La reconversión de la termoeléctrica de Tula: ¿un paso hacia un futuro más limpio?

En esta columna se abordan los beneficios que traerá la transición energética en México, tanto para la salud de las personas como para el medio ambiente.

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Lo ideal será avanzar en la sustitución de energías fósiles por energías limpias.

La reconversión de la termoeléctrica “Francisco Pérez Ríos” ubicada en Tula, Hidalgo, anunciada el pasado 4 de enero por la presidenta Claudia Sheinbaum, es una noticia positiva en medio de los retos ambientales que enfrenta México. Este proyecto, por mucho tiempo demandado por la sociedad civil y diversas organizaciones, promete mejorar la calidad de vida de los habitantes de la región y contribuir a la transición hacia una matriz energética más limpia y sostenible.

Durante décadas, la termoeléctrica de Tula ha sido una de las principales fuentes de contaminación en el Valle de México, emitiendo grandes cantidades de gases tóxicos que han afectado la salud de miles de personas y degradado el medio ambiente. La sustitución del combustóleo por gas natural, un combustible menos contaminante, representa un paso importante para reducir estas emisiones y mitigar los impactos negativos sobre la salud pública y el ecosistema.

Lo ideal, desde luego, sería avanzar en la sustitución de energías fósiles por energías limpias. Actualmente la energía recibida en la Red Nacional de Transmisión y en la Red General de Distribución corresponde en 79 % a tecnologías fósiles y solo el 21% en energías limpias.

La reconversión de la termoeléctrica traerá consigo una serie de beneficios tanto para la salud de las personas como para el medio ambiente. Se espera una reducción significativa en los niveles de partículas finas, dióxido de azufre y otros contaminantes atmosféricos, lo que contribuirá a disminuir enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cáncer. Se estima que alrededor del 20 % de la contaminación del Valle de México tiene su origen en Tula.

La demanda de reconversión de la termoeléctrica es el resultado de años de lucha de las comunidades locales y organizaciones sociales. La contaminación generada por esta planta ha tenido un impacto devastador en la calidad de vida de los habitantes de la región, quienes han sufrido enfermedades respiratorias, problemas de salud crónicos.

El proyecto de reconversión va más allá de la simple sustitución del combustible. Incluye también el saneamiento de los mantos acuíferos contaminados y la construcción de una planta de tratamiento de basura, lo que permitirá avanzar hacia una economía circular y reducir la generación de residuos.

Sin embargo, hay por lo menos dos preguntas que deben resolverse, la primera tiene que ver con la fuente de los recursos económicos para darle viabilidad al proyecto, ya que tanto la situación financiera de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) como de las finanzas públicas del país, plantea interrogantes serios. En este punto esperamos que se establezcan mecanismos claros para la necesaria participación del sector privado.

La segunda es sobre la definición de un cronograma claro y realista para la ejecución del proyecto. Es necesario establecer metas concretas y plazos para cada una de las etapas, así como mecanismos de seguimiento y evaluación para garantizar que el proyecto se desarrolle de acuerdo con lo planificado. No está demás señalar la exigencia de transparencia de todo el proceso.

La reconversión de la termoeléctrica de Tula se inscribe en un contexto más amplio de transición energética. México, al igual que muchos otros países, busca reducir su dependencia de los combustibles fósiles y promover el desarrollo de fuentes de energía renovables. Este proyecto representa un paso en esta dirección, aunque es necesario complementar las acciones de reconversión con una visión más integral.

Por ejemplo, de la energía que genera la CFE, en términos interanuales, al mes de julio de 2024, sólo el 23 % correspondió a tecnologías limpias, destacando en ellas la correspondiente a las hidroeléctricas con el 12 %. La energía solar y eólica apenas sumaron el 0.3 %. Recordemos que la meta mínima de energías limpias en la generación de energía eléctrica era del 35% para el 2024.

Aquí conviene apuntar dos situaciones, una el impacto negativo sobre la generación en las centrales hidroeléctricas por la falta de lluvias y dos, la existencia en el país de otras 24 plantas que usan el combustóleo como uno de sus posibles insumos.

La reconversión de la termoeléctrica de Tula es una noticia alentadora tanto por los retos de salud y medio ambiente como por ser ejemplo de que si es posible encontrar temas fundamentales para el desarrollo, que pueden apartarse de la polarización que se vive en el país.

Hacemos votos por que este paso en el Maratón de la transición energética sea el uno de otros muchos en el sentido correcto.