La historia de Mateo, el joven con condición de autismo que renunció a la UNAM

Tras obtener 107 aciertos y mudarse al Estado de México para estudiar Matemáticas, la reasignación del examen de control asignó a Mateo una sede a más de 2,000 kilómetros de distancia

La UNAM atiende solicitudes de revisión presentadas por aspirantes no seleccionados, así como los casos de quienes tuvieron cancelada su participación durante el examen en línea.
A partir del 12 de agosto y hasta el 19 del mismo mes, la UNAM realizará el examen de control para aspirantes a licenciatura.Foto: Cuartoscuro

Cuando Mateo subió al autobús para regresar a Ciudad Obregón, Sonora, llevaba consigo mucho menos de lo que había traído al centro del país. No solo porque buena parte del dinero se había terminado, sino también porque atrás quedaban el pequeño cuarto que había rentado en el Estado de México, las maletas que apenas había comenzado a acomodar y el proyecto de vida que había empezado a construir después de recibir una noticia que esperaba desde hacía años: había sido aceptado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Mateo es un joven con condición de autismo. Terminó la preparatoria con promedio perfecto en un Colegio de Bachilleres y su generación llevó su nombre. Desde el tercer semestre de bachillerato había decidido que quería convertirse en matemático; investigó universidades, comparó carreras y comenzó a prepararse para el examen de ingreso a la UNAM con el respaldo de sus profesores y su familia.

El día de la prueba en línea convirtió su habitación en una zona de concentración: pidió que se llevaran al perro, eliminó cualquier ruido que pudiera distraerlo y comenzó a contestar. Cuando terminó, estaba convencido de su desempeño y los resultados le dieron la razón: 107 aciertos. Había sido seleccionado para estudiar Matemáticas y Computación, la carrera que había elegido.

Entonces comenzó el siguiente reto: llegar hasta la Universidad. Mateo había ahorrado parte del dinero de una beca de discapacidad y con esos recursos pagó los gastos de su traslado. Viajó desde Ciudad Obregón acompañado por su madre, mientras su padre se quedó en Sonora para continuar trabajando y ayudar a sostener los gastos familiares.

En el Estado de México encontraron un pequeño cuarto que se ajustaba a su presupuesto. Por primera vez, el sueño parecía estar al alcance, hasta que la crisis del examen de ingreso cambió nuevamente los planes: la UNAM anunció que los aspirantes tendrían que presentar un Examen de Control Presencial.

La barrera geográfica

Mateo no protestó. Según cuenta su madre, estaba dispuesto a repetir la prueba y confiaba en que volvería a obtener un resultado suficiente.

“Seguro lo vuelvo a pasar sin problemas”, le dijo.

Pero el problema no terminó siendo el examen. Fue la sede.

Cuando la Dirección General de Administración Escolar (DGAE) asignó los lugares para presentar la prueba de acuerdo con el estado de procedencia del bachillerato, a Mateo le correspondió Tijuana, Baja California.

Para entonces, él ya no estaba en Sonora, sino en el Estado de México. La familia había utilizado buena parte de sus ahorros para trasladarse y comenzar a instalarse. Volver al norte significaba pagar el traslado hasta Tijuana, conseguir dónde quedarse y después regresar al centro del país.

Su madre calcula que un vuelo comprado de último momento podía costar alrededor de 10 mil pesos, un dinero que ya no tenían.

Así que madre e hijo fueron a la Universidad a buscar una solución.

Entregaron una solicitud para pedir un cambio de sede y una carta escrita a mano por Mateo. La petición era concreta: quería presentar el mismo examen, pero en la Ciudad de México.

No pedía conservar sus 107 aciertos ni que lo exentaran; pedía cambiar de sede.

Lo único que solicito es cambio de sede, no estoy pidiendo nada extraordinario, no me estoy negando a hacer el examen”, escribió el joven.

La negativa y el retorno

Durante la gestión, su madre informó también sobre el diagnóstico de autismo de Mateo y entregó documentación médica oficial. Según el relato que compartió, ya en el autobús rumbo a Obregón, personal universitario le informó que su situación sería tomada en cuenta y que posteriormente recibiría una resolución.

La respuesta llegó el viernes: la solicitud de cambio de sede no procedió y Tijuana seguía siendo el lugar donde Mateo tendría que presentar el examen.

La madre calcula que llegó con alrededor de 25 mil pesos y que ahora regresaba con aproximadamente 6 mil.

Los recursos se habían utilizado en traslados, alojamiento y los gastos necesarios para comenzar la vida universitaria. Ya no había dinero para otro viaje al norte y mucho menos para regresar después.

Así que compraron boletos de autobús para un trayecto de regreso a Sonora de aproximadamente 24 horas.

Al contar cómo tomaron la decisión de regresar, la voz de la madre se entrecorta. Hace una pausa y continúa. Mateo estaba decepcionado: había trabajado durante años para llegar a la Universidad, había obtenido 107 aciertos y había sido seleccionado para estudiar la carrera que quería, pero ahora tendría que regresar sin siquiera haber comenzado las clases.

"La escuela no me merece a mí"

Antes de hablar con Excélsior, la madre de Mateo había compartido parte de su caso en redes sociales como una forma de desahogarse. La publicación comenzó a recibir mensajes de personas que ofrecían ayudar económicamente a la familia, pero Mateo rechazó las donaciones.

“Lo que logremos va a ser por nuestro esfuerzo”, le dijo a su madre.

La decisión de regresar a Sonora estaba tomada. Buscarían una universidad donde pudiera estudiar Matemáticas y comenzar de nuevo.

Antes de subir al autobús, Mateo resumió lo que sentía con una frase que su madre no olvidará:

“No soy yo quien no merece a la escuela; la escuela es la que no me merece a mí”.

El autobús arrancó el sábado a las 8 de la mañana. Atrás quedaron el cuarto que habían rentado, los planes para comenzar la carrera y la Universidad a la que Mateo había llegado después de años de preparación.

El sueño de ser matemático sigue intacto. Lo que cambió fue el lugar donde tendrá que cumplirlo.

La UNAM puede contactar a Excélsior

La identidad y los datos de contacto de Mateo y su familia se mantienen bajo reserva a petición de ellos.

Si la Universidad Nacional Autónoma de México desea aportar información, aclarar algún punto sobre el caso o establecer contacto con la familia, puede hacerlo a través de la subdirectora editorial Fabiola Guarneros, al correo fabiola.guarneros@gimm.com.mx o fabiguarneros@hotmail.com

La familia no está solicitando donaciones económicas.