Liga Comunista 23 de septiembre: Fuga de Oblatos, un salto a la libertad
A 50 años de la fuga del penal en Guadalajara, Michel, uno de los últimos sobrevivientes, recuerda la represión y violencia que empujó a una generación de jóvenes a la radicalización

“La historia nos ha dado la razón en cuanto a que fueron legítimos y justos nuestros cuestionamientos al sistema capitalista como un sistema de muerte, un sistema que no tiene futuro, que no tiene perspectiva ni esperanza para la humanidad. En eso no nos equivocamos”.
Así se expresa el exguerrillero Antonio Orozco Michel, uno de los últimos sobrevivientes de la fuga del Penal de Oblatos, Jalisco, hace exactamente 50 años, considerada un hito en la lucha contra el autoritarismo gubernamental en México.
Hace medio siglo, en el corazón de una Guadalajara convulsa por la represión política, se gestó una de las hazañas más inverosímiles de la guerrilla urbana en México. Orozco Michel, un joven originario del barrio popular de San Andrés, fue uno de sus protagonistas.
Su historia representa a toda una generación de jóvenes sensibilizada ante la opresión del sistema, tras la masacre de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, y el Halconazo o Matanza del Jueves de Corpus, el 10 de junio de 1971, crímenes de Estado en los que murieron al menos 600 manifestantes y miles más resultaron heridos, de acuerdo con cifras extraoficiales.
“Esta lucha estudiantil fue descalificada, fue condenada. Los líderes fueron perseguidos, encarcelados… y eso, pues te trastoca, acelera la radicalidad de un pensamiento juvenil que no estaba pensando en la lucha armada como forma de lucha, sino en la lucha por abrir espacios democráticos… pero ante la respuesta violenta, pues cientos de miles de jóvenes llegamos a la conclusión de que era imposible conseguir cambios por la vía pacífica”, relata a Excélsior Antonio Orozco, conocido como Michel.
"No aceptábamos las desigualdades ni el mundo que se nos ofrecía”, asevera el exguerrillero, a cinco décadas de la fuga de aquel 22 de enero de 1976.

Rebeldía con causa
Medio siglo después de su escape de la prisión, Michel recuerda el camino que lo llevó de ser un “rebelde sin causa” a un militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S), organización guerrillera que buscaba una transformación socialista mediante la vía armada.
Como amigo de una pandilla juvenil de aquí del barrio, los Vikingos, me empecé a involucrar en un conflicto universitario, sin ser yo estudiante de la Universidad de Guadalajara. Un movimiento opositor a la estructura autoritaria y represiva de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), que era un organismo de control, de represión”, narra.
Michel se unió a las filas del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) para combatir el control “porril y gangsteril” de la FEG. Tras sufrir persecuciones y el asesinato de líderes de su movimiento, concluyó que la vía pacífica era inviable. Fue así como, en 1973, se adhirió a la LC23S.
Como militante de la liga, en 1974, Michel fue detenido y recluido en la sección de aislamiento del Penal de Oblatos, conocida como El Rastro. Acusado de delitos como robo, secuestro y homicidio, se enfrentaba, junto con sus compañeros, a condenas que superaban los 40 años. Ante la falta de vías legales, la evasión se convirtió en su única esperanza de libertad.
Una fuga de película

