El valor estratégico de los Institutos Nacionales de Salud

Juana Ramírez

Juana Ramírez

El arco de Juana

El sistema de salud mexicano tiene muchas deudas, pero también tiene joyas. Los Institutos Nacionales de Salud son una de ellas. En sus laboratorios se produce conocimiento, en sus camas y quirófanos se enfrentan los casos más complejos del país y se forman los médicos que sostendrán el sistema durante las próximas décadas. 

La Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (CCINSHAE), agrupa 19 centros médicos de gran relevancia: los Institutos de Rehabilitación, Pediatría, Perinatología, Nutrición, Cardiología, Enfermedades Respiratorias, Neurología y Neurocirugía, Oncología, Psiquiatría, Medicina Genómica, Geriatría, Salud Pública y los hospitales Federico Gómez, General de México, Juárez de México, Manuel Gea González, Nacional Homeopático, Juárez del Centro y el Hospital de la Mujer. En esta arquitectura institucional recae una parte esencial del conocimiento médico del país.

La CCINSHAE, a través de sus instituciones, debe cumplir tres funciones críticas: la atención de pacientes de alta especialidad con enfermedades complejas, la formación de especialistas para nutrir al sistema de salud y la investigación biomédica que genera una proporción muy significativa de las publicaciones científicas médicas mexicanas indexadas internacionalmente, además de ser centros clave para la vigilancia epidemiológica, la innovación terapéutica y la formación de investigadores. En la CCINSHAE trabajan miles de investigadores, clínicos y especialistas. Son, en muchos sentidos, el equivalente mexicano de los grandes centros académicos hospitalarios del mundo. Pero sostener ese modelo requiere liderazgo, financiamiento y una visión de largo plazo.

En entrevista especial para Health Café, hablé con su nuevo titular, el doctor Carlos Hinojosa Becerril, médico cirujano vascular con una larga trayectoria dentro del sistema de salud. Su carrera se ha construido en el ámbito institucional, en la gestión hospitalaria y en la coordinación de servicios de alta complejidad. No llega desde la política ni desde el sector privado: llega desde la práctica clínica y la investigación en salud pública.

La CCINSHAE hoy enfrenta desafíos estructurales que llevan años acumulándose. El primer reto es financiero porque, como mencioné antes, aunque los Institutos Nacionales de Salud concentran una parte fundamental de la investigación biomédica en México, operan con presupuestos limitados frente a una demanda creciente de pacientes con enfermedades complejas.

El segundo reto es justamente la presión asistencial. Estas instituciones funcionan como hospitales de referencia nacional, lo que significa que reciben casos de todo el país, muchos que ya han agotado las opciones diagnósticas y terapéuticas en otros niveles de atención. El resultado es previsible: saturación, listas de espera y presión constante sobre los equipos médicos.

El tercer reto es científico. En un mundo donde la medicina avanza a velocidad exponencial –genética, genómica, terapias dirigidas, cirugía robótica, inteligencia artificial clínica, entre otras– estas instituciones necesitan fortalecer su infraestructura y capacidad de investigación, vinculación internacional y transferencia de conocimiento, porque para ellos no basta con atender pacientes, también deben producir ciencia.

Por eso la pregunta de fondo no es sólo administrativa, es estratégica: ¿Queremos que los Institutos Nacionales de Salud sean hospitales que sobrevivan con recursos limitados? o, por el contrario, ¿Queremos que se consoliden como centros de excelencia científica capaces de competir globalmente?

La respuesta definirá no sólo el futuro de estas instituciones, también el rumbo de la medicina mexicana. Porque en estas instituciones se define algo más que tratamientos: se decide el conocimiento médico del país. Hay hospitales en los que se atienden pacientes y otros en los que, además, se escribe la historia de la medicina. En México, los Institutos Nacionales de Salud son la memoria científica del país y la fábrica de su medicina futura.

México puede decidir que sus Institutos Nacionales de Salud sean hospitales que sobreviven, o bien que sean centros de ciencia médica capaces de competir con los mejores del mundo. La diferencia entre una opción y otra no es técnica; es política. Debilitarlos sería un error histórico. Fortalecerlos, en cambio, sería una de las decisiones más inteligentes que México podría tomar para su sistema de salud.

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