Primeros auxilios psicológicos ante un temblor: cómo actuar y brindar apoyo emocional

Aprender a brindar apoyo emocional inmediato tras un temblor ayuda a reducir el impacto psicológico en niños, adultos y personas vulnerables.

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Primeros auxilios psicológicos ante un temblor. Foto: Canva.

Cuando ocurre un temblor, la atención suele centrarse en los daños físicos visibles: edificios colapsados, objetos caídos o personas heridas. Sin embargo, existe un impacto silencioso pero igualmente importante: el psicológico

Saber cómo brindar primeros auxilios psicológicos (PAP) puede marcar una gran diferencia en la forma en que las personas procesan la emergencia y comienzan a recuperarse emocionalmente.

Este tipo de apoyo es clave para disminuir el miedo, el desconcierto y la ansiedad inmediata que suelen aparecer tras un evento sísmico, especialmente en grupos vulnerables como niños, adultos mayores o personas que ya enfrentan problemas de salud mental.

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Primeros auxilios psicológicos ante un temblor. Foto: Canva.

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¿Qué es una crisis psicológica?

De acuerdo con una investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), una crisis psicológica es un estado temporal de desorganización emocional y mental que puede durar desde unas horas hasta un máximo de seis semanas.

Durante este periodo, la persona ve reducida su capacidad para afrontar situaciones específicas derivadas de una emergencia. Sus métodos habituales para resolver problemas resultan ineficaces, sobre todo en los primeros momentos posteriores al impacto.

Este estado se caracteriza por una intensa sensación de amenaza, vulnerabilidad o peligro inminente, lo que dificulta tomar decisiones racionales y actuar de forma adecuada.

No es simplemente “estar nervioso”: se trata de una alteración temporal de la estabilidad emocional que requiere contención, calma y apoyo inmediato.

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Primeros auxilios psicológicos ante un temblor. Foto: Canva.

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Cómo atender una crisis con primeros auxilios psicológicos

La UNAM explica que la atención en situaciones de crisis se desarrolla en dos etapas fundamentales:

1. Primeros Auxilios Psicológicos (PAP)

Consisten en una intervención emocional breve, inmediata y práctica, que se aplica durante las primeras horas (y hasta 72 horas) posteriores al evento traumático. 

Su objetivo es brindar contención, reducir el miedo, ofrecer información clara y conectar a la persona con su red de apoyo (familia, amigos, instituciones).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define los PAP como un conjunto de acciones humanas y de apoyo destinadas a aliviar el sufrimiento inmediato y a promover el funcionamiento adaptativo a corto y largo plazo.

 A diferencia de una terapia, no buscan analizar el trauma, sino estabilizar emocionalmente y restablecer la seguridad de la persona.

Los PAP pueden aplicarse incluso por personas no especialistas (docentes, brigadistas, personal de protección civil) que hayan recibido capacitación básica, siempre con empatía, escucha activa y sin hacer juicios.

2. Terapia de crisis

Es una intervención más profunda que se ofrece días o semanas después del evento, cuando se identifican secuelas emocionales persistentes, como insomnio, ataques de pánico, ansiedad crónica o depresión. 

Esta etapa requiere atención profesional por parte de psicólogos o psiquiatras capacitados en salud mental en situaciones de emergencia.}

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Primeros auxilios psicológicos ante un temblor. Foto: Canva.

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Durante el temblor: cómo contener la ansiedad en ti y en otras personas

Durante un temblor, el objetivo inmediato es preservar la seguridad física, pero también es posible ayudar a contener la ansiedad propia y ajena. Estas acciones simples pueden marcar la diferencia:

  • Mantén un tono de voz firme y sereno. Hablar con calma ayuda a que las demás personas imiten ese estado emocional.
  • Da instrucciones breves, claras y positivas (“ven conmigo”, “agáchate”, “espera a que pase”).
  • Evita gritar, correr o difundir rumores que puedan generar más pánico.
  • Si hay niños cerca, sostenlos, haz contacto visual y explícales que están a salvo y que el movimiento pasará pronto.
  • Una vez terminado el temblor, valida las emociones (“es normal tener miedo”, “ya pasó, ahora estamos seguros”).

Estas técnicas forman parte del enfoque que recomienda la OMS para reducir el impacto emocional de emergencias y proteger el bienestar mental en los minutos posteriores al evento.

Cómo explicar el sismo y evitar crisis psicológicas

La UNAM señala que, aunque en la práctica las emociones humanas no siempre siguen un orden predecible, dividir la intervención en fases ayuda a organizar la respuesta profesional y comunitaria. Este modelo se compone de cuatro etapas:

1. Preadvertencia

Implica educar a la población antes de que ocurra una crisis. Incluye simulacros, información sobre qué hacer durante un temblor, elaboración de planes familiares y enseñanza básica de primeros auxilios psicológicos. Esta fase fortalece la resiliencia individual y colectiva.

2. Advertencia

Se activa cuando hay señales de peligro inminente. Consiste en informar de forma clara y rápida las medidas de autoprotección (refugios, rutas de evacuación, protocolos de seguridad), reduciendo la incertidumbre que alimenta el miedo.

3. Impacto

Es el momento durante y justo después del sismo. Aquí se busca contener el malestar psicológico, mantener la calma y ofrecer ayuda práctica: agua, contacto con familiares, abrigo, silencio para descansar, y validación emocional.

4. Postimpacto

Comprende la atención inmediata y el seguimiento en los días posteriores. Aquí se evalúan posibles síntomas de estrés agudo o trastorno de estrés postraumático (TEPT) y se canaliza a los servicios de salud mental si es necesario.

Los primeros auxilios psicológicos ante un temblor son tan importantes como los físicos. Ayudan a evitar que el miedo se convierta en un trauma duradero y permiten que las personas recuperen el control tras una experiencia que puede resultar abrumadora.

Brindar calma, escuchar sin juzgar, ofrecer información veraz y conectar a las personas con sus redes de apoyo puede salvar no solo vidas físicas, sino también el bienestar emocional de quienes atraviesan una emergencia.