- Coordinación externa: Se establecieron cuatro comandos exteriores con cerca de 30 personas. Un comando tomó instalaciones de la CFE para dejar en penumbras la zona y facilitar la huida.
- La salida de El Rastro: Los seis presos salieron por el boquete del muro hacia el torreón y escalaron hasta la muralla.
- Combate: En la muralla, usaron armas que les llevaron sus madres para someter al guardia de la caseta 9 tirotearon la 10.
- Descenso con estambre: Para bajar la muralla, de cinco metros de altura, utilizaron cuerdas que ellos mismos habían tejido secretamente con el estambre de las manualidades.
- Extracción: Mientras los comandos exteriores neutralizaban a la guardia rural en la puerta central y las esquinas, los fugitivos llegarona la calle, donde un vehículo los esperaba para emprender la retirada.
La fuga, denominada Operación 29 de Mayo, fue planeada con precisión militar. Durante meses, Enrique Pérez Mora, El Tenebras; José Natividad Villela, Billetes; Armando Escalante; Francisco Mercado; Mario Álvaro Cartagena, el Guaymas, y el propio Michel observaron los movimientos de la guardia y la estructura del penal.
En El Rastro, todos los muros que daban a la muralla los reforzaron con una plancha de varilla y concreto armado para que fuera imposible horadar, y reforzaron la malla del cielo del dormitorio con varilla soldada, cuadritos muy pequeños, de tal manera que estábamos como en una jaula de pollos... pero con el tiempo observamos que había un muro que no daba la calle, sino a un torreón de la esquina del penal; ése no había sido reforzado”, cuenta Michel.
Usando su ingenio, los guerrilleros obtuvieron herramientas para horadar en ese punto vulnerable, de 80 centímetros de espesor. Con permiso de la dirección del penal se hicieron de un desarmador, clavos, martillo, madera y estambre, bajo el pretexto de tejer gabanes.
El desarmador nos permitió despegar los mosaicos y, pedacito por pedacito, los tabiques; fue una herramienta valiosísima para la horadación del muro", narra Antonio. El proceso les tomó más de dos meses.
Para evitar que durante las inspecciones diarias descubrieran el túnel, fabricaron una tapa de quita y pon que evitaba que la pared sonara hueca al ser golpeada por los custodios.
El 22 de enero de 1976, los seis militantes de la LC23S emprendieron el escape. La ayuda exterior fue fundamental, en especial la de las madres de Michel y El Tenebras: Teresa Michel y María Mora, quienes introdujeron las pistolas necesarias para someter a los guardias de la muralla, ocultándolas en ollas de comida.
Ellas lo hacen porque, ya para ese momento, entienden la justeza de esta lucha y están de nuestro lado”, afirma Michel.
La fuga fue cronometrada y duró alrededor de 12 minutos. “Empezamos a pasar por el hoyo 10 minutos antes, es decir a las 7:30 pm, y estuvimos en formación unos dos minutos, esperando las 7:38. En ese momento corría el tiempo acordado con el comando externo para dar la señal de nuestra parte, ya con el guardia reducido para que iniciara el ataque hacia la guardia exterior”, cuenta.
Afuera, un comando de militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S) tomó instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), para interrumpir la luz en esa zona de la ciudad, mientras que otros dos atacaron a la guardia exterior del penal en una esquina y la puerta central, creando una distracción.
Es una acción coordinada que es llevada a cabo de manera meticulosa y precisa, con la coordinación en la acción y la participación de más de 30 compañeros y compañeras”, recuerda Antonio.
Y mientras que los comandos exteriores neutralizaban la vigilancia, los jóvenes se descolgaron hacia la libertad usando sogas tejidas con el estambre destinado a las artesanías, en medio de la “tracachinga”, un término acuñado para referirse a momentos de alto impacto, en este caso, un tiroteo.

Memoria contra el olvido
Aunque cinco de los seis fugados se reincorporaron a la LC23S, muchos, como El Tenebras, cayeron posteriormente en enfrentamientos o fueron víctimas de desaparición forzada, mecanismo que durante décadas fue empleado por el Estado mexicano. En la Guerra Sucia, cientos de opositores también fueron asesinados en los llamados "vuelos de la muerte", donde eran arrojados al mar desde aviones militares.
Detenido nuevamente en 1977, Michel finalmente fue liberado en 1982, como parte de la última etapa de la Ley de Amnistía con la que el entonces presidente José López Portillo intentó dejar atrás la crisis política de la Guerra Sucia.
Medio siglo después de su escape, Michel defiende su participación en una lucha que considera legítima frente a un sistema que no ofrecía alternativas democráticas.
No me arrepiento de haber sido parte de este proceso; tuvimos el coraje, como jóvenes, de reaccionar ante crímenes atroces de los gobernantes”, asevera.
Y concluye: “Cientos de jóvenes, mujeres y hombres, fuimos coherentes hasta las últimas consecuencias. Muchos y muchas murieron en los enfrentamientos de choque contra la policía y el Ejército; muchos otros, cientos más, murieron de una manera muy, muy cruel en las torturas, en las desapariciones y en los vuelos de la muerte. A ellos no los olvidamos y le seguimos reclamando al Estado y a los responsables que cometieron esos crímenes de lesa humanidad. Eso lo cumplimos en la consigna: ‘Ni perdón ni olvido’”.
*mcam
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