La batalla de Esperanza; el principio del fin
A finales de enero de 1924 se efectuó un combate crucial en los límites de Puebla y Veracruz en el que los obregonistas se alzaron con la victoria, mientras el movimiento insurrecto cada vez perdía más fuerza

Tras casi un mes de haber estallado la rebelión delahuertista, la pelea por Michoacán seguía inclinándose en favor del ejército federal. En Hidalgo, Jalisco, Tamaulipas y algunas regiones del norte del país continuaba las disputas.
Otros estados como Puebla también estaban prácticamente en la bolsa de los obregonistas, quienes intentaban avanzar hacia el Puerto de Veracruz. Para lograrlo tuvieron que enfrentar un férreo combate contra los sublevados en la estación ferroviaria Esperanza, ubicada en los límites entre territorio poblano y veracruzano.
VICTORIA DECISIVA
El enfrentamiento conocido como la Batalla de Esperanza se libró entre las fuerzas del general rebelde, Guadalupe Sánchez, y la ofensiva militar del general obregonista, Eugenio Martínez. La disputa es considerada una de las más sangrientas de la revuelta.
Mientras los sublevados esperaban el ataque en su contra en la referida estación, los federales dieron un violento golpe al embestir a sus enemigos por diferentes flancos desde las estaciones aledañas hasta llegar a Esperanza donde los rebeldes terminaron por retroceder.

El saldo fue de más de 2 mil bajas para las tropas sanchistas, además, fueron decomisados trenes y una fuerte cantidad de armamento. La contundente victoria de los federales les abrió el camino para llegar al puerto, y con ello tomar el estado. Por su parte, los delahuertistas sufrieron un duro revés para su movimiento, con lo que, el general Sánchez se retiró hacia Córdoba desde donde planeaba resistir los avances de los obregonistas.
El 29 de enero de 1924, Excélsior dio a conocer en su primera plana la toma de Esperanza como resultado de una serie de choques desde varios kilómetros a la redonda.
El divisionario Eugenio Martínez, jefe de columna que vino sosteniendo varios combates, dice que esta es la acción de guerra más grande en que se ha encontrado”, puede leerse en los registros históricos de El Periódico de la Vida Nacional.
El triunfo fue catalogado como uno de los más importantes de los últimos años, tan solo comparable con la Batalla de Celaya de 1915 en la que el general Obregón arrasó contra las tropas villistas en plena lucha armada revolucionaria.
EL OTRO CAMPO DE BATALLA
Mientras la guerra de rebelión se desarrollaba, la actividad de captación de armamento para ambos bandos se convertía en un tema crucial. Por su parte, luego de haber obtenido el reconocimiento de Estados Unidos a su gobierno, el presidente Álvaro Obregón logró hacerse de importantes cargamentos de armas a favor del ejército federal.
Municiones, metralletas, buques de guerra y hasta aeronaves, fueron parte del equipamiento adquirido por el régimen obregonista para combatir a los rebeldes. La reanudación de las relaciones diplomáticas de México con las autoridades estadunidenses obligó a Obregón a mantener la estabilidad política a lo largo del territorio nacional y, con ello, refrendar el respaldo otorgado por la Casa Blanca a la candidatura presidencial de Plutarco Elías Calles.
Por su parte, los sublevados tuvieron complicaciones al conseguir parque; una problemática presente a lo largo de la lucha armada. Se recibieron órdenes directas desde Washington de no enviar armas y municiones a los rebeldes, situación que llevó a los adolfistas a perder las plazas más importantes propiciando un marcado
declive en el movimiento durante enero y principios de febrero de 1924.
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