Desconexión II. El claroscuro de la interpretación
Los seres humanos somos complejos en materia de comunicación.

Paola Domínguez Boullosa
La coach
A quien teme preguntar, le avergüenza aprender.
Proverbio danés
Cada parte del proceso neurológico que utilizamos para entender lo que el otro quiere comunicarnos puede ser fácilmente sesgado por nuestra visión particular del mundo. Los mensajes no los percibimos siempre con la fidelidad de su origen, sino que, la mayoría de las veces, los construimos a través de nuestros filtros personales.
Para la compresión de un mensaje, la interpretación juega un papel fundamental y profundamente sensible. La interpretación es el proceso mediante el cual el receptor (quien escucha/lee) le da significado a un mensaje. Interpretar no es sólo entender las palabras, sino concluir qué quiere decir, qué intención tiene, qué implica y qué me pide o qué me provoca. Porque en comunicación no reaccionamos sólo a lo que se nos dijo, sino a lo que creemos que significa, por eso entre dos personas escuchando lo mismo pueden interpretarlo diferente generando: acuerdos tácitos, desacuerdos, malentendidos, conflictos o distancia emocional.
La sensibilidad de la interpretación surge porque todos los seres humanos, para comprender los significados, partimos desde nuestros propios filtros o marcos de referencia: el estado emocional, nuestra historia, las expectativas, la autoimagen, la relación con el emisor, nuestra cultura y creencias normativas. Ahora bien, ¿por qué se malinterpretan los mensajes?, porque la mente escucha una cosa y lee otra, lo personaliza, lo negativiza, lo generaliza y peor aún, busca en el mensaje confirmar todo lo anterior. Ejemplo típico: “seguro lo dijo para herirme” o “siempre me pasa lo mismo”.
Y sí, todos quisiéramos que se nos entendiese y, probablemente, entender al otro, y sí, dudamos de habernos expresado bien y también, muchas veces, desestimamos la capacidad de comprender del otro o de justificar en silencios lo que consideramos, o consideran, que debió de quedar entendido. También los hay quienes creen que el otro tiene una esfera predictiva que puede acceder a la mente e intención del otro, nada más fuera de la realidad, pero no por ello deja de creerse. Y así, entre el que personaliza, entre el que siente que se explicó con claridad, entre el que no le quedó claro o no entendió y que ni pregunta ni aclara ni confirma… y, entre el que creyó que el otro debió entender o bien, debimos de haber inferido por ósmosis su mensaje... y de más impertinencias de la comunicación práctica; los seres humanos vivimos pensando y sintiendo o que no nos entienden o que no podemos entender a los demás, y lo peor es que todas estás inferencias generan daños emocionales, sociales, económicos y pérdidas de tiempo innecesarias.
Los seres humanos somos complejos en materia de comunicación, no porque no sepamos cómo hacerlo, sino porque no asumimos con suficiente responsabilidad el poder de nuestro lenguaje, el verbal y el no verbal, los contextos y los filtros de cada uno. Y créame, mi querido lector, que para conducirse en esta vida de la manera más clara, precisa, responsable y libre hay que saber entender y hacerse entender.
En las empresas –en los grupos de trabajo, socios, colaboradores–, en las amistades y en la familia... tiene que quedar claro el medio, el objetivo del mensaje y la confirmación del entendido. Simplemente por respeto, porque nos lo debemos a nosotros mismos y se lo debemos a los demás. Por eso, el primer hábito que se podría practicar diariamente es el de renunciar a la ficción de la inferencia, a la interpretación sesgada y enfocarnos en la realidad, en los hechos y practicar la curiosidad sana de comprender a cabalidad al otro y preguntar con intención para poder confirmar, o no, lo que hemos entendido e insisto, hacernos entender.
Decía Carl Rogers que ser comprendido transforma… y llevaba razón. El ser entendido no es un lujo, es una necesidad psicológica, estamos destinados a entendernos. Todo lo demás está fuera del grado humanista. Por eso mejor verifique-confirme y aléjese de las suposiciones. Sólo piense cuánto podría mejorar su vida con ese simple hábito… Como siempre, usted elige.
¡Felices conexiones, felices vidas!