Estudio revela cómo la grasa intestinal 'enciende' la inflamación celular y causa obesidad
Un estudio revela que la grasa epiploica que rodea al colon actúa como un sensor inflamatorio capaz de acelerar la obesidad cuando la barrera intestinal se debilita

La obesidad y la acumulación de grasas abdominales son motivos de preocupación general; sin embargo, un estudio reciente revela que el colon guarda un secreto inflamatorio determinante para el bienestar.
La grasa no representa solo una reserva de energía, sino que constituye un factor metabólico activo que influye directamente en el desarrollo de la obesidad.
Esta investigación detalla el comportamiento de los depósitos grasos y demuestra que este tejido funciona como un centro de mando para el sistema inmunitario. Cada estrato graso desempeña una función biológica distinta y específica dentro del organismo.

¿Cuántos depósitos de grasa existen en el cuerpo?
El estudio publicado en Cell Metabolism identifica cinco zonas clave en el abdomen que cumplen funciones de protección mecánica y vigilancia inmunitaria. Estas capas forman un sistema organizado donde nacen y maduran nuevas células de defensa.
Las diferentes secciones de grasa abdominal no se distribuyen al azar, sino que proporcionan soporte y resguardo estructural al sistema digestivo. Su ubicación exacta determina la manera en que interactúan con el metabolismo de cada individuo.
- Subcutánea: Se localiza justo bajo la piel; representa la mayor reserva energética y es la más evidente de forma física.
- Omental: Tejido visceral que recubre los órganos; se vincula estrechamente con la resistencia a la insulina, la hormona encargada de regular los niveles de azúcar en la sangre.
- Mesentérica y mesocólica: Ubicadas cerca de los intestinos, otorgan estabilidad y protección a todo el sistema entérico, el "segundo cerebro" que regula la digestión.
- Epiploica: Pequeños sacos adheridos al colon que responden con inflamación inmediata si detectan cambios bruscos en el entorno.

¿Cuál es la grasa más inflamatoria?
La grasa epiploica, que rodea al intestino grueso, resulta ser la más activa al generar señales inflamatorias potentes. Este depósito posee unidades celulares especializadas que se activan ante la presencia de toxinas.
Dicho tejido funciona como un sensor de los eventos ocurridos en el sistema digestivo y actúa como un puente entre las bacterias y las defensas. Su respuesta química tiene la capacidad de alertar a todo el sistema inmunitario del organismo.
Así es como actúa este tipo de grasa:
- Células AdipoSAA: Adipocitos únicos que producen proteínas de alerta máxima al detectar situaciones de peligro.
- Respuesta a toxinas: Reaccionan al contacto con componentes bacterianos mediante la activación de una defensa química inmediata.
- Comunicación activa: Es el depósito con los diálogos celulares más intensos, capaces de alterar el equilibrio biológico y provocar inflamación crónica.

¿Cómo influye la grasa del colon en el desarrollo de la obesidad?
La obesidad altera la barrera natural del intestino, lo que permite que residuos microbianos viajen a través del torrente sanguíneo. Este proceso enciende la inflamación en la grasa colónica de una forma sumamente nociva.
El intercambio constante de señales entre el colon y el tejido graso circundante empeora la condición si la barrera intestinal falla. Esto genera un ciclo de aumento de peso difícil de interrumpir debido al estrés biológico que sufre el tejido afectado.
Estas son las claves del desarrollo de la obesidad en este contexto:
- Ciclo inflamatorio: La proximidad con bacterias intestinales favorece el daño metabólico y la acumulación desmedida de tejido graso.
- Señales persistentes: La activación constante de proteínas de alerta facilita la ganancia de kilos de manera continua.
- Falla de barrera: El paso de toxinas al exterior del intestino acelera la remodelación ineficiente de la energía corporal.

¿Cómo evitar la obesidad y el consumo de excesivo de grasa?
Para frenar este avance, que afecta al 62.5% de los adultos en América Latina, se requiere la elección de alimentos con menor densidad calórica. Hábitos sencillos evitan que las células grasas permanezcan en un estado de alerta constante, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Cocinar de manera inteligente reduce la carga de grasas saturadas en el organismo. Resulta preferible emplear métodos como la cocción al vapor o a la plancha para mantener el equilibrio metabólico y proteger la salud cardiovascular.
Así se puede evitar el consumo excesivo de lípidos y prevenir la obesidad, según MedlinePlus:
- Evitar excesos: Limitar la ingesta de carnes grasas, embutidos y harinas refinadas que carecen de valor nutritivo real.
- Bebidas saludables: Sustituir los refrescos por agua natural evita el ingreso de azúcar oculta en los líquidos de consumo diario.
- Lectura de etiquetas: Identificar niveles bajos en grasas saturadas y optar preferentemente por productos lácteos descremados.
Comprender que la grasa intestinal inflama al organismo permite tomar decisiones diarias más conscientes sobre la nutrición. Equilibrar el metabolismo depende directamente de cómo se alimente este centro de comunicación inmunológica.
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