Testimonios del 19S, Michoacán: Dormir en la calle por temor a réplicas

En la costa michoacana, el temblor se vivió entre el “gran estruendo” de la tierra, botes fuera del río y el miedo a que la presa se desbordara

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Heladio y Daniel Nava, habitantes de Lázaro Cárdenas, durante el sismo de 1985.

El señor Heladio Nava recuerda vívidamente cómo luego del sismo del 19 de septiembre de 1985 tuvo que dormir en las banquetas por temor a que se registrarán réplicas.

Luego de que el temblor de 8.1 grados azotara Lázaro Cárdenas, Michoacán, su mayor miedo era que un nuevo movimiento los tomara por sorpresa dentro de sus cuartos y que la presa La Villita “fuera a reventarse y nos llevara a todos”.

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Hace 40 años, narró a Excélsior, mientras limpiaba un carro en su trabajo, en las oficinas de lo que en ese tiempo era Puertos Mexicanos, un estruendo los tomó por sorpresa a él y a sus compañeros de trabajo.

Yo era chofer del ingeniero residente, recuerdo que ya estaba limpiando el carro para cuando mi jefe me requiriera, alistando todo, en ese momento se escuchó un gran estruendo, como un trueno fuerte y empezó todo a moverse, y cada segundo más fuerte”, dijo.

Ya había gente en las oficinas y todo mundo empezó a salir corriendo hacia el patio principal”.

Dijo que al ser un lugar abierto, un patio central, la gente pudo salir pronto, sin heridos ni daños u oficinas caídas.

Sin embargo, recordó que cerca de su trabajo había una tienda tipo de conveniencia de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa), donde se cayeron las cosas y parte de las paredes.

Además, “había lanchas en el río al cual se tenía acceso desde las oficinas, y por la fuerza del temblor salieron hacia tierra muchos metros”.

Una vez que habían revisado que no hubo mayores daños, pudo salir hacia su casa, donde su esposa e hijos se quedaron; estaban bien.

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Sismo 19S 1985, edificio con grietas en Lázaro Cárdenas, Michoacán.

BRINCAR DEL SEGUNDO PISO PARA SALVARSE

Daniel Nava, tenía 14 años en 1985, año en el que se reportó uno de los sismos más devastadores en el país.

El 19 de septiembre, narró a Excélsior, se encontraba en su salón de clases de tercer año de secundaria, cuando los 8.1 grados del temblor sacudieron al puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán.

Viví el terremoto con miedo porque como estaba en el segundo piso de la escuela, y empezó a temblar despacio, el maestro que nos daba clases en ese momento nos dijo a todos que no corriéramos, que nos quedáramos quietos”, sostuvo.

Y de pronto empezó más fuerte, y fue el primero que salió corriendo. Al último se hizo un caos, los muchachos se aventaban del segundo piso a las jardineras y pues ya lo que hice fue abrazarme a una columna del salón y ahí quedarme hasta que pasó el temblor”.

Aún recuerda el miedo después de que paró el movimiento telúrico, porque tenía que buscar la forma de llegar al primer piso de la escuela.

Ya que pasó el temblor y todo que se calmó, bajé, pero las escaleras estaban desprendidas de los costados y parecía una mecedora, entonces todos los que nos quedamos arriba y nos bajamos prácticamente asustados, temblando y con cuidado porque existía el riesgo de que las escaleras colapsan. Había muchas personas llorando, los maestros corriendo de un lado para otro y, en cuanto pude, me fui rápido para la casa asustado”, expuso.

El alivio llegó cuando pudo ver a su mamá y sus hermanos.

Cuando llegué mi mamá estaba asustada afuera de la casa con mi hermana de 2 años en brazos... las siguientes réplicas de nuevo las vivimos asustados, pero en la casa”, dijo.

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*mcam