Una molécula podría hacer más seguros los medicamentos contra el dolor, según un estudio
Un estudio científico sugiere que una nueva molécula podría aliviar el dolor sin aumentar el riesgo de depresión respiratoria asociada a los opioides.

El alivio del dolor sigue siendo uno de los mayores retos de la medicina moderna. Aunque los opioides han sido durante décadas una herramienta clave para tratar dolores intensos —como los derivados de cirugías, cáncer o traumatismos—, su uso está acompañado de riesgos graves.
Entre ellos, uno de los más peligrosos es la depresión respiratoria, un efecto secundario que puede ser mortal y que ha contribuido a la crisis global de opioides.
En este contexto, un estudio reciente sugiere que podría ser posible diseñar medicamentos para el dolor que alivien sin aumentar el riesgo de depresión respiratoria, abriendo una ruta prometedora hacia analgésicos más seguros.

¿Qué son los opioides?
Los opioides son una clase de medicamentos y sustancias químicas que se utilizan principalmente para aliviar el dolor moderado a intenso. Actúan uniéndose a receptores específicos en el sistema nervioso —conocidos como receptores opioides— lo que reduce la transmisión de las señales de dolor hacia el cerebro y produce analgesia.
Estos compuestos pueden ser naturales, extraídos de la planta adormidera, o sintéticos y semi-sintéticos, creados en laboratorio. Entre los ejemplos más conocidos se encuentran la morfina, la codeína, la hidrocodona y el fentanilo —que también se emplean con receta médica para dolores intensos—, así como sustancias ilegales como la heroína.
Aunque son muy eficaces para el manejo del dolor, los opioides presentan riesgos importantes, como la dependencia y la adicción, porque también pueden provocar sensaciones de euforia y afectar funciones vitales como la respiración cuando se usan de forma inapropiada, indica MedlinePlus.
Un nuevo “mecanismo” para aliviar el dolor sin agravar los efectos secundarios
Investigadores de USF Health publicaron un estudio en el que describen que ciertas moléculas experimentales interactúan con los receptores opioides siguiendo un patrón distinto al de los opioides tradicionales.
La idea central es que estos compuestos pueden potenciar el alivio del dolor sin activar con la misma intensidad los mecanismos responsables de los efectos secundarios más peligrosos.
Para entenderlo de forma sencilla, hay que saber cómo funcionan los opioides clásicos. Medicamentos como la morfina o el fentanilo se unen a una proteína presente en las neuronas llamada receptor µ-opioide (MOR). Al activarlo, bloquean la transmisión de las señales de dolor hacia el cerebro, lo que produce analgesia.
Sin embargo, esa misma activación también desencadena otros efectos no deseados. Uno de los más graves es la depresión respiratoria, que ocurre cuando el sistema nervioso deja de responder de manera adecuada a la acumulación de dióxido de carbono en la sangre.
En términos simples, el cuerpo “olvida” respirar con normalidad, lo que puede llevar a una sobredosis fatal. El equipo liderado por Laura M. Bohn, Ph.D., explicó que no todas las formas de activar el receptor µ-opioide son iguales.
El estudio sugiere que el receptor puede activarse de distintas maneras y que algunas de estas formas mantienen el efecto analgésico, pero sin encender con la misma fuerza los procesos que afectan la respiración.
Aunque el trabajo aún se encuentra en fase experimental y se basa en modelos de laboratorio, plantea una alternativa novedosa para el desarrollo de futuros analgésicos.

¿Qué dicen otros enfoques científicos recientes?
El trabajo de USF no es un caso aislado. En los últimos años, distintos grupos de investigación han explorado estrategias para mitigar los riesgos asociados a los analgésicos potentes, especialmente los opioides.
Alternativas “no tradicionales” para el dolor
Un estudio publicado por la University of Florida propuso el uso de un compuesto que activa de forma selectiva receptores opioides delta, en lugar del receptor µ.
En modelos experimentales, este enfoque logró aliviar el dolor sin provocar los efectos más peligrosos asociados a los opioides clásicos, como la depresión respiratoria o el potencial adictivo.
Esta línea de investigación sugiere que redirigir los medicamentos hacia mecanismos distintos podría ofrecer alivio eficaz del dolor sin los riesgos que han marcado el uso de opioides durante décadas.
Otros compuestos experimentales con mejor perfil de seguridad
Además, diversos grupos científicos han explorado los llamados “agonistas sesgados” (biased agonists), compuestos diseñados para activar solo ciertas vías internas del receptor µ-opioide.
El objetivo es que la célula priorice la analgesia y reduzca la activación de las rutas que llevan a efectos secundarios.
Algunas de estas moléculas han mostrado, en estudios preclínicos, menores niveles de depresión respiratoria en modelos animales, aunque todavía no están aprobadas para uso en humanos y requieren ensayos clínicos exhaustivos.

¿Cuál es la relevancia actual de los opioides?
La importancia de estas investigaciones se entiende mejor al observar el contexto global. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el dolor crónico afecta a millones de personas en el mundo y representa una de las principales causas de discapacidad.
Al mismo tiempo, el uso de opioides se ha convertido en un problema de salud pública por su asociación con dependencia, sobredosis y muerte. Estudios como el de USF buscan romper el llamado “dilema opioide”: cómo ofrecer alivio eficaz del dolor sin poner en riesgo la vida del paciente.
Estos avances no solo beneficiarían a personas con dolor crónico, sino también a pacientes que enfrentan cirugías, cáncer, traumatismos graves o cuidados paliativos, quienes actualmente dependen de medicamentos con perfiles de riesgo elevados.

¿Qué falta para que estos hallazgos lleguen a la clínica?
A pesar del optimismo que generan estos resultados, los especialistas coinciden en que el camino hacia medicamentos más seguros aún es largo. Para que estas moléculas experimentales lleguen a los pacientes, será necesario:
- Realizar ensayos clínicos en humanos que demuestren eficacia y seguridad real.
- Evaluar cómo interactúan estos compuestos con otros medicamentos y con distintas condiciones de salud.
- Estudiar su impacto a largo plazo, incluyendo riesgos de dependencia, tolerancia y efectos neurológicos.
Hasta ahora, la evidencia disponible proviene principalmente de estudios de laboratorio y modelos animales. Por ello, los resultados deben validarse cuidadosamente antes de considerarse opciones terapéuticas viables.
La investigación científica realizada por USF Health, abre una nueva forma de entender cómo los analgésicos opioides podrían actuar de manera más segura al modificar la señalización de sus receptores.
Sin embargo, los expertos subrayan que no se trata de una solución inmediata. El desarrollo de medicamentos realmente efectivos y con menos consecuencias requiere años —incluso décadas— de investigación clínica y farmacológica.
Por ahora, estos hallazgos representan un paso importante para reducir el riesgo de efectos adversos sin renunciar al alivio del dolor en millones de personas.
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