Moverte al ritmo de la música cambia tu cuerpo más de lo que imaginas, según la ciencia
Bailar activa el sistema cardiovascular, reduce el estrés y estimula la neuroplasticidad, con beneficios comprobados para la salud integral.

Bailar no es solo una forma de expresión cultural ni una actividad recreativa reservada para fiestas o escenarios artísticos. La ciencia ha confirmado que es una herramienta poderosa para mejorar la salud física, mental y cognitiva, accesible para personas de todas las edades.
Desde fortalecer el corazón hasta reducir el estrés, mejorar la memoria y combatir el sedentarismo, moverse al ritmo de la música se ha convertido en una estrategia integral de bienestar, sin requerir equipo especial ni rutinas rígidas, solo ganas de moverse.

¿Por qué bailar cuenta como ejercicio?
Un estudio difundido en la revista PLOS ONE evaluó a personas que practicaban baile libre, analizando aspectos como la frecuencia cardíaca, el consumo de oxígeno y el gasto energético.
Los resultados mostraron que, cuando se baila con una intensidad moderada o vigorosa —es decir, cuando el cuerpo se activa y la respiración se acelera—, todas las personas alcanzan niveles de actividad física considerados saludables, comparables a caminar rápido, andar en bicicleta o realizar ejercicio aeróbico tradicional.
Esto significa que bailar sí puede ayudar a cumplir la recomendación de al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para prevenir enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otros padecimientos crónicos.
Al igual, Sports Medicine señala que el baile combina ejercicio cardiovascular, fuerza muscular, coordinación y equilibrio, lo que lo convierte en una actividad física completa.
A diferencia de rutinas estructuradas que muchas personas abandonan con el tiempo, el baile suele generar mayor constancia, ya que se percibe como una actividad placentera, social y emocionalmente significativa.

Beneficios del baile para la salud mental
Más allá del cuerpo, el impacto del baile en la salud mental es uno de sus mayores beneficios.
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de UNAM Global, explica que bailar estimula la liberación de neurotransmisores asociados al bienestar, como la dopamina, las endorfinas y la serotonina.
Dicho de forma sencilla, son sustancias que el cerebro produce y que ayudan a sentir placer, relajación y estabilidad emocional, además de disminuir la percepción del estrés.
Por su parte, la revisión de Sports Medicine concluye que los programas de baile de al menos seis semanas pueden mejorar el bienestar emocional, reducir síntomas de depresión y aumentar la motivación, con resultados similares —y en algunos casos superiores— a otras formas de ejercicio físico.
La Universidad de Sídney, que analizó estos hallazgos, destacó que el componente musical y social del baile potencia sus beneficios psicológicos, ya que fomenta la conexión emocional, la interacción con otras personas y la sensación de pertenencia, factores clave para la salud mental, especialmente en contextos de aislamiento o estrés prolongado.

¿Bailar también le ayuda al cerebro?
La respuesta es sí. El baile no solo mueve músculos: pone al cerebro a trabajar de forma intensa y coordinada.
De acuerdo con el Instituto Neurológico del Hospital Internacional de Colombia (HIC), bailar activa múltiples regiones cerebrales al mismo tiempo.
Mientras la corteza auditiva procesa la música, la corteza motora coordina los movimientos; el cerebelo se encarga del equilibrio y la precisión, y el sistema límbico conecta emociones y memoria.
Esta activación simultánea estimula la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse, aprender y crear nuevas conexiones neuronales.
BMC Geriatrics analizó estudios sobre danza en adultos mayores con deterioro cognitivo leve y demencia. Los investigadores encontraron que el baile puede mejorar funciones cognitivas, movilidad, estado de ánimo y calidad de vida, además de ayudar a mantener la autonomía durante más tiempo.
Especialistas también señalan que ciertos estilos de baile, como el tango o los bailes de salón, tienen efectos positivos en la memoria, la coordinación y el equilibrio, lo que los convierte en una opción prometedora para prevenir el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento.

¿Cuánto hay que bailar para notar cambios?
Según Sports Medicine, los programas de baile estructurado de al menos seis semanas ya muestran mejoras significativas en la salud mental y cognitiva. En términos físicos, el estudio de PLOS ONE indica que bailar de forma continua durante 20 a 60 minutos, con intensidad moderada, eleva la frecuencia cardiaca a niveles beneficiosos para el corazón.
Otros estudios sobre danza tradicional y actividad física señalan que muchos programas efectivos incluyen tres sesiones por semana, de entre 45 y 60 minutos, durante periodos de 8 a 12 semanas.
Para personas sedentarias, comenzar con sesiones de 20 o 30 minutos, tres veces por semana, e ir aumentando progresivamente la duración o la intensidad, es una estrategia realista, segura y respaldada por la evidencia científica.
Qué tipo de baile elegir según tu objetivo de salud
No todos los bailes generan los mismos efectos, y elegir el adecuado puede ayudarte a alcanzar objetivos específicos:
- Para mejorar la condición cardiovascular y ayudar a bajar de peso: baile libre, salsa, cumbia o cualquier estilo que mantenga el pulso elevado durante varios minutos seguidos.
- Para fortalecer equilibrio y coordinación: bailes de salón, tango o danzas con cambios de dirección y pasos estructurados, especialmente recomendados en adultos mayores.
- Para la salud mental y el manejo del estrés: cualquier tipo de baile con música que genere placer, preferentemente en grupo o en un entorno social.
- Para estimular memoria y funciones cognitivas: coreografías que impliquen aprender secuencias de pasos y coordinar movimientos con la música.
Como coinciden UNAM Global y el Instituto Neurológico del HIC, el mejor baile es el que se disfruta y se mantiene en el tiempo, ya que la constancia es el factor más importante para obtener beneficios reales y duraderos.
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