La política que viene
Los individuos deben ser el motor del cambio a partir de la recuperación de su capacidad creativa. La congruencia debe convertirse en pilar para las relaciones humanas.

Armando Ríos Piter
Editorial
#SanarAMéxico. Por una #NuevaRepública.
La semana pasada fue una de reacomodos e incógnitas. La renuncia de Adán Augusto López es un anuncio claro, Morena se reconfigura en sus equilibrios internos, pero también se fisura. Ante la presión estadunidense, ¿será que veremos al exgobernador en tierra para rearticular el “nacionalismo obradorista” por lo que pudiera venir? Se habla de que la famosa lista de políticos implicados con el crimen ha intensificado preocupaciones en Palacio Nacional. Las tensiones crecen. Como ejemplo sintomático, se ha filtrado que, en un encuentro ríspido, se ahondaron las diferencias entre Claudia Sheinbaum y Andy, el hijo del expresidente.
Como cada sexenio, conforme avanza el tiempo, los desequilibrios entre Claudia y AMLO se aceleran. ¿Vendrán más cambios? ¿En el partido? ¿En las secretarías de Estado? Es probable, aún más por las constantes presiones de Trump. ¿Qué resortes están en juego? ¿Presiones por parte de su propio grupo contra la Presidenta? ¿Movilización social para encubrir las diferencias? ¿Que López Obrador regrese a la cancha para “defender el suelo mexicano” (o a los suyos)? O, peor aún, reacciones violentas por el incumplimiento de acuerdos. Todo puede pasar.
En este escenario, como desde hace ya muchos años, el día con día drena la confianza de la gente. Imágenes en las que la asistente del presidente de la Corte, Hugo Aguilar Ortiz, limpia sus zapatos mientras él mantiene —con actitud de “estadista”— sus manos en la bolsa; aquellas en las que el presidente municipal de Tequila —señalado meses antes por apología del delito a favor del CJNG— es detenido por extorsionar a empresarios; las de diputados locales en Campeche que reactivan en “sesión urgente y reservada” —por miedo o diferencias con la gobernadora— el fuero constitucional después de casi 10 años de su derogación; tristemente, las de familiares de funcionarios de alto nivel arteramente asesinadas.
No faltan quienes, desde la desgastada trinchera política, piensan que la solución para este tipo de problemas estructurales es que llegue un nuevo “hombre fuerte”, que algún partido de oposición recupere el poder para “cambiar las cosas”, que entren al poder personas diferentes para que el sistema funcione. Nada más lejano a la realidad. Si bien es cierto que el arribo de mejores actores públicos, más preparados, más honestos podrían desarrollar mejor el trabajo político y el servicio público, también lo es que el sistema actual necesita ser reemplazado por algo fundamentalmente diferente.
No sólo se trata de las listas de narcopolíticos en México, el escándalo relacionado con los archivos de Jeffrey Epstein en Estados Unidos dejará una estela devastadora en torno a las instituciones del Estado liberal democrático. El desgaste y la eventual ruptura del contrato social que estas dinámicas provocarán no pueden resolverse con simples políticas públicas, se requiere un cambio de fondo que venga desde el interior de cada individuo como puntal del ente colectivo.
Es evidente que se requieren transformaciones radicales, mismas que serían alcanzables rápidamente gracias al avance tecnológico. Por tan sólo mencionar tres que resultan indispensables en el corto plazo: 1) Verificación del acto público a partir de la creación de un Cuarto Poder; 2) Institucionalización de dinámicas de participación democrática directa para la programación, implementación y supervisión de las finanzas públicas; y 3) Descentralización territorial del poder público (Legislativo, Judicial, Ejecutivo y de verificación) en nuevas células y espacios comunitarios.
No obstante, aunque estas modificaciones podrían renovar la relación del gobierno con los gobernados, sólo serán suficientes y profundas para garantizar la evolución que la convivencia social requiere si la apuesta que les dé origen y cauce se basa en una nueva consciencia colectiva. Los individuos deben ser el motor del cambio a partir de la recuperación de su capacidad creativa. La congruencia debe convertirse en pilar para las relaciones humanas. La necesidad de contar con “validación externa” debe dar paso a la consciencia y soberanía internas.
Frente al ruido externo, la búsqueda de autoridad interna. Al desquebrajamiento del sistema prevaleciente debe sobrevenir la coherencia interna de cada individuo para encontrar un nuevo equilibrio en las relaciones interpersonales. La acción introspectiva debe convertirse en la fuente real de poder. Entender lo que #YoSoy es la pauta para lograr un verdadero #NosotrosSomos a partir de ponernos en los zapatos del otro. Ésa es la base de una libertad consciente que permita la cocreación que permita un #NosotrosHacemos. Ésa es la esencia de la #NuevaRepública que viene.