Refugios que salvan vidas: Espacios que resguardan a mujeres violentadas son clave
Excélsior habló con tres mujeres víctimas de violencia que están o han pasado por un refugio de la Red Nacional de Refugios o SEMUJER

SON ESPACIOS VITALES
Para miles de mujeres en México, la violencia en casa no termina con una llamada al 911.
A diario, víctimas de distintas formas de violencia aprovechan un descuido de sus agresores y huyen de sus hogares —la gran mayoría con sus hijos de la mano o en brazos— para salvaguardar sus vidas, tal como le ocurrió a tres mujeres entrevistadas por Excélsior.
Las que logran ser canalizadas o rescatadas por uno de los casi 100 proyectos públicos o de sociedad civil que dan refugio o servicios en todo el país, viven en las sombras por al menos tres meses. Sin embargo, sus estadías se pueden prolongar dependiendo del nivel de riesgo que represente su agresor o agresora, aseguraron expertas.
El 40% de los casos de las mujeres que acompañamos, sus parejas son del crimen organizado, usan armas de fuego o tienen nexos políticos, lo cual las pone en mayor riesgo”, dijo a este diario Wendy Figueroa, directora de la Red Nacional de Refugios, que abarca más de 70 espacios de prevención, atención y protección como casas de emergencia, refugios y casas de transición en todo el territorio mexicano.
En tan sólo un día, explicó, la red recibe 10 llamadas pidiendo acompañamiento o auxilio, “y tenemos diariamente, por lo menos, dos rescates de mujeres que están en situación de riesgo y que necesitan este apoyo para poder salir de donde se encuentran”.
Estos rescates se llevan a cabo con empresas de seguridad privada, ya que en muchas veces los policías son los informantes de los agresores, dijo Figueroa, agregando que ésa es una de las varias razones por la cual las ubicaciones de la mayoría de los refugios son secretas, incluso para las autoridades de seguridad y altos funcionarios.
Un refugio es una gran diferencia entre la vida y la muerte; un refugio hace la gran diferencia entre un ataque con ácido o alguna sustancia química y una mujer que accede a sus derechos, sin dejar de mencionar que la mayoría de las mujeres llegan con sus hijos e hijas”, agregó la psicóloga feminista con experiencia en la defensa de los derechos humanos.
Según la directora, en casos extremos se ha logrado cambiar la identidad de mujeres perseguidas, algo que es muy difícil en México, pero que la red ha podido llevar a cabo en sus 20 años de experiencia atendiendo a mujeres que sufren violencia física, psicológica, sexual y hasta institucional.
El único requisito para acceder es que ellas quieran hacerlo”, concluyó.

Además de un lugar seguro ante los agresores, los refugios ofrecen acompañamiento psicológico, médico, educativo y legal.
ESPACIOS PARA RECUPERAR EL RUMBO
La confidencialidad de las ubicaciones de los refugios obedece a una cuestión de “absoluta seguridad” para mujeres, sus hijos y las personas que trabajan en ellos, dijo a Excélsior Ingrid Gómez Saracibar, subsecretaria del Derecho a una Vida Libre de Violencias.
Porque los agresores no se detienen, eso también hay que decirlo”, remarcó.
Aunque los espacios seguros para mujeres que huyen de violencia pueden variar dependiendo su financiamiento o atención, la subsecretaria explicó que los refugios especializados cuentan “como una estrategia frontal que es un centro que recibe a las mujeres, determina el contexto de la violencia, a partir de una entrevista a profundidad, también ve el riesgo... Es importante contemplar el riesgo, también las características del agresor, y perdón que hable en masculino, pero 99% de las agresiones a mujeres por motivos de género son por parte de hombres”.
Según el Banco Nacional de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las mujeres, de enero a finales de septiembre se registraron 377 mil 197 agresiones a mujeres, en los cuales 258 mil cinco los agresores fueron hombres.
En este periodo se habían entregado 35 mil 701 órdenes de protección, lo cual representa menos de 10% de todos los casos.
La lista la encabeza Guanajuato, con más de 78 mil; Nuevo León, con 42 mil; Estado de México, con 32 mil; Jalisco, con casi 23 mil, y Quintana Roo, con poco más de 18 mil.
Según la funcionaria, la Secretaría de las Mujeres tiene registrados 628 mil 298 servicios integrales a poco más de tres mil 500 mujeres este año en los espacios a los que brindó apoyo, los cuales estima en 48 proyectos de organizaciones sociales y civiles y 51 refugios públicos, 99 en total.
