“El país en plena normalidad”
López Obrador dejó varias “bombas de tiempo” a su sucesora: endeudando al país como nunca para comprar votos y asegurar la elección, la corrupción de la política en general representada por los mismos líderes de su partido y sus allegados convertidos en multimillonarios gracias a las inoperantes obras faraónicas, el huachicol fiscal y de gasolina...

Carlos Kenny Espinosa Dondé
Editorial
Ayer fue abatido por el Ejército mexicano el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera, El Mencho. Se confirma que la infame política de “abrazos, no balazos” ha pasado a la historia como una de las incongruencias que prácticamente entregó estados enteros a los grupos del crimen organizado. Hay que reconocer que se está haciendo mucho más en un año en el poder de lo que se hizo en el sexenio anterior, aunque no sabemos si es por convicción propia o por presiones de Estados Unidos.
La respuesta fue inmediata: bloqueos de caminos y carreteras en ciudades y pueblos utilizando camiones y autos incendiados de los que fueron despojados personas inocentes, destrucción de negocios en Colima, Michoacán, Jalisco, Oaxaca, Tamaulipas, Querétaro, Guerrero, Sinaloa, Veracruz, Guanajuato, Nayarit, Baja California, Quintana Roo, Puebla, Nuevo León, Aguascalientes y hasta los alrededores de la CDMX, al momento de escribir este artículo.
Los ciudadanos están padeciendo la suspensión de actividades públicas y clases en todos los niveles, vuelos cancelados desde y hacia Guadalajara, Puerto Vallarta, Colima, Tepic y varios más, corte de rutas —no sólo con vehículos incendiados sino con civiles armados—, poncha llantas, amenazas en redes sociales. Millones de mexicanos, junto con miles de turistas extranjeros, están viviendo lo que sienten los sinaloenses todos los días desde hace un año y medio. Este domingo ha hecho que el culiacanazo en septiembre de 2019 —cuando fue detenido Ovidio Guzmán y liberado por órdenes de López Obrador— parezca un pequeño incidente.
Los mexicanos ya estamos hartos de salir a la calle con miedo y dudando si vamos a regresar a nuestros hogares. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública, hecha por el Inegi y aplicada en septiembre de 2025, 63% de los ciudadanos urbanos mayores de 18 años (68.2% mujeres y 56.7% hombres) consideran que es inseguro vivir en sus ciudades; en Sinaloa, la cifra aumenta a más de 88 por ciento. Les aseguro que si la encuesta se aplicara hoy, las cifras serían aún más alarmantes. Decenas de gobiernos extranjeros han lanzado alertas a sus ciudadanos que se encuentran en México o piensan visitarlo, justamente a tres meses del inicio del Mundial de Futbol que, dicho sea de paso, podría estar en riesgo de celebrarse en el país.
López Obrador dejó varias “bombas de tiempo” a su sucesora: endeudando al país como nunca para comprar votos y asegurar la elección, la corrupción de la política en general representada por los mismos líderes de su partido y sus allegados convertidos en multimillonarios gracias a las inoperantes obras faraónicas, el huachicol fiscal y de gasolina aunado a los contubernios con empresarios y criminales, la inseguridad jurídica provocada por la reforma judicial, la crisis sanitaria por falta de insumos y medicinas, el brote de sarampión y la gran crisis de seguridad prevalente en todo el país, entre otras.
En redes sociales la Presidenta pidió a los mexicanos “estar informados y en calma” y dijo que “en la mayor parte del territorio nacional se desarrollan actividades con plena normalidad”. Esta normalidad está muy lejos de lo que claman los mexicanos y está fallando en su misión primigenia de brindar protección a todos. Ojalá y los mexicanos se informen y en la siguiente elección hagan sus votos muy conscientes de lo que está sucediendo en el país.
Éste debería de ser un día de festejo, eliminar a uno de los criminales más peligrosos del país no es poca cosa. Desafortunadamente, estamos muy lejos de que sea el final de la lucha contra el crimen organizado, el temor que sentían algunos ya lo estamos sintiendo en muchas partes del país, pero es parte del precio que tenemos que pagar para poder librarnos de una vez por todas de el yugo de la inseguridad que lleva tantos años creciendo en México. La única manera de hacerlo será con el cumplimiento de la ley, sin favores ni excepciones, tanto en el gobierno federal como en los estatales. Y que los cómplices de esos delincuentes, sean quienes sean, se enfrenten a la justicia en cualquier lugar del mundo. México ya lo merece, hemos sufrido demasiado.