Julio Scherer “a veces era dinamita”
Federico Reyes Heroles evoca al hombre visceral detrás de las ocho columnas. Desde el trauma por la pérdida del patrimonio familiar hasta su relación con el poder, comparte su imagen del periodista que se ausentaba del nacimiento de sus hijos por vigilar la primera plana

De personalidad compleja, poseedor de un carácter duro debido a las experiencias dolorosas que tuvo con el patrimonio familiar, comunicador apasionado y riguroso, artífice de una intensa relación con el poder. “Era un hombre complicado y difícil, visceral. A veces era dinamita”.
Así era el periodista y escritor mexicano Julio Scherer García (1926-2015), cuyo centenario de natalicio se conmemora hoy 7 de abril.
Su vida personal y privada, sus amigos, estaban por debajo de lo que para él era el periodismo”, afirma en entrevista Federico Reyes Heroles.
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El escritor y politólogo, quien convivió intensamente con Scherer, evoca el “tropiezo familiar patrimonial serio” que caló hondo en quien dirigió el periódico Excélsior de 1968 a 1976.
Su padre fue dueño de una Casa de Bolsa que quebró. Y, entonces, tuvieron que subastar los bienes muebles de la casa. Fue doloroso, porque su casa se convirtió en el bazar del sábado”.
El novelista y ensayista recuerda la ocasión en que Scherer García entró a la biblioteca de su padre, Jesús Reyes Heroles (1921-1985), acompañado por él, y se quedó “pasmado” cuando vio un cuerno con montadura de plata que había pertenecido a su familia y había sido rematado.
Yo llevaba el café a la biblioteca y vi cómo le afectó ver ese objeto. Mi padre, que lo había adquirido, tomó el cuerno y trató de dárselo. Pero Scherer García dijo enérgico: “¡No, no, no!”. Eso evidenció que el tropiezo patrimonial del padre fue serio”, explica el colaborador de El Periódico de la Vida Nacional.
Cuando murió mi padre, confesé a mi madre y a mi hermano Jesús que yo no podía ver ese cuerno sin acordarme que era de Julio. Así que fui a verlo a la revista Proceso. Entré a su oficina y, en lo que él le daba la vuelta al escritorio, le puse el cuerno en la mesa. Le dije: ‘Mi madre, Jesús y yo hemos decidido que esto te pertenece’, relató Reyes Heroles.
Entonces entró en un estado medio de parálisis y salió; le dijo a su secretaria que regresaría pronto. Llevaba los ojos llorosos. Esa herida estuvo presente en él mucho tiempo. Se quedó el cuerno. No sé cuál haya sido su destino”, narra.
El autor de Ante los ojos de Desirée añade que don Julio “tenía una tensión estructural entre su cristianismo y su posición de izquierda.
En una ocasión me platicó que no había asistido a ninguno de los nacimientos de sus hijos. Lo decía con tristeza, pero aclaraba: ‘¡Tenía que estar al frente del periódico, tenía que ver las ocho columnas!’. Para él, lo primero era llevar la nota”.
Su relación con el poder era de una intensidad difícil de conllevar. Una vez íbamos a cenar a Los Guajolotes, él, mi esposa Beatriz y yo. Estábamos platicando y nos jalaba del brazo o golpeaba alrededor de lo que estábamos comiendo”, agrega.
Ese rigor y pasión lo hacían un personaje complicado y difícil. Me tocó ver una discusión con un intelectual. Hubo una explosión en esa mesa. Eso también era Scherer, a veces era dinamita, lo cual hizo que mucha gente dejara de buscarlo”, añade Reyes Heroles.
Federico aclara que guarda recuerdos muy gratos de Julio y de ese periodismo tan intenso que hacía.