El cero votos y su sueño guajiro

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

  • El vocero de Morena en San Lázaro, Arturo Ávila, hasta bardas con su nombre ha mandado a pintar.

Pocos entienden cómo es que alguien que lleva años buscando ser gobernador de Aguascalientes, donde, por cierto, no ha ganado ni una elección de su manzana, aspire hoy a ser alcalde en la Cuauhtémoc, donde nadie lo conoce.

Es el caso del vocero de Morena en San Lázaro, Arturo Ávila, quien hasta bardas con su nombre ha mandado a pintar en esa demarcación, de la que dicen que probablemente sólo ubique alguna calle de la Roma Sur, pero nada más.

El llamado cero votos —mote que le puso el diputado panista Federico Döring y que seguramente lo estigmatizará de por vida, porque pierde en cuanta elección participa—, de repente sintió amor por la Cuauhtémoc.

Seguramente piensa que su jefe en San Lázaro, Ricardo Monreal, le echará una manita, toda vez que que él fue dos veces alcalde en esa demarcación, pero eso sólo está en su cabecita.

No hay que olvidar que Ávila —exproveedor estrella en el gobierno de Enrique Peña Nieto— era gente del defenestrado Adán Augusto López, antes de dar el brinco hacia los brazos del zacatecano; de ahí a que sean cercanos…

Pocos toman en serio a Arturito, por mucho que pudiera tener el apoyo de la presidenta morenista Luisa María Alcalde, quien, decían, iba a incidir en las encuestas para nombrar candidatos en la Ciudad de México en 2027.

Sin embargo, la señora ha ido perdiendo apoyos internos, tanto que incluso se habla de que en breve podría dejar la dirigencia nacional, por lo que sus opiniones empiezan a ser consideradas un poco menos que cero a la izquierda.

Habrá que reconocer que Alcalde tiene una importante coincidencia con Ávila: ella tampoco ha ganado un sólo voto en las urnas. Será muy dirigente de partido, pero la única vez que fue diputada llegó como plurinominal del Movimiento Ciudadano en 2012.

Es decir, ambos han sido diputados por la vía que hoy se empeñan en desaparecer; son cero votos.

El camino de Luisa siempre ha sido de la mano de Andrés Manuel López Obrador, quien primero la impuso como secretaria del Trabajo y después en Gobernación.

No es que carezca de méritos académicos, pero a todos los cargos ha llegado sin experiencia, lo que le ha impedido consolidar su carrera. Hoy, como dirigente guinda, carece de fuerza para decidir sobre temas de su partido.

Aunque siempre caminó con López Obrador, hoy Luisa María se ve más recargada hacia Claudia Sheinbaum, lo que seguramente le generará problemas en la capital del país, donde la jefa política es Clara Brugada, quien no es precisamente amiguis de la Presidenta.

Los duros la ven con desconfianza, pues llegó al partido en mancuerna con Andy López Beltrán, al que ha hecho a un lado. Hoy, su presidencia luce tan débil, que sus opiniones son como un cero a la izquierda; lo importante se decide a otros niveles.

Por eso es que a más de uno da hasta ternura que Arturito quiera la Cuauhtémoc, tan sólo porque cree que Alcalde lo podría apoyar, cuando entre los dos no sacan un voto. Seguro que la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega sería la más feliz si eso ocurre.

 

CENTAVITOS

Trabajadoras de la propia Secretaría de Gobierno de la capital exigieron a Brugada destituir a César Arnulfo Cravioto por haberlas mandado a desalojar con violencia del Zócalo el domingo pasado, mientras se manifestaban por el Día Internacional de la Mujer. La acusación no viene de la oposición, sino de las propias empleadas del gobierno, lo cual es aún más grave, pues nunca había pasado ni en los gobiernos del PRIAN. Una más de Arnulfo y contando.

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