La gobernadora que se salió del molde

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

Ya se cumplió un mes del accidente en la sierra de Chihuahua, hecho que puso al descubierto que un grupo de agentes estadunidenses, presuntamente de la CIA, participó en un operativo en el que fue desmantelado un narcolaboratorio, uno de los más grandes que se haya descubierto en México.  

Ese hecho fortuito cambió la conversación pública y colocó en el centro del escenario a un personaje de la política local, como no había sucedido en largo tiempo. Me refiero a la gobernadora chihuahuense Maru Campos, quien, desde entonces, no ha dejado de ser mencionada en la conferencia de Palacio Nacional y en los medios de comunicación. 

Quizá el último mandatario estatal en funciones que había acaparado durante tanto tiempo los noticiarios y las portadas de los periódicos fue Vicente Fox, elegido gobernador de Guanajuato en 1995, y quien pidió licencia al cargo, en 1999, para buscar la Presidencia de la República, cosa que consiguió.

Campos rompió ayer el silencio tras casi cuatro semanas de golpeteo en su contra, lapso en el que ha sido presentada por el oficialismo como “traidora a la patria” por el asunto de los agentes de la CIA. El sábado, Morena efectuó una marcha en su contra, en Chihuahua capital, para demandar que sea sometida a juicio político. Dicha manifestación resultó insólita en un país donde suelen ser los habitantes de los estados los que van a protestar a la capital, no al revés.

“Es una mentada”, me dijo ayer, en entrevista con Imagen Radio, cuando le pregunté qué sentía de que la acusaran de vender a su país. Argumentó que sus adversarios la señalan “por haber desmantelado un narcolaboratorio”, mientras que aquéllos, dijo, defienden a otro gobernador, el sinaloense Rubén Rocha Moya –con licencia desde el 2 de mayo pasado–, pese a que está acusado de vínculos con el Cártel de Sinaloa a cambio de apoyo para ganar la elección que lo llevó al poder en 2024. 

“¿Dónde está Rocha?”, preguntó, retadora. “Yo estoy aquí, en la Ciudad de México, dando una entrevista en Imagen, pero ¿dónde está él?”. Desmintió “categóricamente” que ella sabía de la participación de los agentes extranjeros en el operativo contra el narcolaboratorio en el municipio de Morelos, “uno de varios que hemos desbaratado durante mi gobierno, para que no llegue ese veneno a niños y jóvenes chihuahuenses”. 

¿Por qué no le respondiste a la Presidenta? –le pregunté, aludiendo al dicho de Claudia Sheinbaum de que ella no contestó una llamada de la mandataria para hablar sobre el tema del operativo–.

Es increíble la cantidad de historias que han contado al respecto. La verdad es que me llamó por la red, cuando yo estaba fuera de la oficina. Me reporté más tarde, pero ya no pudimos hablar. 

¿Hablarías con ella hoy? –le pregunté–.

Por supuesto. Necesitamos tener comunicación y coordinarnos, para enfrentar juntas el flagelo de las drogas.

Ella afirmó hoy (ayer) que eres incongruente por hablar de libertad y haber impedido que Morena se manifestara en Chihuahua.

— A mí me parece que la incongruencia es hablar de presunción de inocencia y declararme culpable sin permitir que dé mi versión. Y otra, decir que se defiende el Estado de derecho, pero se protege a Rocha Moya.

Personalmente, no entiendo cuál es el juego del oficialismo en el caso de los señalamientos contra Campos. Esa campaña no va a convencer a nadie que no esté ya convencido. 

Es evidente que la gobernadora de Chihuahua es mucho más conocida hoy, a nivel nacional, de lo que era hace un mes. Seguramente, de forma involuntaria, ya la han colocado a la cabeza de una oposición que lucía descabezada. Para colmo, el mitin que organizaron para repudiarla resultó un fracaso en convocatoria y, al final, el rechazado resultó ser el “heredero” del cuatroteísmo, Andy López Beltrán. 

“No voy a parar”, me dijo, al final de la entrevista. No me queda claro –quizá a ella tampoco– lo que depara su futuro político. Lo único cierto es que Maru Campos se salió del molde en el que se metieron los gobernadores de oposición desde 2018, de sumisión a la Presidencia, por temor o por comodidad.