Histórico 1968: Díaz Ordaz perfilaba su lugar en la historia

Al presidente de México no le interesaba que lo vieran como “accesible y generoso”; se inclinó por hacer respetar la organización política, económica y social, “la vida misma de México”, dijo en su IV informe de gobierno, e inmortalizó la frase: “hemos sido tolerantes hasta excesos criticados”

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El presidente elogió al Ejército —que desde el 29 de julio había hecho acto de presencia en el conflicto estudiantil— y subrayó que cuando actua es para salvaguardar la tranquilidad, no para oprimir al pueblo. Sobre la policía, el titular del Ejecutivo Federal, dijo: “Debe intervenir en todos los casos en que sea absolutamente necesario; con prudencia sí, pero con la debida energía. Las autoridades, siempre que sea necesario, la harán intervenir”. Fotos: Archivo Histórico Excélsior

CIUDAD DE MÉXICO.

Los estudiantes cumplieron. El presidente Gustavo Díaz Ordaz dio su IV Informe de Gobierno en absoluta tranquilidad. Desde la Cámara de Diputados el discurso del mandatario fue enérgico, directo.

En el ejemplar de Excélsior del 2 de septiembre de 1968 quedó registrado un fragmento del discurso presidencial que da luces sobre la decisión de Díaz Ordaz de haber ordenado que el Ejército interviniera en el conflicto estudiantil, a partir del 29 de julio anterior  y el desenlace del 2 de octubre de hace 50 años.

La declaración presidencial del 1 de septiembre de 1968, pronunciada un año antes,  al asumir la responsabilidad de lo ocurrido en la Plaza de la Tres Culturas, cuando dijo “Por mi parte, asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política e histórica, por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado”, fue la siguiente:

 En la alternativa de escoger el respeto a los principios esenciales en que se sustenta toda nuestra organización política, económica y social, es decir: la estructura permanente, la vida misma de México, por un lado y, por otro, las conveniencias transitorias de aparecer personalmente accesible y generoso, la decisión no admite duda alguna y está tomada: defenderé esos principios y arrastro las consecuencias”.

Antes, sobre el Movimiento Estudiantil —que comenzó el 23 de julio de 1968—, Díaz Ordaz dijo que había posibilidades de entablar un diálogo verdadero con los estudiantes. “Doy los primeros pasos. La puerta está abierta”. Pero advirtió: “El orden jurídico no es una simple teoría ni un capricho; es una necesidad colectiva vital; sin él no puede existir una sociedad organizada”.

Ante el pleno del Congreso de la Unión, Díaz Ordaz propuso que se pusiera a debate la derogación del artículo 145 del Código Penal, relacionado con el delito de disolución social. Uno de los seis puntos del pliego petitorio de los estudiantes.

En la edición de Excélsior de hoy hace 50 años, la información sobre el informe presidencial señala que para el Presidente, en el conflicto estudiantil “se ha llegado ya al libertinaje en el uso de todos los medios de expresión y difusión; se ha disfrutado de amplísimas libertades y garantías para hacer manifestaciones, ordenadas en ciertos aspectos, pero contrarias al texto expreso del artículo 9 constitucional; hemos sido tolerantes hasta excesos criticados.

Pero tiene su límite y no podemos permitir ya que se siga quebrantando irresponsablemente el orden jurídico, como a los ojos de todo mundo ha venido sucediendo; tenemos la ineludible obligación de impedir la destrucción de las fórmulas esenciales, a cuyo amparo convivimos y progresamos”.

El lunes 2 de septiembre, Excélsior publicó la información relativa al informe, que se conocía coloquialmente como el día del presidente. Ángel Trinidad Ferreira escribió la nota donde resalta que la concurrencia en el recinto legislativo le aplaudió 90 veces a Díaz Ordaz, de las cuales 17 fueron de pie y que la última ovación duró cerca de tres minutos.

El presidente elogió al Ejército —que desde el 29 de julio había hecho acto de presencia en el conflicto estudiantil— y subrayó que cuando interviene es para salvaguardar la tranquilidad, no para oprimir al pueblo. Sobre la policía, el titular del Ejecutivo Federal, dijo: “Debe intervenir en todos los casos en que sea absolutamente necesario; con prudencia sí, pero con la debida energía. Las autoridades, siempre que sea necesario, la harán intervenir”.

El informe presidencial comenzó  a las 11 de la mañana y terminó después de las tres de la tarde. En una parte de su discurso, Díaz Ordaz habló de la urgencia de una reforma educativa, aludiendo que en este mundo donde la filosofía y la política caminan rezagadas respecto de la ciencia y la tecnología, en un mundo donde “nos hemos preocupado demasiado por instruir y hemos descuidado el enseñar.

