¿Los focos afectan tu metabolismo? Lo que investiga la ciencia sobre la luz y la glucosa
Estudios exploran cómo la luz roja, natural y nocturna influye en la glucosa, pero no prueban que los focos LED causen diabetes

La luz que recibimos puede influir en cómo nuestro organismo regula la glucosa, una relación que los científicos estudian desde distintos ángulos: qué ocurre cuando dormimos con iluminación, cuánto importa recibir luz natural durante el día y cómo responden nuestras células a determinadas longitudes de onda.
Estas investigaciones han abierto preguntas sobre los ambientes en los que pasamos buena parte de nuestra vida. Sin embargo, los resultados disponibles no permiten concluir que el foco de la sala esté dañando nuestro metabolismo ni que sustituirlo por una lámpara roja prevenga enfermedades.
Detrás de esa discusión hay experimentos prometedores, aunque todavía pequeños, y mecanismos distintos que conviene separar para entender qué encontraron los investigadores.
¿Qué relación tiene la luz con las mitocondrias?
Las mitocondrias participan en la producción de ATP, una molécula que las células utilizan para realizar sus funciones. Para obtener esa energía recurren a procesos metabólicos en los que intervienen nutrientes y oxígeno; algunos investigadores estudian cómo la luz roja y el infrarrojo cercano pueden modificar su actividad.
Esta línea de trabajo se conoce como fotobiomodulación y utiliza exposiciones controladas a determinadas longitudes de onda. No equivale a afirmar que las personas hacemos fotosíntesis o que la luz puede reemplazar los alimentos.
Michael Powner y Glen Jeffery, investigadores de City, University of London y University College London, han planteado que estimular la actividad mitocondrial podría aumentar el consumo de glucosa. También consideran necesario investigar las consecuencias de vivir en ambientes con una composición luminosa diferente a la del exterior.

El experimento con luz roja que encontró cambios en la glucosa
En un estudio publicado en 2024 en Journal of Biophotonics, Powner y Jeffery trabajaron con 30 personas sanas, divididas en dos grupos. Quince recibieron luz roja de 670 nanómetros sobre la espalda durante 15 minutos, mientras que las otras participaron en una intervención sin iluminación.
Después realizaron una prueba de tolerancia a la glucosa. Los investigadores observaron una reducción del 27.7% en la elevación de glucosa acumulada durante las dos horas de seguimiento, una medida que no significa que el azúcar en sangre bajara ese porcentaje de forma permanente.
El alcance del hallazgo es limitado: participaron personas sin diabetes y se evaluó una respuesta breve. Los propios autores señalaron que todavía faltaba establecer si el resultado podía trasladarse al tratamiento de quienes viven con esa enfermedad.
¿Eso significa que los focos LED son dañinos?
El experimento no comparó hogares con diferentes bombillas ni siguió durante años a sus habitantes para saber quién desarrollaba diabetes. Por eso, observar un efecto favorable de una exposición específica no demuestra que carecer de ella provoque una enfermedad.
Además, LED es una tecnología, no un único tipo de luz. El Departamento de Energía de Estados Unidos explica que puede producir iluminación blanca mediante distintas combinaciones de colores o materiales que transforman la emisión, por lo que su composición depende del diseño.
De hecho, el dispositivo utilizado en el experimento de luz roja también empleaba LED. Esto ayuda a entender por qué importa precisar la longitud de onda, la intensidad y el tiempo de exposición, en lugar de colocar todas las lámparas en una misma categoría.

La hora de encender la luz también importa
Otra línea de investigación analiza la iluminación durante el sueño. Un estudio de Northwestern University, publicado en PNAS en 2022, encontró que dormir una noche con iluminación ambiental moderada, frente a una condición de luz tenue, aumentó la resistencia a la insulina a la mañana siguiente.
La insulina ayuda a que la glucosa entre en las células; cuando su acción se vuelve menos eficaz, el organismo necesita compensar esa respuesta. El estudio identificó una alteración aguda, pero no demostró que una noche con la lámpara encendida cause diabetes.
Los autores señalaron que todavía era necesario investigar las consecuencias de una exposición nocturna sostenida. Esta pregunta se relaciona con la regulación del sueño y los ritmos biológicos, y debe distinguirse de los experimentos que aplican luz roja sobre la piel.
La luz natural abre otra pregunta sobre nuestros espacios
Un ensayo publicado en Cell Metabolism en enero de 2026 evaluó a 13 personas con diabetes tipo 2, quienes pasaron por dos condiciones: luz natural a través de ventanas e iluminación artificial constante durante el horario de oficina, durante cuatro días y medio en cada caso.
El trabajo reportó mejoras en indicadores de regulación de glucosa y utilización de grasas con luz natural. Aunque aporta evidencia sobre la importancia del entorno, su tamaño y duración impiden convertirlo en una receta universal o atribuir los resultados únicamente a la luz roja.
La pregunta útil, por ahora, va más allá de elegir un foco: incluye qué luz recibimos, a qué hora y durante cuánto tiempo. Los hallazgos justifican seguir investigando esas condiciones, pero todavía no respaldan comprar una lámpara como tratamiento para la diabetes ni afirmar que la iluminación doméstica causa demencia.
bgpa