¿Colitis ulcerosa y Crohn en mexicanos? Por qué estudiarlas aquí puede cambiar el tratamiento
La colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn van en aumento en América Latina

La Enfermedad Inflamatoria Intestinal no siempre se reconoce por su nombre, sino por sus síntomas similares a otros padecimientos digestivos y que además puede modificar la vida diaria de una persona. Bajo este término se agrupan padecimientos crónicos como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.
En América Latina, estas enfermedades van en aumento, pero todavía existe una limitación importante: buena parte de la evidencia médica disponible proviene de estudios realizados en otras regiones del mundo. Por eso, nuevos análisis en pacientes latinoamericanos buscan responder una pregunta central para México: ¿cómo tratar mejor una enfermedad crónica cuando aún hacen falta datos propios sobre la población local?
El gastroenterólogo Manuel Alejandro Martínez de TecSalud explica que estudiar a pacientes mexicanos y latinoamericanos no es un detalle secundario.
“Es una pregunta clave, porque para empezar, estas enfermedades son poligénicas, no hay un solo gen que se encuentre implicado y desde luego que las características de nuestra población son muy diferentes en cuanto a la composición genética”, señaló.
De acuerdo con el especialista, la enfermedad inflamatoria intestinal puede estar asociada con múltiples factores genéticos.
“Más o menos, para que te des una idea, cien genes diferentes se han asociado al desarrollo de estas enfermedades”, agregó.

Los análisis clínicos de guselkumab, terapia contra EII
Esa necesidad de evidencia regional también aparece en los análisis clínicos sobre guselkumab, una terapia biológica evaluada en pacientes latinoamericanos con colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn.
Uno de los documentos señala que la prevalencia de la enfermedad inflamatoria intestinal, incluida la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, está aumentando en América Latina, mientras que la representación de pacientes de la región en ensayos clínicos globales sigue siendo limitada.
En México, el reto empieza desde el diagnóstico. Martínez señala que en el día a día los médicos enfrentan varios obstáculos: “el diagnóstico temprano, el acceso a medicamentos, la severidad del padecimiento que podemos enfrentar, el tipo de cirugía que podríamos brindarle al paciente o el tipo de fármaco”.

El especialista estima que en México hay alrededor de 40 mil personas con enfermedad inflamatoria intestinal, aunque muchas personas probablemente nunca han escuchado hablar de estos padecimientos.
“Estamos en la fase ascendente de este padecimiento, estamos cada vez observando más casos”, explicó.
Para entender la enfermedad, Martínez utiliza una imagen sencilla: el intestino inflamado puede parecerse a una piel lesionada.
“El intestino inflamado lo vemos con defectos en la piel, haz de cuenta algo que cualquiera hemos tenido alguna quemadura solar”, dijo. En casos más graves, añadió, pueden aparecer úlceras, descamación, desprendimiento de la mucosa, sangrado o hemorragias.
La curación mucosa, el reto de la EII
Por eso, una de las metas actuales no es solo reducir síntomas, sino alcanzar la llamada curación mucosa.
La curación mucosa es una cosa que ocurre únicamente en una parte limitada de los pacientes que llegamos a tratar”, explicó. Cuando se logra, dijo, “el intestino normaliza completamente” y eso puede traducirse en menos hospitalizaciones, mejor calidad de vida y posibilidad de retomar actividades normales.
Los análisis en pacientes latinoamericanos aportan datos en esa dirección. En uno de ellos, realizado en adultos con colitis ulcerosa moderada a grave, guselkumab mostró mayores tasas que placebo en respuesta clínica, remisión clínica, mejoría endoscópica y remisión endoscópica a la semana 12.

Otro análisis evaluó la seguridad en 188 pacientes latinoamericanos con enfermedad de Crohn o colitis ulcerativa. Los autores reportaron que no se observaron casos de tuberculosis activa y que el perfil de seguridad fue consistente con lo publicado previamente a nivel mundial, sin nuevas señales de seguridad durante un año de exposición.