Obregón muestra colmillo: pone orden en la contienda electoral
El presidente Álvaro Obregón había permanecido en silencio ante la tormentosa situación política que imperaba en el país, por ello, se vio obligado a dar un golpe de autoridad

En los primeros días de noviembre de 1923 continuó la fricción entre los grupos callistas y delahuertistas en diferentes frentes políticos. Entre balaceras y jaloneos parlamentarios, la incertidumbre reinaba en cada sesión del Congreso.
Se dieron versiones de que los candidatos presidenciables, Calles y De la Huerta, celebrarían una conferencia de prensa conjunta para tratar de apaciguar la violencia desatada hasta ese momento por sus simpatizantes en torno a la contienda electoral.
No hay en perspectiva ninguna entrevista entre el general Calles y yo, y autorizo a Excélsior para rectificar esos rumores”, dijo De la Huerta, en exclusiva para este rotativo.
Por su parte, Calles se refirió al tema, “Esto me parece una farsa burda con que se trata de desorientar a la opinión pública, pues lo honrado sería que el señor De la Huerta declarara, como es la verdad, que yo no he solicitado ninguna entrevista con él”.
COMPLOT EN LA CÁMARA
La tensión se recrudeció cuando el bloque delahuertista del Partido Nacional Cooperatista (PNC) en la Cámara de Diputados, señaló haber descubierto una conspiración por parte de miembros del ejército Federal para asesinar a los integrantes del grupo de legisladores, principalmente a su líder, Jorge Prieto Laurens.
Fue por medio de una carta dirigida a Obregón que se dio a conocer el supuesto plan.
El jefe de la guarnición de la plaza de la capital, el general Arnulfo R. Gómez, fue el principal señalado por los cooperatistas como autor intelectual del complot para atentar contra los diputados.
La denuncia decía que R. Gómez había ordenado a un grupo de 200 pistoleros, oficiales del ejército, vestirse de civil y dirigirse hasta la tribuna del pleno, quienes al grito de ¡viva Calles!, abrirían fuego contra la bancada adolfista del referido partido.
El general fue consultado por Excélsior, y desmintió en exclusiva su participación en cualquier tipo de ataque en contra de algún diputado del PNC. Calificó las acusaciones en su contra como una “maniobra criminal” para llamar la atención de la opinión pública.
OBREGÓN SALE AL QUITE
Ante los dimes y diretes, el presidente Obregón salió a poner orden al pedir que las elecciones se llevaran a cabo en orden y sin violencia. Para disipar la idea de una disolución del congreso a balazos, ofreció el envío de tropas a los recintos legislativos con la finalidad de brindar garantías para el poder legislativo.
Luego de haberse mantenido fuera de la discusión, Obregón rompió el silencio al salir en defensa del ejército mexicano con un certero golpe en la mesa; por medio de una carta difundida por la prensa, pidió enérgicamente que se evitara manchar el nombre de la institución militar.
Las palabras del presidente de la República hicieron eco fuera de México. En Excélsior se reprodujo parte de una editorial publicada por el New York Times, sobre el asunto, “el gobierno del general Obregón es más fuerte que todas las oposiciones y que no vacila en usar de su fuerza para mantener el orden”.
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