Cómo cambia el sistema inmunitario con la edad: nuevo estudio lo revela
Un nuevo estudio explica cómo el sistema inmunitario se transforma con la edad, afectando vacunas y defensas. Qué significa para tu salud a largo plazo.

Desde que sentimos el primer resfriado hasta ese momento en el que las defensas parecen fallar sin aviso, nuestro cuerpo guarda secretos de un viaje lento y profundo. El cambio del sistema inmunitario con la edad es un relato íntimo de transformaciones invisibles que afectan cómo nos protegemos.
Una nueva investigación publicada en la revista Nature Aging ofrece información detallada sobre la manera en que el sistema inmunitario se remodela a lo largo de los años, respaldada por datos clínicos, biomarcadores y estudios de población.
La edad y la inmunidad: un encuentro silencioso
Cuando somos jóvenes, el sistema inmunitario actúa con el ímpetu de un río caudaloso: diversas células listas para reconocer invasores, una buena “reserva” de linfocitos vírgenes y una respuesta eficiente. Con el paso de los años, ese río se ralentiza, sedimenta, se cubre de sedimentos que lo entorpecen. Un nuevo conjunto de evidencias muestra que esa ralentización no es solo una metáfora.
En el estudio de Immunity & Ageing encontraron que ciertos subconjuntos de linfocitos T vírgenes (marcados como CD31 +) disminuyen de modo más estrechamente asociado a una baja respuesta a vacunas que a la edad cronológica en sí.
Ese hallazgo resuena con lo que otras revisiones llaman «inmunosenescencia»: la pérdida progresiva de capacidad del sistema inmunitario para responder con rapidez y adaptabilidad.
En este escenario, las vacunas –que confiamos como muros protectores– pierden parte de su potencia: la efectividad disminuye, la memoria inmunitaria se debilita y la vulnerabilidad frente a infecciones aumenta. Un problema tanto individual como de salud pública.

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¿Qué sucede dentro del cuerpo cuando envejecemos?
Reducción de linfocitos vírgenes y acumulación de memoria
Una clave esencial en el cambio es la disminución de linfocitos T vírgenes, células inmunitarias que aún no han respondido a un antígeno específico. Con la edad, el timo se “encoge” y produce menos de estas células, mientras que otras células de memoria se acumulan hasta saturar el espacio inmunitario.
De manera más detallada, el estudio en Immunity & Ageing mostró que los porcentajes de CD31+ linfocitos T vírgenes CD4+ y CD8+ eran significativamente menores en los individuos con baja respuesta a múltiples vacunas.
Cambios metabólicos, respuesta inflamatoria y “inflamm‑aging”
No solo la composición cambia, también el metabolismo de las células inmunitarias. Las células T envejecidas presentan alteraciones en su funcionamiento energético, lo que afecta su proliferación, supervivencia y función.
Al mismo tiempo, se incrementa un estado de inflamación crónica de bajo grado, denominado «inflamm‑aging», que gotea silenciosamente y cambia el contexto en el que las defensas trabajan.
Menor eficacia de las vacunas y mayor riesgo infeccioso
El resultado tangible de estas transformaciones es alarmante: las personas mayores tienen respuestas más débiles a vacunas (influenza, neumococo, SARS‑CoV‑2) y mayor riesgo de complicaciones. Una revisión en Nature Aging lo resume así: “Cellular aging of the immune system… drives a substantial decline in vaccine efficacy among older adults”.

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Implicaciones para tu salud y cuidado personal
Este viaje silencioso del sistema inmunitario con la edad importa a cada lector porque no es algo que “otra gente” viva: es algo que vivimos todos. Saber que “el sistema inmunitario cambia con la edad” puede ayudarnos a tomar decisiones más conscientes.
Vacunación y refuerzos bien dirigidos
Si sabes que la eficacia de las vacunas puede disminuir en la edad avanzada, el mensaje es claro: estar al día con las vacunas y seguir las recomendaciones de los especialistas adquiere un nuevo significado. También lo tiene estar en contacto con tu médico para valorar vacunas adaptadas al adulto mayor o con mejores adyuvantes.
Estilo de vida que puede mitigar el declive inmunitario
Aunque no podemos detener el reloj, sí podemos moderar algunos efectos: ejercicio regular, dieta equilibrada, control del estrés, sueño reparador y evitar el tabaquismo son elementos que favorecen la resiliencia del sistema inmunitario. Estudios sugieren que intervenir sobre inflamación crónica y estrés metabólico puede ayudar a “mejorar” la respuesta inmunitaria en adultos mayores.
Vigilancia médica personalizada
Si tienes más de 60 años, o convives con enfermedades crónicas, preguntar en tu consulta médica sobre el estado de tu sistema inmunitario y sobre cómo tu historial de vacunas y exposición puede influir en tu “inmunidad envejecida” es un recurso válido. Esta conversación se vuelve relevante y urgente.
Cuando decimos que el sistema inmunitario cambia con la edad, no estamos hablando solo de déficit o fragilidad: estamos hablando de una metamorfosis silenciosa que merece atención. Los hallazgos recientes nos obligan a pensar que no basta con “estar vacunado”, sino que es necesario “estar bien vacunado”, “vacunado de la forma adecuada” y “vigilado”.
En este sentido, la frase “el cuerpo envejece, las defensas siguen” adquiere todo su peso. Si eres adulto mayor o estás cerca de esa etapa, la conversación con tu médico sobre tu salud inmunitaria debe formar parte de tu rutina de bienestar. Y si eres más joven, usar este conocimiento para construir un camino de salud anticipado también es una decisión sabia.
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