¿Se puede 'detener' la diabetes tipo 2? Médicos apuestan por la remisión

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La diabetes podría llegar a un punto de remisiónEspecial

Durante décadas, la diabetes tipo 2 fue entendida como una enfermedad crónica, progresiva e inevitablemente irreversible. El diagnóstico implicaba asumir que el control de la glucosa empeoraría con el tiempo y que la intensificación del tratamiento farmacológico sería casi segura. 

En los últimos años, esta narrativa ha comenzado a cambiar. La evidencia científica acumulada sugiere que, en ciertos casos, la diabetes tipo 2 puede entrar en remisión, un concepto que hoy ocupa un lugar central en la discusión médica internacional.

Qué significa 'remisión' en diabetes tipo 2

En 2021, cuatro sociedades médicas internacionales publicaron una declaración de consenso que redefinió formalmente el concepto de remisión en diabetes tipo 2. De acuerdo con ese documento, una persona se considera en remisión cuando mantiene una hemoglobina glucosilada (A1c) por debajo de 6.5% durante al menos tres meses, sin el uso de medicamentos para reducir la glucosa.

Este umbral no es casual. El valor de 6.5% es el mismo que se utiliza para diagnosticar la diabetes, por lo que mantenerse por debajo de ese nivel sin fármacos indica que la enfermedad ha quedado, al menos temporalmente, por debajo de los límites diagnósticos.

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La educación médica y la empatía son pilares para alcanzar metas de control y bienestar.

La doctora Amy Rothberg, profesora clínica de la University of Michigan y coautora del consenso, explicó a Medscape Medical News que el término remisión fue adoptado de otras áreas de la medicina, como el cáncer.

No implica que la enfermedad haya desaparecido por completo, sino que se encuentra controlada por debajo de los umbrales detectables.

Por ello, los especialistas insisten en una distinción clave: remisión no es lo mismo que curación

El lenguaje importa: remisión no es “reversión”

El doctor Scott Isaacs, presidente de la American Association of Clinical Endocrinology, ha subrayado que hablar de “reversión” puede generar una falsa sensación de seguridad.

Ese término puede llevar a pensar que la persona ya no requiere:

  • Seguimiento médico regular
  • Cambios sostenidos en el estilo de vida
  • Vigilancia metabólica a largo plazo

Además, incluso en los casos de remisión, el daño previo a las células beta del páncreas no se recupera por completo, lo que explica por qué la enfermedad puede reaparecer si se abandonan las intervenciones que permitieron controlarla. Pérdida de peso: uno de los factores más determinantes

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En México, más de 14 millones de personas viven con diabetes tipo 2; la mayoría no está bajo control.

Entre los factores asociados con la remisión, la pérdida de peso ocupa un lugar central, especialmente en personas con obesidad. Estudios clínicos han mostrado que:

  • Una reducción de al menos 5% del peso corporal mejora el control glucémico
  • Pérdidas de 15% o más se asocian con mayores probabilidades de remisión

Este efecto no se limita únicamente a la disminución de la glucosa, sino que impacta múltiples procesos metabólicos, como la sensibilidad a la insulina y la inflamación sistémica. 

Cirugía bariátrica y remisión sostenida

La cirugía bariátrica se ha consolidado como una de las intervenciones más efectivas para lograr la remisión de la diabetes tipo 2 en personas con obesidad. Estudios de seguimiento a largo plazo, como los realizados en Suecia, muestran resultados consistentes.

Entre los hallazgos más relevantes:

  • A los dos años, las tasas de remisión fueron hasta ocho veces mayores en personas operadas frente a quienes recibieron tratamiento convencional
  • A los diez años, la diferencia se mantuvo

Los beneficios metabólicos suelen aparecer poco después de la cirugía, incluso antes de una pérdida de peso significativa

Esto último sugiere la participación de mecanismos adicionales, como cambios hormonales y efectos antiinflamatorios, más allá del peso corporal. El papel emergente de los medicamentos

La farmacoterapia también ha ampliado el horizonte. Fármacos como:

  • Inhibidores de SGLT-2
  • Agonistas del receptor GLP-1
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Cetoacidosis: el riesgo de la diabetes mal controlada. Foto: Canva.

Han demostrado favorecer tanto la pérdida de peso como el control metabólico.

En un estudio clínico, la combinación de un inhibidor de SGLT-2 con una dieta hipocalórica logró remisión en 44% de los pacientes, frente a 28% en el grupo placebo. En el caso de los agonistas GLP-1, un análisis con más de 14 mil adultos mostró que entre 5.8% y 18.3% alcanzaron criterios de remisión, dependiendo de la definición utilizada.

Sin embargo, los especialistas advierten que estos beneficios suelen depender del mantenimiento del peso perdido. Cuando el tratamiento se suspende o el peso se recupera, los niveles de glucosa tienden a elevarse nuevamente. 

Estilo de vida: la base de todas las estrategias

A pesar de los avances quirúrgicos y farmacológicos, el consenso médico es claro: las intervenciones en el estilo de vida siguen siendo la piedra angular del tratamiento.

Ensayos clínicos como DiRECT demostraron que casi la mitad de los participantes logró remisión al año mediante una dieta muy baja en calorías, aunque solo una cuarta parte mantuvo la remisión a cinco años sin medicamentos.

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Diabetes en México y daño renal: el riesgo que va más allá de la glucosa Foto Canva

Otros programas, incluidos modelos comunitarios y virtuales, han reportado tasas de remisión superiores al 40% a los 12 y 18 meses, lo que refuerza el papel de la intervención conductual sostenida.

Para Rothberg, el orden de prioridades es fundamental: los cambios en el estilo de vida no deben verse como un complemento de los medicamentos, sino como su base

Un desafío más allá del consultorio

El debate actual ya no se centra solo en si la remisión es posible, sino en cómo sostenerla en el tiempo y cómo hacer accesibles estas intervenciones. Factores como:

  • Entorno social
  • Acceso a alimentos saludables
  • Acompañamiento médico continuo

influyen de forma decisiva en los resultados.

La diabetes tipo 2 ya no se percibe necesariamente como una enfermedad de progresión inevitable. Sin embargo, la evidencia también es clara: detener su avance requiere intervenciones intensivas, seguimiento constante y cambios sostenidos, no soluciones rápidas ni promesas absolutas.