Perfil: Rubén Rocha, siempre bajo la sombra de la sospecha
El gobernador de Sinaloa, a quien EU acusa de narco, ha navegado entre dos realidades: la del académico y político que llegó al poder bajo la bandera de Morena y la del mandatario cuya gestión está marcada por la detención de El Mayo y señalamientos de colusión

A Rubén Rocha Moya le llegó el día. Tuvo que ser una acusación formal del gobierno de Estados Unidos la que pusiera en la agenda pública nacional las sospechas que siempre hubo contra el gobernador de Sinaloa de sus nexos con el narcotráfico.
A la crisis de gobernabilidad que ya enfrentaba por la violencia en Sinaloa, originada por la ruptura interna del Cártel del Pacífico que acarreó la captura de El Mayo Zambada, el mandatario y otros nueve personajes relacionados con él aparecen en expedientes judiciales que pueden derivar en solicitudes de extradición.
Rocha Moya representa una de las trayectorias más paradójicas de la política mexicana reciente. Nacido en 1949, en Badiraguato, municipio sinaloense estigmatizado por ser la cuna de los liderazgos más visibles de tráfico de drogas, construyó durante décadas una imagen alejada de la narcocultura: la de un intelectual de izquierda y reformador universitario.
De la Rectoría al Senado
Su ascenso en la política no fue repentino. Como exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, que dirigió de 1993 a 1997, Rocha consolidó una base de poder basada en el control institucional y el prestigio académico.
Ocupó diversos cargos administrativos en el ISSSTE y, tras años de orbitar el poder estatal en cargos de asesor, incluyendo uno con el priista Quirino Ordaz, su alianza en 2018 con el proyecto de la Cuarta Transformación lo catapultó, primero, al Senado y luego, en 2021, a la gubernatura de Sinaloa.
Ahí prometió una "limpia" institucional que hoy se ve empañada por la realidad del terreno.
Desde su campaña en 2021, diversos reportes periodísticos mencionaban que operadores del Cártel de Sinaloa habrían intervenido en las elecciones para favorecer a Morena, mediante el secuestro de operadores políticos de la oposición el día de la jornada electoral. Rocha siempre negó estas versiones.
La captura de El Mayo
El punto de quiebre en su biografía ocurrió el 25 de julio de 2024.
Lo que comenzó como un operativo histórico de Estados Unidos para capturar a Ismael El Mayo Zambada, terminó convirtiéndose en un expediente criminal que hoy apunta directamente al despacho del gobernador. Ya detenido, el cofundador del Cártel de Sinaloa afirmó, mediante una misiva pública, que fue emboscado mientras acudía a una reunión política convocada por el propio Rocha Moya.
Aunque el mandatario intentó deslindarse alegando un viaje familiar a California ese mismo día, la falta de transparencia en sus bitácoras y la coincidencia del asesinato de su rival político, Héctor Cuén, en la misma jornada, fracturaron su credibilidad de forma irreversible.
A pesar de esto, en reiteradas ocasiones, Morena y sus liderazgos han expresado en público su respaldo total a Rocha.

Por ejemplo, el 12 de agosto de 2024, a las pocas semanas del escándalo por el asesinato de Cuén y la captura de El Mayo, los gobernadores emanados del partido y sus dirigentes rechazaron en un comunicado “las mentiras y la estigmatización” de las que Rocha había sido víctima, dijeron.
El montaje Cuén
El asesinato de Héctor Melesio Cuén, ocurrido el mismo día de la captura de El Mayo, se convirtió en la prueba de fuego que la justicia sinaloense no logró superar. Inicialmente, la Fiscalía General del Estado (FGE) intentó imponer una narrativa simplista: que Cuén había sido víctima de un intento de robo de vehículo en una gasolinera a las afueras de Culiacán.
Sin embargo, este relato se desmoronó rápidamente ante la evidencia técnica y la presión de la Fiscalía General de la República (FGR), que desmintió la versión local al revelar que el video de la gasolinera presentado por la Fiscalía estatal estaba editado o no correspondía a la realidad de los hechos.
Las heridas de bala reportadas en la necropsia no coincidían con los disparos que se apreciaban en la grabación, y los testimonios de los empleados del establecimiento contradecían la versión oficial del supuesto asalto.
Las investigaciones federales terminaron por dar la razón a la carta enviada por Zambada, sugiriendo que Cuén no murió en un robo, sino que fue asesinado en el mismo inmueble donde el capo fue secuestrado.
Esto implicaba que la escena del crimen fue alterada deliberadamente por las autoridades estatales para proteger una narrativa que desvinculara el homicidio de la reunión con el gobernador.
Ante el cúmulo de irregularidades y el señalamiento directo de la FGR por negligencia y ocultamiento de información, la entonces Fiscal de Sinaloa, Sara Bruna Quiñónez, se vio obligada a presentar su renuncia. Su salida no fue vista como un acto voluntario, sino como el sacrificio de una pieza clave para intentar contener el daño político que alcanzaba directamente al despacho de Rocha Moya.
El asedio judicial de EU
A diferencia de otros mandatarios que enfrentan críticas locales, el cerco sobre Rocha es internacional.
Reportes de agencias estadounidenses han dejado de verlo como un mediador para señalarlo como un facilitador operativo de la facción de Los Chapitos.
Bajo su gestión, Sinaloa ha vivido periodos de parálisis total debido a las pugnas internas del cártel, lo que ha generado la percepción de un gobierno que no solo es incapaz de contener la violencia, sino que podría estar administrando los intereses de uno de los bandos.
¿Fugitivo en potencia?
Hoy, el perfil de Rubén Rocha Moya es el de un hombre en aislamiento político. Aunque mantiene el respaldo del aparato oficial en el discurso, el avance de las solicitudes de extradición gestionadas por la Cancillería y la FGR proyecta una sombra de incertidumbre sobre su futuro.