimentar síntomas similares a los de la hiperglucemia, es decir, niveles elevados de azúcar en sangre. Entre los más comunes se encuentran:
- Sed inusual o mayor de lo normal
- Micción frecuente
- Cansancio extremo sin causa aparente
- Visión borrosa
- Infecciones recurrentes, especialmente urinarias o por hongos
De acuerdo con Mayo Clinic, estos síntomas pueden confundirse fácilmente con molestias propias del embarazo, como el cansancio o las ganas frecuentes de orinar. Por esta razón, no es confiable basarse solo en cómo se siente la mujer para descartar la diabetes gestacional. La única forma de confirmarla es mediante pruebas médicas.

¿Quiénes tienen mayor riesgo de desarrollarla?
Aunque cualquier mujer embarazada puede desarrollar diabetes gestacional, existen ciertos factores que aumentan el riesgo. Entre los principales se encuentran:
- Haber tenido diabetes gestacional en un embarazo previo
- Antecedentes familiares de diabetes tipo 2
- Tener sobrepeso u obesidad antes del embarazo
- Padecer síndrome de ovario poliquístico
- Haber dado a luz anteriormente a un bebé con peso elevado
- Pertenecer a ciertos grupos étnicos con mayor predisposición
Cuando uno o varios de estos factores están presentes, los profesionales de la salud pueden solicitar pruebas de glucosa más temprano en el embarazo para detectar posibles alteraciones de manera anticipada.

¿Cómo se diagnostica la diabetes gestacional?
El diagnóstico de la diabetes gestacional se realiza mediante pruebas de tolerancia a la glucosa, que generalmente se aplican entre las semanas 24 y 28 de gestación. En mujeres con factores de riesgo, estas pruebas pueden realizarse antes.
Estas evaluaciones miden cómo responde el cuerpo a una cantidad controlada de glucosa y permiten identificar si existe una intolerancia anormal al azúcar durante el embarazo.
Dado que la diabetes gestacional puede no causar síntomas, las autoridades sanitarias coinciden en que el tamizaje universal en ese periodo del embarazo es clave para prevenir complicaciones.
Consecuencias si no se controla y qué hacer
Cuando la diabetes gestacional no se detecta o no se maneja adecuadamente, puede aumentar el riesgo de diversas complicaciones, tanto para la madre como para el bebé. Entre las más frecuentes se encuentran:
- Mayor probabilidad de parto por cesárea
- Macrosomía fetal (bebé con peso mayor al promedio
- Parto prematuro
- Problemas respiratorios en el recién nacido
- Mayor riesgo de obesidad y diabetes tipo 2 en la madre y el hijo a largo plazo
El tratamiento suele basarse en un plan integral que incluye ajustes en la alimentación, actividad física supervisada y monitoreo regular de la glucosa. En algunos casos, puede ser necesario el uso de medicamentos, siempre bajo indicación médica.
La buena noticia es que, con un diagnóstico oportuno y un manejo adecuado, la mayoría de las mujeres con diabetes gestacional pueden tener embarazos saludables y reducir significativamente los riesgos asociados.
La diabetes gestacional es una condición frecuente, pero manejable. Su principal reto es que puede pasar desapercibida, por lo que acudir a los controles prenatales y realizarse las pruebas recomendadas no es opcional, sino esencial.
Detectarla a tiempo no solo protege la salud durante el embarazo, sino que también ayuda a prevenir problemas metabólicos en el futuro, tanto en la madre como en el bebé.
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