La logística mueve a México; la seguridad hace posible que no se detenga

México tiene una posición privilegiada. Somos vecinos de uno de los mayores mercados del mundo. 

Por: Diana Jaramillo

Si queremos que México siga moviéndose, debemos proteger a quienes todos los díashacen posible que se mueva.
Si queremos que México siga moviéndose, debemos proteger a quienes todos los díashacen posible que se mueva.

La semana pasada tuve el honor de recibir el Premio Mictlán a la Trayectoria Logística 2026, en reconocimiento a nuestra aportación desde la seguridad. El nombre del premio alude al camino y a las pruebas que deben superarse a lo largo de los años, una idea que adquiere un significado especial cuando pensamos en quienes todos los días hacen posible que las cadenas logísticas de nuestro país sigan funcionando.

Lo recibí como presidente de ASUME y Grupo IPS, pero durante la ceremonia quise dejar claro que este reconocimiento es, en realidad, para las mujeres y hombres que están diariamente en la operación, protegiendo instalaciones, centros de distribución, almacenes, mercancías y, especialmente, acompañando unidades de transporte por las carreteras de México.

Muchos de ellos realizan su trabajo en condiciones difíciles y enfrentan riesgos que pocas veces son visibles para quienes recibimos un producto en un supermercado, vemos funcionar una planta o encontramos mercancías mexicanas en otros mercados.

Detrás de cada uno de esos productos existe una amplia cadena que articula productores, proveedores, transportistas, centros logísticos, empresas y trabajadores. De su funcionamiento depende una parte importante de nuestra actividad económica.

Y esa cadena necesita seguridad.

Para dimensionar su importancia, se estima que el mercado logístico de México alcanzó cerca de 123 mil millones de dólares en 2025, una cifra equivalente al 6.8 % del Producto Interno Bruto.

México tiene una posición privilegiada. Somos vecinos de uno de los mayores mercados del mundo, contamos con una amplia red de tratados comerciales, una industria manufacturera profundamente integrada con Norteamérica y una ubicación estratégica que abre importantes oportunidades para atraer inversión, aumentar nuestras exportaciones y fortalecer las cadenas productivas.

Pero para convertir esas ventajas en inversión, empleo y crecimiento existe una condición que no podemos subestimar. La seguridad logística.

El robo al transporte de carga, la extorsión, la delincuencia organizada y los riesgos que enfrentan diariamente transportistas, operadores y custodios afectan al mismo tiempo la seguridad pública y la competitividad de nuestra economía.

El robo de una unidad puede retrasar una entrega, dejar una planta sin insumos, elevar el costo del seguro u obligar a modificar rutas. Son afectaciones que encarecen la operación, reducen la eficiencia y dificultan cumplir con los tiempos comprometidos. Pero lo más grave es el peligro que enfrentan quienes conducen y custodian la carga, pues en muchos casos ponen en juego su propia vida.

Todo esto cambia la forma en que las empresas deben ver la seguridad.

Durante años, en muchas organizaciones se administró principalmente como un costo operativo necesario. Hoy debemos verla como una inversión estratégica que protege a las personas y los activos, da continuidad a las operaciones, hace más predecibles los tiempos de entrega y permite planear rutas, inventarios e inversiones con mayor certidumbre. Esa predictibilidad también se traduce en competitividad.

Tecnología, inteligencia, análisis de riesgos, centros de monitoreo, geolocalización, trazabilidad, protocolos de reacción y personal cada vez más especializado están transformando la manera en que protegemos las cadenas de suministro. La información permite identificar patrones, anticipar riesgos y tomar mejores decisiones antes de que un incidente interrumpa la operación.

Ese esfuerzo tecnológico, sin embargo, tiene un alcance limitado cuando opera de manera aislada. Necesitamos fortalecer la colaboración entre autoridades, empresas transportistas, operadores logísticos, generadores de carga y seguridad privada. Cada uno dispone de información y recursos que, correctamente articulados y dentro de reglas claras, pueden mejorar la prevención, reducir los tiempos de respuesta y proteger con mayor eficacia los corredores estratégicos del país.

La seguridad privada tiene aquí capacidades que aportar con responsabilidad y profesionalismo.

Somos quienes estamos dentro de las plantas, en los centros logísticos y los almacenes, acompañando mercancías y recorriendo diariamente las carreteras del país. Esa presencia nos permite contribuir a la prevención, aportar experiencia y capacidad operativa y colaborar directamente con la seguridad pública. Cuando autoridades, empresas y seguridad privada cumplen la parte que les corresponde y trabajan de manera coordinada, la prevención y la respuesta pueden ser mucho más eficaces.

También conviene recordar que toda esta tecnología debe estar al servicio de las personas.

La custodia en carreteras es uno de los servicios de mayor riesgo que prestamos. Quienes realizan esta labor pueden encontrarse frente a grupos criminales y situaciones de violencia. Por eso, invertir en inteligencia, capacitación, protocolos, equipamiento y profesionalización es también una forma de protegerlos y reducir su exposición.

Algunos de nuestros compañeros no han regresado a casa.

Al recibir el Premio Mictlán pensé especialmente en ellos, en nuestra gente de operación. Pensé en quienes recorren las carreteras mientras muchos dormimos y protegen una unidad, una mercancía y, con ello, la continuidad de empresas y empleos que dependen de que esa cadena siga funcionando.

La relación entre seguridad, logística y competitividad es directa. La seguridad sostiene la continuidad logística, la logística sostiene buena parte de nuestra competitividad y de ambas depende la capacidad de atraer inversión, generar empleo y crecer.

La agenda exige avanzar en prevención, inteligencia, coordinación, profesionalización y recuperación de los corredores donde la delincuencia sigue imponiendo costos a empresas y trabajadores.

Si queremos que México siga moviéndose, debemos proteger a quienes todos los días hacen posible que se mueva.

La logística mueve a México. La seguridad hace posible que no se detenga.

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