La seguridad alimentaria de México está comprometida
De acuerdo a la FAO, el país sólo cosecha 44% de los granos necesarios; poco más de 50% del maíz; 5.0% de soya, menos de 1.0% en arroz y, en trigo, ni el 10 por ciento

LOS MOCHIS, Sinaloa.– La Seguridad Alimentaria de México pende de un hilo ante los impactos del cambio climático y la desaparición desde el sexenio pasado de alrededor de 24 programas de apoyo tan importantes como el Seguro Catastrófico, que era una especie de FONDEN de la agricultura, un Fondo de Desastres Naturales, que pagaba la Federación junto con los estados.
Según cifras del INEGI, hoy sólo 3.0 por ciento de los 2.4 millones de productores agrícolas mexicanos pueden cubrir los altos costos de una póliza privada para enfrentar las cada vez más frecuentes sequías prolongadas, lluvias extraordinarias, olas de calor extremo, heladas tardías o infestación de plagas.
“No necesitábamos del sector privado, porque había un FONDEN que ayudaba en las catástrofes, primero en el tema alimentario y luego en el tema de infraestructura”, destacó Juan Carlos Anaya, director general del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA).

Al respecto, Isaac Varela Pacheco, octogenario productor agrícola del Ejido Bachoco en el municipio de Juan José Ríos, Sinaloa, recordó que el Seguro Catastrófico que otorgaba Agroasemex, no los dejaba solos, “estaba muy bien calificado y no había pérdidas”.
No llegó el invierno
Este año, como ningún otro, pequeños, medianos y grandes agricultores del norte de Sinaloa, región conocida como el Granero o el Corazón Agrícola de México, por su alta producción de alimentos, principalmente maíz y hortalizas, enfrentan una severa crisis por el cambio climático.
El intenso calor que se registró en los meses de frío, en diciembre, enero y febrero, ocasionó un desplome de hasta 50 por ciento en el rendimiento de las cosechas, lamentó Nemesio Artola Cárdenas, productor agrícola de Los Mochis.
“Prácticamente no tuvimos invierno, a lo mejor dos días de frío. Los pequeños, medianos y grandes productores no sabemos qué hacer con tantas pérdidas, nadie se salva, porque además se suman los altos costos de los insumos, el fertilizante viene a precios muy altos por la guerra (en Oriente Medio)”, indicó.

Artola Cárdenas señaló que hay una gran incertidumbre en el campo, porque también están llegando, por ejemplo, frijoles muy baratos de Estados Unidos, Brasil y Argentina, y todo esto podría provocar que en el próximo ciclo agrícola se dejen de sembrar hasta 50 por ciento de la superficie cultivable en el estado.
Temperaturas atípicas
El calor de más de 40 grados en la época en que regularmente se registran temperaturas de 15 a 20 grados, arrasó con el maíz, el frijol, el jitomate, la papa, el garbanzo y el sorgo.
Silverio Díaz Ramón, dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) en Sinaloa, explicó que debido a la falta de frío “el sorgo no se polinizó y hay muchísimas mermas, porque no se formaron los granos".

Detalló que la cosecha de maíz, tan importante en la dieta de los mexicanos, cayó de entre 14 y 16 toneladas por hectárea a sólo siete toneladas, a menos de la mitad.
Subrayó que con los cambios en el patrón de las temperaturas, las plagas y los hongos encontraron un clima propicio para su proliferación.
“No se desarrollaron las mazorcas como debería ser, y las que se lograron tienen hongo, por lo mismo, el calor genera hongo en todo”, manifestó.
A su vez, Jorge Anguiano López, presidente del Comisariado Ejidal en el Ejido Bachoco, municipio de Juan José Ríos, reveló que hay casos en que los productores de garbanzo, prefirieron perder seis hectáreas de cosecha, y no recogerla, que seguir invirtiendo en la trilla, porque es tan mala la calidad del producto, que no van a recuperar ni la inversión.
Al final de cuentas, todas las pérdidas y los bajos rendimientos en el campo mexicano se traducen en el incremento de precios en las centrales de abasto, mercados y tianguis, que pega directo a los bolsillos de la población.

Según datos del Banco de México, al cierre de mayo, el jitomate bola reportó un alza de 69.3 por ciento anual, el jitomate saladette 64.2 por ciento, el tomate verde 50.1 por ciento, la lechuga romana 47.9 por ciento, la cebolla blanca 41 por ciento y la papa 12.68 por ciento.
Importación de alimentos
En la actualidad, México es el segundo importador mundial de granos y oleaginosas y el primero en maíz blanco y amarillo.
Juan Carlos Anaya, director general del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), resaltó que el pronóstico para 2026 es que será un año récord de compras al exterior, comprometiendo aún más la seguridad alimentaria de nuestro país.
Advirtió que el cambio climático, la falta de programas de apoyo para la agricultura, la eliminación de la banca de desarrollo, los altos costos de los insumos, la caída de los precios internacionales por la sobreoferta, la apreciación del tipo de cambio y la inseguridad que se vive en el territorio nacional, conforman la “tormenta perfecta” para el campo mexicano.
“La seguridad alimentaria está comprometida, ya que de acuerdo a la FAO, cuando menos tendríamos que estar produciendo entre 70 y 75 por ciento de nuestros granos, y actualmente solamente cosechamos 44 por ciento; en el caso del maíz producimos poco más de 50 por ciento; en soya cinco por ciento, en arroz menos del uno por ciento y en trigo ni 10 por ciento”, afirmó.
Anaya recordó que en México hay productores agrícolas de clase mundial, “pero lo que no tenemos son políticas públicas de clase mundial, y no hay que inventar nada, porque todo está inventado”.
Aseguró que los efectos del cambio climático en la agricultura se pueden contrarrestar con asistencia técnica, innovación en la generación de nuevas variedades de semillas, apoyos a la productividad y financiamiento accesible.
“El tema es que vuelvan las políticas que incentivaron los cultivos y la productividad y no el tema asistencial, que no genera ningún aumento en la producción; lo que requiere México es mayor producción, porque con los alimentos no se juega”, alertó.