Sucesión presidencial: Miguel de la Madrid Hurtado por una renovación moral; gobernar con el ejemplo

El nuevo presidente priista rindió protesta en el recién inaugurado Palacio Legislativo de San Lázaro, recinto que albergaría a la Cámara de Diputados

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Miguel de la Madrid Hurtado

Las elecciones se disputaron el 4 de julio de 1982 entre los candidatos Pablo Emilio

Madero Belden, del Partido Acción Nacional (PAN); Arnoldo Martínez Verdugo, por parte del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), y Miguel de la Madrid Hurtado, como abanderado del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Por primera vez, el PRI empleó equipos de computadoras en unos comicios, con la finalidad de rastrear los resultados del escrutinio en tiempo real. Finalmente, el triunfo se lo llevó el contendiente priista, quien al término de la jornada electoral afirmó que su partido había triunfado: “Ganó México, ganó el PRI, ganó la Revolución”.

Procedente de la Secretaría de Programación y Presupuesto, durante el mandato de José López Portillo, el político originario de la Ciudad de México asumió la Presidencia de la República el 1 de diciembre de 1982. Al entrar al edificio se dirigió a rendir la protesta constitucional, recibió la banda presidencial para luego emitir su primer discurso ya como jefe del Ejecutivo.

Enlistó un plan de 10 puntos clave en su gobierno, cuyas políticas de desarrollo y recuperación de la economía estaba basado en el impulso del sector petrolero. En ese sentido, anunció un ataque frontal a la corrupción, “el pueblo mexicano es profundamente moral y me exige que persiga toda forma de corrupción. Así lo haré. Gobernaré con el ejemplo”.

Una de sus principales promesas estaba encaminada a la regulación del comportamiento de los funcionarios públicos, a lo que denominó Renovación moral. Al respecto, anunció reformas a las leyes en materia de corrupción, sanciones contundentes ante el uso indebido de recursos públicos, así como irregularidades en la asignación de contratos.

Una vez concluida la ceremonia, se dirigió a Palacio Nacional para continuar con los protocolos de investidura. Tomó protesta a su gabinete y posaron para la fotografía oficial de su administración.