Los proyectos se benefician de un programa de apoyo que canaliza recursos federales a través de la dependencia, la cual asignó este año 730 millones de pesos en subsidios a refugios públicos y privados para mujeres.
Los refugios no solamente se han convertido en un lugar para proteger a mujeres y sus hijos de agresores, sino en espacios seguros donde además pueden recibir acompañamiento psicológico, médico, educativo y legal.
También hay atención de cómo vamos a ir construyendo con ellas el proyecto de vida, porque el proyecto de vida, cuando vives con violencia, está truncado, estás inmersa en un hoyo negro donde nadie te cuida, nadie te puede dar una respuesta, sientes mucho desamparo. Entonces, cómo trabajar con ellas la recuperación de su proyecto de vida es algo que está en el modelo de los refugios”.
“LA VIOLENCIA ES LA ANTESALA DEL FEMINICIDIO”
Daniela Sánchez llegó hace siete años a un refugio de mujeres con su bebé en brazos, una decisión que, asegura, salvó su vida y la de su hija, además de que la transformó en la activista de las causas feministas que es hoy en día.
Con los ojos cerrados tuve que confiar mi vida en personas completamente extrañas pensando que ésa sería la solución y, efectivamente, así fue, llegué a un refugio un 31 de diciembre de 2018, con mi hija en brazos, como la única esperanza para poder seguir con vida y alejarme del agresor”, relató a Excélsior.
El dejar a mis padres atrás para salvar mi vida y la de mi hija hasta el día de hoy ha sido la mejor decisión que he tomado”, detalló, agregando que “para mí la salvación fue la existencia de los refugios. (Sin ellos), seguramente no estaría viva”.
Durante más de tres años, la sobreviviente de tentativa de feminicidio asegura que sufrió “todo tipo de violencias” —incluso las que no estaban tipificadas en el Código Penal de la Ciudad de México, entre 2015 y 2018—.
El padre de su hija, quien sigue cumpliendo una condena por este y otros delitos, llevaba ese mismo periodo agrediéndola de manera psicológica, física y sexual, pero fue una golpiza que le propinó en plena vía pública, en 2018, lo que la convenció de que huir era su única alternativa. Llevaba a su bebé de seis meses en brazos al momento de la agresión.
Nos agredió, nos golpeó en la vía pública de noche, de madrugada, y ese momento fue, con ella en brazos, que yo decidí terminar esa relación, porque entendí que no iba a cambiar, que no había otra salida y que no le importaba su propia hija. Fue ahí donde decido alejarme completamente e iniciar un proceso denunciando”, contó a este diario.
Antes de este ataque, Sánchez había acudido al Ministerio Público por ayuda. Denunció por primera vez a su agresor en 2015, pero, pese a tener lesiones en su rostro, lo dejaron libre por falta de pruebas, lo cual, eventualmente, la orilló a regresar al hogar violento.
Yo no tenía ningún tipo de conocimiento, no sabía nada de leyes, nunca me había parado en un MP y, al final, este círculo de violencia comenzó a dar vuelta de nuevo y regreso con él por amenazas de muerte para mí y mi familia, y la violencia continuó”, explicó.
Cuando ocurrió la agresión de 2018, recurrió a mujeres con experiencia en el tema, quienes la canalizaron a un refugio de la Red Nacional de Refugios, donde permaneció 65 días.
No solamente te abrazan físicamente, te comprenden, te ayudan a vivir lo que estás viviendo, te apoyan emocionalmente con presencia de todo un equipo interdisciplinario, y eso hace totalmente la diferencia”, dijo sobre su estadía.
El agresor de Sánchez y su hija fue encarcelado tras tres años de audiencias y cinco denuncias que llevaron a tres sentencias por el delito de violencia familiar, acumulando una condena de más de 45 años, gracias, en parte, a evidencias recabadas, testimonios y otra denuncia por parte de una mujer a quien también violentó.
Para Daniela, el refugio no solamente la ayudó a esconderse bajo un techo, sino a tomar cartas en el asunto y capacitarse en materia de género. Ahora sabe que “la violencia familiar no es un delito menor, es la antesala del feminicidio”.
Al ser cuestionada sobre las razones que atan a una mujer a sus agresores, la comunicóloga explicó que tiene que ver con la meta moral de mantener una familia unida que la sociedad impone sobre las mujeres.
No salí porque no sabía cómo hacerlo, no sabía que lo que estaba viviendo se llamaba violencia, que era un delito, yo lo único que podía sentir era dolor físico y un dolor emocional terrible porque no entendía por qué alguien que te dice que te ama te trata de esa manera”, agregó.