Desde esta elevada tribuna de la nación, en esta hora solemne, convoco a los mexicanos a la más noble de la misiones: la de buscar y encontrar las rutas que han de recorrer nuestros hijos; rutas que los conduzcan a metas ciertas y valiosas”.

La nota de Ángel Trinidad Ferreira dice que al referirse a los desajustes que han demostrado algunos grupos juveniles, Díaz Ordaz dijo esta frase:

¡Qué grave daño están haciendo los modernos filósofos de la destrucción, que están en contra de todo y a favor de nada”.

Aunque ya había sido reiterada, al menos tres veces, la determinación del Consejo Nacional de Huelga (CNH) de no interferir en la celebración de los Juegos Olímpicos, que desde los primeros días del conflicto, el general Luis Cueto Ramírez, había advertido eran el blanco de los estudiantes, Díaz Ordaz dijo en su informe de hace 50 años:

Tenemos confianza en que no se logrará impedir la realización de los eventos deportivos en puerta; cuando más se conseguiría restarles lucimiento. Nuestra confianza no sólo se funda en la decisión de hacer uso de todos los medios legales a nuestro alcance, para mantener el orden y la tranquilidad internos a fin de que los nacionales y los visitantes tengan todas las garantías necesarias, sino también, y fundamentalmente, en que habrá repulsa tan generalizada, tan llena de indignación en millones de mexicanos, que nos parece imposible que un reducido grupo pueda alcanzar sus propósitos”.

A la salida del recinto legislativo, en aquella época en Donceles, donde actualmente opera el Congreso de la Ciudad de México, el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra y el director del Instituto Politécnico Nacional, Guillermo Massieu ofrecieron sus puntos de vista sobre el discurso presidencial, relacionado con el conflicto estudiantil.

Barros Sierra, se lee en la nota periodística, afirmó que estaba abierto el camino para resolver el problema y que tenía confianza de una pronta resolución. El rector dijo que la propuesta presidencial para abrir un debate sobre el 145 del Código Penal era la vía indicada.

Por su parte, Massieu reaccionó a la propuesta presidencial sobre la eventual autonomía para el Poli. Dijo que el IPN podría funcionar mejor si se descentraliza la administración de este instituto.

En otra entrevista obtenida a la salida de la Cámara de Diputados, Ifigenia Martínez, entonces directora de la Escuela Nacional de Economía y que en 1986 junto con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, fue pieza clave para la conformación de la Corriente Crítica del PRI y que rompió con ese partido para fundar el PRD y actualmente es parte de Morena, que este año ganó las elecciones presidenciales con Andrés Manuel López Obrador, aseguró que el mensaje le habían parecido justo y que daba margen para un arreglo que satisficiera a los estudiantes que había manifestado su protesta en forma pacífica.

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Secretarios de Estado y funcionarios aplaudieron, complacidos, al presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien dio un discurso en la Cámara de Diputados.

La información del 2 de septiembre de hace medio siglo dice que Ifigenia Martínez contó a la prensa lo que el Presidente le dijo cuando ella se acercó a saludarlo y le comentó al Jefe del Ejecutivo que los manifestantes de buena fe obtuviesen una solución decorosa, a lo que Díaz Ordaz le dijo que tiene que ser decorosa, porque estaba dispuesto a ello.

En el contexto del informe presidencial del domingo 1 de septiembre de 1968, se registró la detención de once estudiantes de Chapingo, supuestamente por escandalizar a bordo de un autobús.

La información publicada en Excélsior refiere que los estudiantes fueron arrestados cuando repartían volantes con información de su movimiento en la Calzada Ermita Iztapalapa y Calzada del Moral.

La información proporcionada por las autoridades policiacas señalaba que, al ser detenidos por una patrulla de la Dirección de Tránsito, los estudiantes descendieron del autobús armados con varillas y palos y trataron de agredir a los oficiales.

Una vez que los estudiantes fueron sometidos por los oficiales, sigue el informe proporcionado por la dependencia policial, éstos revisaron el autobús y encontraron propaganda subversiva. Los once detenidos en ese acto fueron: Huesman Herrera Huerta, Rafael Ávila Roldán, Carlos Apolinar Villaseñor, Francisco Ireta Ojeda, Felipe Jiménez Nolasco, Salvador Ibarra Santana, Jorge Gándara Berumen, Antonio Leo Rodríguez, Leonel Campos Obregón, Pedro Rafael Guzmán y Miguel Salazar Pérez.

cva