Domingo aterrador
Las preguntas inmediatas son: ¿qué vendrá ahora que el líder fue abatido? ¿Quiénes buscarán sucederlo? ¿Habrá alguna reorganización territorial, luchas y reacomodos? Lo cierto es que, más allá de las respuestas a estos cuestionamientos, la gran interrogante es: ¿puede México mantener una dinámica como la que hasta ahora ha imperado?

Armando Ríos Piter
Editorial
Es triste, pero cierto. La clase política del país se encuentra depreciada desde hace muchos años. En su momento, las críticas fueron al PRI y al PAN. Hoy son a Morena. No obstante, el sentir de la sociedad mexicana en torno a sus liderazgos es el mismo. “No dan el ancho”, “sólo ven por sus intereses”, “la corrupción los carcome”. ¿Qué hacer frente a esta situación?
El 2026 no ha traído buenas noticias de cohesión para el grupo que detenta el poder en México. A la renuncia de Adán Augusto como coordinador de Morena le sucedió la presentación del libro Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer, con señalamientos de corrupción en la cúpula obradorista, de personajes tan relevantes como Jesús Ramírez. A la pifia del tristemente célebre Marx Arriaga atrincherado en su oficina de la SEP le siguieron los audios del contraalmirante de la Secretaría de Marina, Fernando Rubén Guerrero Alcantar, quien fue asesinado tras presentar un informe detallado a sus superiores sobre “una red de corrupción masiva vinculada al huachicol fiscal”. Conforme las tropelías de sus cercanos salen a flote, la imagen del “otrora impoluto” mandatario se deteriora de forma acelerada.
Los conflictos al interior de Morena apenas inician, aunque el desgaste presenta velocidades inusitadas. La soberbia —e indolencia— en el ejercicio del poder cada vez encuentra ejemplos más escandalosos. Frente a ejemplos como el del Cuauh en pleno juego de tenis durante una votación en comisión legislativa o la fotografía de Fernandez Noroña con boca abierta y sueño profundo en pleno vuelo de primera clase, las incongruencias afloran de forma dramática. Esta vez tocó el turno al diputado Sergio Mayer, quien pidió licencia para participar en La Casa de los Famosos.
Tras pedir licencia y dejar su curul, el actor de Sólo para mujeres escribió: “La coyuntura social y política con EE UU nos invita a hacer una reflexión de nuestra relación con ese país. Estoy convencido de que, a través de los nuevos canales de comunicación, como son los reality shows y las redes sociales, podemos mandar mensajes concretos y contundentes sobre la importancia de la cultura latina”. Difícilmente podría encontrarse alguna justificación más elocuente en su engaño ni más carente de vergüenza.
Ésa es la imagen que irradia la actual clase política. ¿Podemos sentirnos seguros con que ese tipo de liderazgos guíe a nuestro país? ¿Son esos los valores que queremos se difundan en nuestra patria? ¿Qué hacer para que esto cambie?
Las preguntas me surgen justo porque, cuando hago este artículo, las redes estallan con decenas de videos de vehículos y camiones que arden en fuego. Imágenes de hombres armados que bajan a conductores de sus autos; personas que corren despavoridas en un aeropuerto; pacientes confundidos y asustados al ser desalojados de un hospital.
El operativo realizado contra Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder fundador del CJNG, en la zona serrana del municipio de Tapalpa, provocó reacciones en amplias regiones del país. En los estados de Jalisco, Michoacán, Colima, Guerrero, Quintana Roo, Nayarit, Guanajuato, Tamaulipas e incluso Zacatecas y Aguascalientes. Las preguntas inmediatas son: ¿qué vendrá ahora que el líder fue abatido? ¿Quiénes buscarán sucederlo? ¿Habrá alguna reorganización territorial, luchas y reacomodos?
Lo cierto es que, más allá de las respuestas a estos cuestionamientos, la gran interrogante es: ¿puede México mantener una dinámica como la que hasta ahora ha imperado? ¿Pueden mantenerse municipios como el de Tequila, donde hasta hace algunas semanas el propio presidente municipal se refería a Nemesio Oseguera como ·”el patrón”? ¿Pueden seguir al frente de gobiernos estatales personas a las que se les señala como aliados del crimen? ¿Cómo evitar que, en lo sucesivo, el dinero sucio y la violencia se sobrepongan a los intereses sociales?
A unas horas de que sea presentada la reforma electoral, el gobierno no alcanza a convencernos sobre la legitimidad de su propuesta. Lejos quedaron aquellos esfuerzos por construir los más amplios consensos en estos temas. Hoy, todo depende del más lastimoso pragmatismo y agandalle. Lo que se ha filtrado hasta hoy mantiene renuentes tanto al PVEM como al PT. Resulta irónico —y a la vez dramático— que el futuro democrático del país dependa de esos dos institutos políticos. ¿Les llegarán al precio? Esperemos que no, aunque las gubernaturas de SLP, QRoo, Nayarit, Baja California y BCS suenan como monedas de cambio.
Por encima de la inercia ruin, requerimos un cambio de fondo.