México afina su ruta hacia la electromovilidad
En la primera mesa del Electromovilidad Imagen Summit, presentado por BYD, líderes del sector energético y empresarial coincidieron en que México enfrenta un punto de inflexión: requiere certidumbre jurídica, infraestructura de recarga, generación eléctrica suficiente y una estrategia nacional para que la movilidad eléctrica sea una realidad accesible para todos.

El futuro de la movilidad eléctrica en México ya no es una conversación técnica, sino una decisión de Estado, de mercado y de ciudadanía. Así lo plantearon Juan Acra, presidente del Consejo Mexicano de la Energía (Comener); Armando Zúñiga, vicepresidente de Coparmex; y Germán Carmona, presidente de la Asociación Mexicana de Impulso al Vehículo Eléctrico (AMIVE), durante la primera mesa del Electromovilidad Imagen Summit, moderada por Francisco Zea.

La charla arrancó con un diagnóstico sobre la necesidad de México para contar con un sistema eléctrico “robusto, confiable y seguro”, expuso Acra. Hoy, 60% de las centrales eléctricas operan con gas natural proveniente en su mayoría de Estados Unidos. Para 2030, el país requerirá al menos 10 mil megawatts adicionales, un desafío que sólo será posible, dijo, si se fortalece la inversión privada mediante reglas claras, certeza jurídica y un marco que garantice el retorno de capital.
Aún con las tensiones en torno al Poder Judicial, Acra subrayó que el sector mantiene diálogo con autoridades y legisladores para revisar leyes de inversión mixta y facilitar proyectos estratégicos. “Tenemos comunicación, y eso ya es un avance”, afirmó.

Desde el sector empresarial, Armando Zúñiga recordó que la electromovilidad es un pilar del enfoque ESG y de la Agenda 2030. Mientras grandes compañías han electrificado ya buena parte de sus flotas logísticas, el gran reto está en las micro, pequeñas y medianas empresas, responsables del 98% del empleo nacional.
“Si una pyme no cuenta con un cargador propio, es prácticamente imposible operar un vehículo eléctrico”, advirtió. De ahí la urgencia de políticas que les permitan acceder a infraestructura y financiamiento.

Por su parte, Germán Carmona señaló que México no sólo ha sido consumidor, sino desarrollador. Desde hace casi tres décadas, la UNAM impulsa prototipos eléctricos y proyectos como el minibús Taruck. Sin embargo, insistió en que el país necesita “ordenar este crecimiento acelerado” a partir de cuatro pilares: tecnología vehicular, infraestructura de recarga, modelos financieros y regulación.
La electromovilidad, sostuvo, “se paga sola” en sectores como reparto y transporte público, siempre que exista un diseño adecuado.
En la segunda parte del diálogo, Zea puso sobre la mesa un tema clave: ¿Realmente creen los mexicanos en la electromovilidad? Más allá de mitos sobre baterías, costos o seguros, Carmona comparó la transición con el uso del teléfono inteligente: se utiliza de día, se carga de noche y su operación es confiable. “Impulsar recarga nocturna mediante tarifas dinámicas permitiría aprovechar mejor la capacidad instalada sin saturar la demanda diurna”, añadió.
Zúñiga mencionó que otro componente es la energía limpia. “No sirve usar un vehículo eléctrico si la electricidad que lo mueve se generó de manera contaminante”, dijo.
En este tenor, propuso acelerar investigación nacional y una futura ensambladora mexicana que produzca modelos accesibles para nuevas generaciones.
Para Acra, la respuesta también pasa por aumentar la oferta. “México tiene uno de los yacimientos de gas más importantes del mundo: Tampico-Misantla, sin explotar por falta de certidumbre. Sustituir importaciones y detonar esa capacidad sería clave”, apuntó.
Los panelistas concluyeron que México tiene la capacidad técnica, empresarial y académica para liderar su propia transición energética. Lo que falta es ordenar, invertir y comunicar, para que la ciudadanía confíe en una tecnología que ya es viable y que, bien implementada, puede convertirse en una herramienta de competitividad nacional.
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