“NO QUERÍA QUE MI HIJO CRECIERA EN UN AMBIENTE ASÍ”
Desde las sombras, dos mujeres, una en un refugio al momento de este reportaje y la otra con unos meses fuera, compartieron de manera anónima con Excélsior los motivos por los cuales huyeron de sus agresores y aceptaron la ayuda de los refugios.
Tanto sus nombres como sus ubicaciones se mantuvieron en anonimato durante la entrevista.
Llegué aquí porque yo me salí de mi hogar sin decir absolutamente nada, porque ya estaba harta del daño psicológico y yo ya no quería seguir en un ambiente así”, aseguró la primera de ellas, desde un refugio con ubicación desconocida.
En voz baja y con mucha lentitud, la mujer describió que se encuentra peleando la custodia de su hijo, a quien se llevó con ella al momento que decidió huir, porque “no quería que mi hijo creciera en un ambiente así”.
Mi detonante fue mi hijo, el que mi hijo ya viera las discusiones y las peleas que tenía con él”, agregó.
Tras nueve años juntos, asegura que su expareja la sigue buscando, por lo que no sabe cuánto tiempo más estará en el refugio.
La segunda mujer estuvo siete meses en un refugio con sus dos hijas y luego otros siete meses en una casa de transición. La Red Nacional la cambió de espacio porque su agresor ya la había encontrado.
Admite que su expareja había caído en adicciones y, por lo tanto, ella también. Pero el detonante para que decidiera pedir ayuda fue cuando “a las tres nos apuntó con una arma”, lo cual describe como intento de feminicidio.
De no haber sido por el porvenir de sus hijas, “yo me hubiera quedado ahí”, aseguró, justificando que “yo no me sentía apta, decía, ‘bueno, estoy consumiendo’. No me supe defender, no sé trabajar. Yo me sentía poquita cosa”.
En su frustración y coraje por encontrarlas, el agresor difundió fotos y videos íntimos de ella, lo cual la reprimió e hizo sentir que no podía pedir ayuda de las instituciones, mismas que ya la habían juzgado la primera vez que pidió ayuda, acusa.
Hoy en día dice sentirse feliz, aunque ya no se para en su estado natal por temor a que su expareja le arrebate a sus hijas. A pesar de interponer denuncias, explica que nada se ha resuelto tras más de dos años, y que aún sigue a la espera de que le concedan la custodia de ambas.
AUTORIDADES IGNORAN LAS DENUNCIAS DE LAS VÍCTIMAS
Tal como lo dicen las expertas, la violencia contra las mujeres a veces ocurre por mera negligencia de las autoridades, incluso cuando hay evidencias contundentes.
Vecinos de la unidad habitacional Porvenir, en la alcaldía Tláhuac, de la Ciudad de México, hicieron llegar a la redacción de Excélsior un video donde se aprecia a un hombre golpeando y pateando a una mujer adulta, ante los ojos de múltiples testigos, incluidos menores de edad.
Tras indagar, este diario averiguó que se trata de una de las tantas veces que ese sujeto, identificado como Gabriel, ha agredido de manera física y verbal a su exsuegra, de 59 años, además de que en el video se ve cómo zarandea a su expareja, madre de su hija.
Mis nietos, mi hija, no quiero que les pase nada, y los hago responsables (al agresor y su familia, quien también participó en el ataque) de todo lo que llegue a pasar, porque amenazaron a todos de muerte”, dijo Rosa, la víctima, cuyo verdadero nombre prefirió mantener en el anonimato.
El motivo de la agresión habría sido el robo de un celular que el sujeto tomó de la casa de su expareja, con quien tuvo una hija, y lo que habría desatado la batalla fue el hecho que Rosa, su exsuegra, lo llamara “cobarde”.
No podía moverme, no podía respirar, yo siento que fue un milagro que estoy viva, ahorita”, relató sobre su agresión.
Se trata de un caso que pudo haber sido prevenido, toda vez que la mujer de la tercera edad ya había denunciado al agresor en dos ocasiones: una ante autoridades del Estado de México, donde dice que su denuncia no procedió, y otra en la Fiscalía de Investigación Territorial en Tláhuac (TLH-1). Esta última el 28 de julio.
En entrevista, y con visibles heridas en el cuerpo, Rosa relató a Excélsior, en octubre, que temían por su seguridad porque el agresor acosa a su hija, pese a que ya no son pareja. Ambas califican para recibir ayuda por parte de la Red Nacional de Refugios, pero la organización sigue a la espera de que se comunique con sus líneas de ayuda.
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