Maximato, en Austeridad revolucionaria
Tras el asesinato de Obregón, presidente electo, el secretario de Gobernación, Emilio Portes Gil, asumió como mandatario interino; Calles le cedió la silla

El escenario fue nuevamente el Estadio Nacional, mismo que se pintó de verde, blanco y rojo para albergar la toma de protesta del nuevo mandatario mexicano.
El asesinato del presidente electo, Álvaro Obregón, quien se preparaba para encabezar su segundo periodo de gobierno luego de haberse desempeñado como Presidente de la República de 1920 a 1924, trajo consigo la necesidad de nombrar a un Presidente interino para, después, convocar a elecciones.
Según el mandato constitucional, la responsabilidad recayó en el entonces secretario de Gobernación, Emilio Portes Gil, quien asumió el Poder Ejecutivo el 1 de diciembre de 1928.
La transmisión del poder fue un acto solemnísimo”, puede leerse en la portada de Excélsior. De igual manera, esta casa editorial publicó los nombres que integrarían el gabinete de Portes Gil, entre quienes destacó Pascual Ortiz Rubio, al frente de la Secretaría de Gobernación.
Una guardia de honor conformada por elementos del Colegio Militar, la Guardia Presidencial, así como efectivos de diferentes regimientos, acompañó la columna en la que se trasladó Portes Gil desde el Castillo de Chapultepec hasta el complejo del Estadio Nacional que volvió a albergar un acto de investidura presidencial.
Alrededor del recinto se instalaron numerosas antenas de radio para transmitir el evento cívico a toda la República por primera vez en la historia. Entre simpatizantes, delegados gremiales, representantes extranjeros, gobernadores y otros funcionarios invitados, las gradas lucían pletóricas. Todo estaba listo para oficializar la llegada del tamaulipeco al poder.
Una vez establecida oficialmente la Sesión de Congreso General, se rindieron honores militares a los presidentes Elías Calles y Portes Gil, el primero que dejaba su cargo para dar paso a la presidencia provisional de Portes Gil al frente de la nación. Durante la ceremonia se rindió un breve homenaje, entre aplausos, a Obregón.
El Presidente entrante efectuó la tradicional toma de protesta, seguido de un discurso en el que aludió a lo que denominó austeridad revolucionaria como parte esencial de su plan de gobierno.
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