¿Debilidad, mareos y palidez? ¡Podrían ser signos tempranos de anemia ferropénica!
Alrededor del 25% de la población mundial enfrenta anemia ferropénica, deficiencia de hierro que se manifiesta con síntomas como fatiga, mareos y piel pálida.

La falta de hierro no es solo un problema de alimentación: es una condición que puede cambiar por completo tu salud, ya que afecta a una de cada cuatro personas en el mundo.
Aunque sus primeros síntomas suelen ser leves —como el cansancio o la dificultad para concentrarse—, su evolución puede llevar a una anemia ferropénica que limita la energía, reduce el rendimiento físico y deteriora la calidad de vida.
¿Qué es la deficiencia de hierro?
La deficiencia de hierro es uno de los problemas nutricionales más frecuentes a nivel mundial. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a más de 2 mil millones de personas, lo que representa cerca del 25% de la población global.
Cuando la falta de hierro compromete la producción adecuada de glóbulos rojos, se desarrolla una condición conocida como anemia ferropénica.
Esta enfermedad ocurre porque el cuerpo no tiene suficiente hierro para producir hemoglobina, la proteína encargada de transportar oxígeno en la sangre. Sin la cantidad adecuada, los tejidos y órganos reciben menos oxígeno, lo que afecta funciones vitales.

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Síntomas de falta de hierro: señales tempranas que no debes ignorar
La deficiencia de hierro no aparece de forma repentina, sino que progresa lentamente. Al principio, el cuerpo utiliza sus reservas de hierro almacenadas, pero cuando estas se agotan, los niveles de ferritina (la proteína que almacena hierro) comienzan a disminuir.
Este déficit impacta directamente en la producción de glóbulos rojos, lo que puede provocar una amplia gama de síntomas. De acuerdo con MedlinePlus, estos son algunos de los más comunes en las primeras etapas:
- Cansancio o debilidad persistente, incluso después de descansar.
- Dolores de cabeza frecuentes.
- Mareos o sensación de desequilibrio.
- Palpitaciones o latidos cardíacos acelerados.
- Dificultad para concentrarse o pensar con claridad.
Cuando la anemia avanza, los síntomas se intensifican y pueden incluir:
- Uñas frágiles o quebradizas.
- Tono azulado en la parte blanca de los ojos.
- Deseo de consumir sustancias no alimenticias, como hielo (pica).
- Mareos al ponerse de pie.
- Palidez en la piel.
- Falta de aire o dificultad para respirar.
- Dolor o inflamación en la lengua.
- Úlceras bucales.
- Movimientos involuntarios en las piernas durante el sueño (síndrome de piernas inquietas).
- Caída del cabello.
En algunos casos, la anemia se asocia con pérdidas de sangre internas o externas, lo que puede manifestarse como heces oscuras o con sangre, sangrados menstruales abundantes o dolor abdominal relacionado con úlceras.

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Causas más comunes según el grupo de población
No todas las personas desarrollan deficiencia de hierro por las mismas razones. A continuación, se explican las causas más frecuentes en distintos grupos poblacionales:
1. Menstruación abundante
Las mujeres en edad fértil con menstruaciones prolongadas o intensas (menorragia) están entre las más vulnerables. La pérdida excesiva de sangre reduce las reservas de hierro más rápido de lo que el organismo puede reponerlas, lo que con el tiempo causa síntomas como cansancio crónico, palidez o falta de concentración.
2. Embarazo
Durante el embarazo, el cuerpo necesita más hierro para producir sangre adicional y mantener el desarrollo del feto y la placenta. Si la dieta no cubre esa demanda o no se utiliza suplementación supervisada, puede desarrollarse anemia ferropénica, con riesgos tanto para la madre como para el bebé.
3. Dietas restrictivas o mal planificadas
Personas vegetarianas o veganas, o aquellas que reducen drásticamente el consumo de carne roja, tienen un mayor riesgo, ya que el hierro vegetal (no hemo) se absorbe con menor eficacia. Combinarlos con alimentos ricos en vitamina C (como cítricos o tomate) mejora la absorción.
4. Atletas y personas muy activas
Quienes realizan actividad física intensa, especialmente deportistas de resistencia, pueden perder hierro a través del sudor, el desgaste celular y el aumento de demanda de oxígeno. Esto puede causar anemia del deportista, afectando el rendimiento y la recuperación.
5. Enfermedades intestinales
Enfermedades como la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), la celiaquía o cirugías gastrointestinales pueden reducir la capacidad de absorción del hierro. Además, los sangrados crónicos asociados con estas condiciones también contribuyen al déficit.

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Alimentos ricos en hierro y cómo mejorar su absorción
De acuerdo con el Manual MSD, existen dos tipos de hierro en los alimentos:
- Hierro hemo: presente en productos animales como carne, pollo y pescado. Se absorbe con facilidad.
- Hierro no hemo: presente en alimentos vegetales y suplementos, pero se absorbe en menor cantidad.
Fuentes ricas en hierro incluyen:
- Carnes rojas y vísceras (el hígado es especialmente rico).
- Pollo y pavo.
- Pescado.
- Lentejas, frijoles, garbanzos y soya.
- Pan integral, avena y legumbres.
Fuentes de vitamina C que mejoran la absorción:
- Naranja, toronja y kiwi.
- Fresas.
- Tomates.
- Brócoli.
Es recomendable evitar el consumo excesivo de café, té o lácteos en las comidas principales, ya que pueden interferir en la absorción del hierro.
Cuándo sí necesitas suplementación y cuándo acudir al médico
El tratamiento para la deficiencia de hierro combina una dieta adecuada con el uso de suplementos orales, generalmente a base de sulfato ferroso, para reponer las reservas del organismo.
Antes de iniciar el tratamiento, el médico debe realizar un análisis de sangre para evaluar los niveles de hierro, ferritina y hemoglobina. En casos de intolerancia al hierro oral, puede recurrirse a la administración intravenosa o a inyecciones intramusculares.
La mayoría de las personas nota mejoría en unas seis semanas de tratamiento. Sin embargo, es recomendable continuar la suplementación durante varios meses más para restablecer completamente las reservas.
Aunque en general se toleran bien, los suplementos pueden provocar náuseas, vómitos o estreñimiento. Por ello, siempre deben tomarse bajo supervisión médica, especialmente en mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas o pacientes que reciben otros tratamientos.
La deficiencia de hierro es un problema de salud global que puede prevenirse y tratarse con un diagnóstico oportuno, una alimentación adecuada y, en algunos casos, suplementación.
La clave está en detectar los síntomas tempranos, identificar las causas subyacentes y consultar a un profesional de la salud antes de que la enfermedad avance.
Detectarla y tratarla a tiempo no solo mejora la calidad de vida, sino que también reduce el riesgo de complicaciones a largo plazo, especialmente en mujeres, niños y personas con enfermedades crónicas.
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