El privilegio de votar

El sufragio universal en el continente es el producto de arduas batallas, que lograron hacerde la urna electoral el lugar en donde se escuchan todas las voces; sin importar raza, género, credo o condición económica, todos los votos valen igual.

Francisco Guerrero Aguirre

Francisco Guerrero Aguirre

Punto de equilibrio

La columna vertebral de la democracia representativa es la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto. Una persona, un voto. La ciudadanía tiene derecho a participar, sin presiones, en la elección de sus representantes.

Si bien la democracia va más allá de los procesos electorales, el voto es el elemento clave en la consolidación de un sistema democrático, pues a través de él se da legitimidad a los gobiernos y se manifiestan los intereses colectivos de la gente.

El voto es tan antiguo como la política. En la asamblea ateniense, en la Grecia clásica, después de discutir, muchas de las decisiones se tomaban a través del voto. Según el Diccionario Electoral del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, el voto “es, para todo efecto práctico, el resultado de la acción de participar en un proceso de toma de decisiones y/o de selección de representantes y gobernantes”.

El sufragio universal en el continente es el producto de arduas batallas, que lograron hacer de la urna electoral el lugar en donde se escuchan todas las voces; sin importar raza, género, credo o condición económica, todos los votos valen igual. Por tanto, además de ser un derecho de los ciudadanos, el voto es un deber y un privilegio que debemos valorar enormemente.

A través del sufragio es posible construir consensos y asegurar que prime la voluntad de las mayorías sobre los intereses individuales. Bien lo dijo Thomas Jefferson, “no tenemos gobierno por mayoría. Tenemos gobierno de la mayoría que participa”.

La emergencia sanitaria suscitada por la pandemia ha generado una serie de desafíos y complejidades que desconocíamos, sin embargo, las y los ciudadanos han tenido la oportunidad de expresar sus puntos de vista a través del sufragio. La democracia en la pandemia sigue viva, a pesar de los peores augurios y premoniciones.

Desde el inicio de la pandemia hemos recorrido una larga travesía y, pese a las dificultades impuestas por la emergencia, se han celebrado más de 30 procesos electorales en el mundo, 16 de ellos en el continente americano y varios más continuarán desarrollándose en lo que resta de 2021.

El próximo domingo se llevará a cabo la segunda vuelta de los comicios presidenciales en Perú, así como la elección federal y las elecciones locales en México. Yo estaré en Lima, como parte de la Misión de Observación Electoral de la OEA en Perú.

Ejercer el derecho al voto corresponde a una voluntad y responsabilidad cívica que significa un compromiso democrático que trae consigo la posibilidad de elegir a las y los representantes y autoridades, pero a su vez es el mecanismo a través del cual el electorado puede evaluar la gestión de los gobiernos, representando una garantía del progreso de los países.

Ante los complejos efectos de covid-19 en nuestra región y en el mundo, el derecho al voto se convierte en la mejor herramienta para determinar el futuro que deseamos. Votar en este periodo histórico tan demandante y único es un privilegio enorme que debemos aquilatar.

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El compromiso con la democracia puede darse de muchas formas, sin embargo, el voto es una de sus manifestaciones más intrínsecas. Sin la participación ciudadana en los procesos electorales, los países limitan sus oportunidades, oscurecen su futuro y pueden perder los derechos alcanzados.

Debemos votar porque una democracia sana depende de que hagamos valer nuestra voz a través de un recurso poderoso: nuestro voto. Ejercer el derecho al voto no sólo es fundamental en el ejercicio de los deberes cívicos, es hacer uso de un privilegio que sólo se extraña cuando no se tiene.

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