El Excélsior de Scherer

Mi amistad con Julio Scherer fue un fruto de la solidaridad y enfrentada al poder. Una amistad hecha de dolores compartidos y clara franqueza. Una amistad por encima de la política.

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El periodista saluda en un acto a Gustavo Díaz Ordaz.Archivo Histórico Excélsior

POR: ENRIQUE KRAUZE

En un acto de justicia poética, 50 años después del golpe de Luis Echeverría a Excélsior, y coincidiendo con el centenario de su natalicio, el mismo diario rinde homenaje a su gran director Julio Scherer García. Enhorabuena.

En el periodismo, igual que en la política y en la vida, la legitimidad es un valor insustituible. Después haber sido, en diversas etapas, uno de los grandes periódicos de México, bajo la dirección de Scherer García, Excélsior alcanzó una cumbre: fue una voz de plena independencia en el ambiente enardecido de los 60 y 70.

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Después del golpe y por varias décadas, Excélsior se convirtió en un periódico espurio, porque los lectores sabíamos que había nacido de la connivencia del poder con periodistas embusteros y venales. Podía circular día a día y, hasta tener anuncios, pero nadie podía quitarle la mancha de la traición. Era una especie de Victoriano Huerta del periodismo.

Excélsior ha recobrado la legitimidad. Y honrosamente, dirigido por Pascal Beltrán del Río (discípulo directo de Scherer García), ofrece a sus lectores un amplio suplemento de Excélsior de Julio Scherer García. Gran acierto. Pero hay que hacer más: una historia integral y moderna. Una gran antología con los mejores artículos, reportajes, entrevistas, portadas, cartones. Los perfiles de los colaboradores.

Podría evocarse a los columnistas deportivos (el inolvidable Manuel Seyde) y la memorable sección cultural dirigida por José Emilio Pacheco. Podría recrearse la amistad de Scherer con Octavio Paz y la historia de la revista Plural, que Julio Scherer García acogió, alentó y respetó.

Y algo igualmente valioso: la vida a ras de piso, en los talleres, la de los obreros y los empleados. No detenerse en los aspectos mezquinos. Recordar lo constructivo. Aún quedan testigos que pueden evocar esos tiempos.

Mi amistad con Julio Scherer García nació a partir del golpe. Pero lo conocí antes, una mañana de abril de 1976 en la gran oficina de Excélsior, en Paseo de la Reforma. Quiero pensar que fue hace exactamente 50 años, el día en que él cumplía 50 años. Yo escribía reseñas para Plural y le llevaba mi primer libro Caudillos culturales en la Revolución Mexicana.

De ese día, sólo recuerdo que me abrió los brazos como si me conociera desde siempre, y comenzó hablándome de usted. Así fue por algún tiempo, “don Julio y don Enrique”.

La amistad perduró a lo largo de cuatro décadas. Una amistad fruto de la solidaridad y enfrentada al poder. Una amistad hecha de dolores compartidos y clara franqueza. Una amistad por encima de la política.

Piensa en lo que nos une, no en lo que nos separa”, me dijo la última vez. Así lo pienso y así lo siento, ahora y siempre.