Tenemos una juventud desencantada, la generación del YOLO: Expertos de la UP

Investigadores de la Universidad Panamericana reflexionaron en torno al concepto de esperanza y su papel en la sociedad contemporánea, particularmente entre los jóvenes.

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Educar en la esperanza no solo es posible, sino necesario para construir una sociedad más resiliente y con sentido.

En un mundo marcado por la incertidumbre y el pesimismo, "educar en la esperanza" emerge como un tema crucial en la sociedad actual. Este fue el eje central del segundo episodio del podcast Diálogos con Visión Panamericana, conducido por José Antonio Lozano Díez, profesor investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana.

Durante el programa, el Dr. Alejandro Sada (especialista en la intersección de filosofía y teología, particularmente en los pensamientos de John Henry Newman y Joseph Ratzinger) y la Dra. Isabel Gamboa (filósofa experta en ética y virtudes, enfocada en las relaciones, el sentido de la vida y las virtudes), ambos profesores investigadores del Instituto de Humanidades de la Universidad Panamericana, reflexionaron sobre la importancia de cultivar la esperanza como virtud esencial para enfrentar los desafíos del presente.

La conversación inició con una afirmación contundente: la esperanza, especialmente entre los jóvenes, parece debilitada en un entorno cultural que prioriza el placer inmediato y evita compromisos a largo plazo. Según Isabel Gamboa, la esperanza se distingue del optimismo, pues la primera está arraigada en la acción en medio de las dificultades; mientras el optimismo es una creencia simplista de que las cosas mejorarán sin esfuerzo: “La esperanza es la expectativa de un bien futuro alcanzable, pero que requiere esfuerzo. Es un camino con sentido”, destacó.

LA CRISIS DE LA ESPERANZA

Sada opina que los jóvenes enfrentan un gran miedo al futuro y están adoptando cada vez más una mentalidad de “YOLO” (You Only Live Once), enfocándose en la gratificación instantánea en lugar de aspiraciones a largo plazo:

“Vivimos en una generación que se siente cansada, agotada. Ha disminuido el horizonte de futuro, los jóvenes ya no quieren proyectar su vida hacia adelante, buscan más bien sacarle el jugo que puedan al presente. Entonces usan frases como YOLO, es decir, “solo se vive una vez”, cuyo significado de fondo es: despreocúpate, porque el futuro es tan incierto y ambiguo que lo que conviene es simplemente distraernos y divertirnos hoy… ya luego veremos, mañana será otro día”, explica el investigador.

Para el investigador, la cultura actual invita a resignarse ante la adversidad o a buscar refugio en un estoicismo que anestesia tanto el dolor como la alegría.

EL ROL DE LA EDUCACIÓN

Ambos expertos coincidieron en que la educación tiene un papel esencial para revertir esta tendencia. Gamboa subrayó la importancia de fomentar la reflexión en el aula, alentando a los estudiantes a preguntarse sobre el propósito de su vida y el significado de sus acciones. "Hacer estas preguntas en tiempos de calma puede evitar crisis futuras", explicó.

Además, la experiencia vivencial también es clave. En la Universidad Panamericana, iniciativas como las labores sociales exponen a los estudiantes a realidades más amplias, ayudándoles a reconocer el sufrimiento de los demás y la importancia de contribuir al bienestar común.

LA TRAMPA DEL INDIVIDUALISMO

Sada profundizó en cómo las filosofías modernas han contribuido al aislamiento personal: “La cultura actual promueve una independencia mal entendida, donde las relaciones se ven como medios para un fin. Sin embargo, el ser humano encuentra su sentido en el amor relacional, en vivir para otros y con otros”, afirmó. Para él, la esperanza implica un acto de apertura y confianza en vínculos que van más allá de lo individual. Sada subrayó que la esperanza debe basarse en “cimientos sólidos” que trasciendan las promesas vacías de la modernidad. Esto incluye superar la obsesión por el poder, el placer y el dinero, pilares que han dejado un vacío en las generaciones recientes.

REFLEXIÓN OBLIGADA

El diálogo concluyó con una llamada a educadores, padres y jóvenes a replantear su enfoque sobre la esperanza y el sentido de la vida. En un contexto de desencanto social, la esperanza no es una solución mágica, sino una virtud que se cultiva con esfuerzo, sacrificio y propósito: el antídoto contra la desesperación y el camino hacia la plenitud auténtica.

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