El Super Bowl: más allá de un juego
La NFL ha creado un producto que a nivel mundial crece en audiencia a pasos agigantados, llevando partidos oficiales en las últimas dos décadas a México, Alemania, España, Reino Unido, Brasil, Irlanda, Canadá y, este año, a Francia y Australia. Han adaptado el deporte para hacerlo un espectáculo televisivo y publicitario que beneficia a todos los involucrados

Carlos Kenny Espinosa Dondé
Editorial
Recordando a Pepe Espinosa y a Roberto Kenny Espinosa Fuentes, apasionados del futbol americano.
El segundo domingo de febrero de cada año se juega la final por el campeonato de la NFL, el Super Bowl. Ese día, aficionados conocedores de toda la vida y villamelones de convivencia (como en todos los eventos de moda) se reúnen, tanto en Estados Unidos como en México, a ver no sólo un evento deportivo, sino un espectáculo social y de entretenimiento como pocos en el mundo. En México, el mismo partido es transmitido a nivel nacional por cuatro televisoras distintas, lo que no sucede ni siquiera con los Juegos Olímpicos, el futbol mexicano o la Copa del Mundo de Futbol.
La NFL ha creado un producto que a nivel mundial crece en audiencia a pasos agigantados, llevando partidos oficiales en las últimas dos décadas a México, Alemania, España, Reino Unido, Brasil, Irlanda, Canadá y, este año, a Francia y Australia. Han adaptado el deporte para hacerlo un espectáculo televisivo y publicitario que beneficia a todos los involucrados. A diferencia de la mayor parte de las ligas profesionales fuera de Estados Unidos, la NFL es una organización que reparte sus ganancias no solamente entre los 32 dueños de los equipos, sino también entre los jugadores de toda la liga. Estas incluyen los contratos de derechos de televisión, publicidad, marketing, patrocinios corporativos y mucho más; sólo en 2024 dio ganancias superiores a los 23 mil millones de dólares.
Las políticas de la liga son claras para todos los equipos, y las reglas del juego se revisan y adaptan cada año para mejorar el espectáculo y proteger la salud e integridad de los jugadores, que son representados por su sindicato. Claro que la NFL ha tenido momentos deplorables y difíciles: desde huelgas por desacuerdos económicos entre dueños y jugadores hasta el infame ocultamiento de los daños neurológicos a cientos de jugadores derivados de los brutales golpes en la cabeza que suceden cada juego y pueden provocar degeneraciones cognitivas y neuronales conocidas como Encefalopatía Traumática Crónica (CTE), padecimiento que ocasionó la muerte de muchos exjugadores, inclusive por suicidio al no poder controlar los síntomas. Esto llevó a demandas multimillonarias y al pago de resarcimiento de daños a jugadores y sus familias, pero también a la mejora del equipamiento y cambios en las reglas para disminuir lesiones que provocan dicho padecimiento.
La multipropiedad está prohibida y ninguna televisora, plataforma de TV o cualquier otro medio con derechos para transmitir los juegos pueden ser dueños o accionistas de ningún equipo. El sistema deportivo universitario sirve de semillero inagotable de talento, no sólo para los jugadores sino también para los coaches y ejecutivos que eventualmente llegarán a la NFL. Los 30 estadios que utilizan en Estados Unidos tienen la infraestructura para albergar cualquier evento deportivo o espectáculo sin modificaciones mayúsculas; asistir a un partido es una experiencia memorable para todos los aficionados.
Sin embargo, el Super Bowl es diferente: la sede se asigna años antes de su realización, después de una competencia entre estadios y ciudades. La derrama económica en el estado sede se mide en miles de millones de dólares. El medio tiempo, en un inicio 15 minutos de bandas colegiales y algún número musical intrascendente, se transformó en un épico espectáculo de media hora presentado por artistas consagrados como Michael Jackson, U2, Beyoncé, Madonna, Rolling Stones, Paul McCartney, Prince, Bruce Springsteen, Lady Gaga, Shakira, JLo y, para esta edición, el intérprete más escuchado en todo el mundo los últimos dos años: Bad Bunny.
Nunca un medio tiempo había sido tan politizado: la división creada por Trump así como la ignorancia de muchos seguidores que se quejan de que un “extranjero” (Puerto Rico es parte de Estados Unidos) cante en español (aunque yo no entienda la mitad de lo que dice), así como la amenaza de la presencia de ICE en los alrededores del estadio en Santa Clara ha enrarecido el ambiente. Pero la liga sabe que ellos seguirán mientras presidentes vienen y van. ¿Se imaginan todo lo que pueden aprender todas las ligas mexicanas de la NFL?