Pan con helado y memoria colectiva: así se vive la Feria Santa Inés en Zacatelco

La feria patronal de Zacatelco combina fe, gastronomía y espectáculos, y se consolida como uno de los encuentros culturales más relevantes de Tlaxcala

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La rueda de la fortuna y los juegos mecánicos se iluminan al atardecer durante los últimos días de la Feria Santa Inés en Zacatelco, Tlaxcala.Cuartoscuro / Alaín Hernández

La ciudad de Zacatelco, ubicada en el sur del estado de Tlaxcala y conocida como el Corazón del Sur, atraviesa uno de los momentos más significativos de su calendario anual con la celebración de la Feria Santa Inés, inaugurada el pasado 21 de enero y concluida oficialmente el 2 de febrero de 2026. La feria patronal, la más emblemática del municipio, articula actos de fe, tradición popular, música, gastronomía y espectáculos públicos, lo que la coloca entre las festividades más relevantes de la vida cultural tlaxcalteca.

Una fotografía difundida este día por la agencia Cuartoscuro captura una escena registrada durante los últimos días del festejo: el cielo, teñido de tonos rojos y naranjas al caer la tarde, enmarca la silueta de los volcanes en el horizonte, mientras en primer plano la rueda de la fortuna y los juegos mecánicos comienzan a iluminarse ante la mirada de los visitantes. La imagen se ha convertido en una postal de temporada y en testimonio visual de la vitalidad popular que caracteriza a la feria. 

Raíces religiosas y tradición comunitaria

La Feria Santa Inés no se limita a un conjunto de atracciones lúdicas. Su origen se remonta a la devoción por Inés de Roma, patrona de Zacatelco desde la época colonial, cuya festividad —trasladada al 21 de enero— da nombre y sentido a la celebración. Durante casi dos semanas se desarrollan actividades religiosas, desfiles, concursos, encuentros deportivos y presentaciones artísticas que buscan honrar tanto la fe como la identidad comunitaria. 

Gastronomía como patrimonio vivo

Entre los elementos culturales que distinguen a esta feria destaca la gastronomía tradicional, en particular un postre que ha trascendido el ámbito festivo para convertirse en emblema local: el pan con helado. Elaborado a partir de pan de fiesta artesanal y crema helada, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de Zacatelco por el Congreso del Estado de Tlaxcala en 2020, reconocimiento que subraya su valor como práctica asociada a la memoria colectiva y al ritual comunitario.

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Cuartoscuro / Alaín Hernández

Durante la feria, decenas de puestos instalados en la explanada y calles aledañas ofrecen no solo pan con helado, sino también mole, tamales, antojitos y bebidas tradicionales como la de cacao, conformando una experiencia gastronómica que da cuenta de la riqueza de la cocina popular tlaxcalteca. 

El espacio público como punto de encuentro

La afluencia de visitantes transforma por completo el espacio urbano. Familias, grupos de jóvenes y personas adultas mayores recorren los pasillos, se detienen en los juegos mecánicos, asisten al teatro del pueblo y participan de espectáculos musicales que, noche tras noche, convocan a la comunidad frente al escenario principal. El evento funciona además como punto de encuentro regional, con la presencia de agrupaciones musicales de distintos géneros y visitantes provenientes de municipios cercanos.

La imagen de la feria al atardecer revela un contraste simbólico que ha llamado la atención de observadores culturales: la estructura metálica e iluminada de la rueda de la fortuna frente al perfil sereno de los volcanes. La escena conjuga el espíritu lúdico del entretenimiento popular con la permanencia del paisaje natural, presente desde antes de la fundación del municipio, y sugiere una tensión visual entre modernidad y memoria.

Especialistas en cultura popular han señalado que ferias patronales como la de Zacatelco operan como mecanismos de cohesión social, al entrelazar lo religioso y lo festivo en un mismo rito colectivo y facilitar la transmisión intergeneracional de saberes culinarios, rituales y lúdicos.

Este año, varios asistentes coincidieron en que recorrer la feria al caer la tarde —entre luces, aromas de comida tradicional y el murmullo constante de la multitud— activa una memoria afectiva ligada a historias familiares y comunitarias.

Al concluir la edición 2026, la explanada y las calles que albergaron la feria quedan como huella de un encuentro social que se renueva año con año y reafirma la vigencia de las fiestas patronales como espacios de celebración, identidad y diálogo intergeneracional. Con la mirada puesta en la próxima edición, la Feria Santa Inés mantiene su lugar en el imaginario cultural de Tlaxcala, preservando tradiciones centenarias mientras dialoga con los desafíos del presente.

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