Las hadas que cumplen sueños
A partir de hoy, cada semana Excélsior publicará historias que han impactado de manera positiva en la vida de decenas de personas, como la de Herta Fricke, que creó una fundación para llevar esperanza a niños con cáncer y adultos mayores.

Herta Fricke sufrió inesperadamente la separación de su matrimonio y se enfrentó a la realidad de tener que hacerse cargo sola de sus hijos. Sin bien al principio la invadieron las preocupaciones económicas, pronto encontró la ruta del éxito.
Si bien creció bajo una educación muy religiosa, ésta terminó por enfriarse. “Me interesaba tener bien económicamente a mi familia, sin importarme la demás gente; dejé de amar, de dar calor, de sonreír. Pero esa comodidad económica, en mi soledad me sabía a derrota. Fue entonces que decidí emprender un sueño que tenía de pequeña: crear una fundación para ayudar”.
Lo habló con sus hijos y juntos emprendieron la aventura. Sus personalidades eran muy distintas, así que la Fundación Herta Fricke, de inicio tenía diversas causas: tercera edad, desempleo, niños y ecología, entre otras. Pero pronto encontrarían su gran pasión en común.
Las hadas de los sueños
Como entonces la fundación era muy versátil, una de sus actividades era llevar regalos a niños en hospitales. Un día, al visitar el Siglo XXI, en la CDMX, en vez de dar un regalo a un pequeño que padecía una enfermedad terminal, lo ayudaron a cumplir un sueño, y fue en ese momento donde se comenzó a correr la voz de que había unas “hadas” que cumplían sueños.
Entonces, una trabajadora social me preguntó: ‘¿Qué pasaría si te pido que lleves a una niña a la playa?’. Le dije que lo haría. Luego me dijo: ‘¿Y si tuvieras que llevar a su familia?’. Le respondí otra vez que sí, aunque sentía que me estaba comprometiendo de más. Luego me preguntó: ‘¿Y si tuvieras que llevar a una enfermera?’. Volví a decirle que sí. Al final, ella también acompañó al niño y fue una experiencia hermosa”.
Ya centrados en lo que la fundación llama el “camino de los sueños”, un día llegaron al Instituto Nacional de Cardiología en la CDMX y dijeron a los niños: “Somos las hadas de los sueños, el que tengan se los podemos conceder”. El niño Alex pidió estar sano y salir a jugar con sus amigos; Herta no pudo explicarle que eso no se lo podían dar. Días después, lo dieron de alta.
Noreen, uno de los hijos de Herta, platica la historia de Joctan, un niño que tenía un severo cáncer en los huesos. “Me pidió apoyo, pues necesitaba una inyección de 140 mil pesos para ser candidato a trasplante de médula ósea. Empezamos a recaudar fondos; Joctan y yo nos comunicábamos por celular. De pronto él me dijo que me tenía una sorpresa; pensé que ya tenía el dinero, pero lo que me quería decir era que los médicos ya no habían encontrado en él rastro de la enfermedad”.
Por su parte, Alberto, otro de los hijos de Herta, tiene muy presente la historia de un niño que estaba muy enfermo, pero soñaba con ser famoso y tener un Jenga. “El juguete se lo regalamos; en cuanto a lo otro, no sabíamos cómo hacerlo. Grabamos con él un video de una canción para sensibilizar a la gente sobre la situación de los niños con cáncer. Un día fuimos a darle la noticia de que lo íbamos a llevar a Cancún, llegamos con la canción a todo volumen, y él comenzó a decir a sus compañeros: ‘Es mi video. ¡Soy famoso!’. Su salud mejoró milagrosamente”.
Aquí podrás acceder a noticias en tiempo real
Conoce lo más viral en Facebook Trending
Lee a los columnistas de Excélsior Opinión
clm
EL EDITOR RECOMIENDA



